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ENTRETENIMIENTOS
POÉTICOS
DEL
P. F. MANUEL NAVARRETE,
Virginlbus, puerisque canto,
IIOR. LIB. 3°. ODA l\
TOMO PRIMERO.
MÉXICO,
•••••
Imprenta de Valdés,
# 1823, ♦
Fr, ■ man ü e l .n yss \ r^RE¥£j,:
i 'i I', .I!;!.'
■: ^-.v .jttdc f^a.
III.
AL PÚBLICO.
,/jL í/, ilustrado público^ á
ti dedico esta primera edi"
don de los entretenimien-
tos POÉTICOS del Cisne Ame-
ricano FR. MANUEL NAFAR-
RETE.
Me hubiera sido fácil
elegir para Mecenas algún
IV.
sugeto distinguido; pero ¿por
qué habia de brindar á otro
finezas que tú solo me debes^l
Para tí únicamente he tra-
bajado: Tu instrucción y tu
deleite fueron el objeto que
me propuse en esta empj^esa:
Tú eres quien me ha de a-
gradecer este servicio: Tú
quien ha de leer esta obri-
ta: Y tú, en fn, quien ha
de dispensarle la protección
que para ella solicito^ que
V.
es, el conocer su valor, y
celebrarla con juicio y o-
portunidad.
Altamente convencido
de estos principios, ni un
momento he dudado el con-*
sagrarte este trabajo', y ten-
go la gloria de poder asegu-
rar, que te presento na-
da menos que un monu-
mento preciosísimo, que a-
testiguará en todo tiempo,
que la patria dichosa que
VI.
contó entre sus hijos á tan
insigne poeta, no tiene que
envidiar en el arte de A-
polo, ni al siglo de oro de
la sabia Roma-, ni á los
antiguos primores de la
docta Grecia-, ni á las mo^
demás producciones de la
culta Europa. ¡Digno elogio,
que dictó la verdad, pro- '
nuncia la justicia, j jamás
osará desmentir la emulco-
cionl
VIL
Y^como me podré figu-
rar que no merecerá tu a-
grado la publicación de
esta ohrita^ cuando ella va
á enriquecer tanto al teso-
7^0 de la bella literatura?
¿Qué espectáculo podrá ha-
ber mas interesante á tus
ojos, que el presenciar co-
7no se va difundiendo en
este septentrión el benigno
resplandor de las laces, al
paso que se eleva por su
VIII.
horizonte el sol hermoso de
la libertad!
Acepta^ pues^ o pú-
blico, este sencillo obsequio
que gustoso te ofrece
El ciudadano
Alejandro Valdés.
IX.
DEL EDITOR.
ji engo la satisfacción de dar á lúe
LOS ENTRETENIMIENTOS POÉTICOS DEL R. P.
Fr. MANUEL NAVARRETE.
Me parece del todo inútil el em-
peñarme en demostrar el mérito de esta
obra, pues saliendo ella al publico no pre-
tendo usurpar al lector el derecho que
tiene para juzgar por sí mismo de las
X.
producciones agenas; del que ciertamen-
te usaría aun cuando yo tratara de pre-
venirlo con elogios que al fin no había
de creer sobre mi palabra. Bien segu-
ro estoy de que hallará en estas be-
llas producciones de un ingenio tan jus-
tamente celebrado, aquella dulzura sua-
ve y armoniosa, de que tanto se pa-
ga nuestro oido; aquellas imágenes
vivas y naturales, que parecen poner á
los objetos delante de los ojos; y so-
bre todo, aquella sensibilidad inesplica-
ble, que penetrando hasta el corazón
lo deja por algún tiempo profundamen-
te conmovido.
También tengo por escusado el re-
comendar la utilidad de esta edición:
bastará decir, que es la primera, y que
se hace después de catorce años de ha-
XL
ber muerto el autor. Todas aquellas poe-
sías de este, que se hallan en muchos
tomos de nuestros Diarios^ donde se in-
sertaron con intervalo de años entre las
primeras y las ultimas, se presentan
aquí bajo un solo punto de vista^ y co-
locadas en el orden que me pareció mas
oportuno. Igualmente salen muchas pie-
zas que jamás se hablan dado á la pren-
sa; pues he logrado tener á las manos
bastantes manuscritoSj y principalmente
una colección copiosa, escrita del mis-
mo puño de nuestro insigne poeta.
Hay en la obra algunas notas de
este, y otras que yo he agregado: las
primeras van designadas con una A. las
segundas con una E.
Deseoso de publicar, si me fuese
posible, cuantos versos produjo el mí-
XIL
raen fecundísimo de este célebre ameri-
cano, he trabajado con el mayor co-
nato á fin de conseguirlo. ¡Ojalá y a-
quellos que se hayan ocultado á mi di-
ligencia, ocupen su lugar algún dia en
una segunda edición!
ELOGIO
DE FR. MANUEL NAVARRETE.
POR
D. MARIANO BARAZABAL.
ó SEA
SUE^O MITOLÓGICO
DEL ARCADE ANFRISO.
Romance Endecasílabo.
Hijas de Jove, la eminente cumbre
Dejad del Pindó, y á la patria mia
Bajad, cual suele del hermano vuestro
La luz hermosa que al viviente anima.
Sí, divas musas, descended ufanas
Al suelo fausto do la vena rica
Nació del oro, por desgracia suya.
Pues la hizo blanco de la vil codicia
Que no de tal riqueza, ni de cuantas
Tiene por dote la morena ninfa
XIV.
Del vasto septentrión, que no vid Alcides,
Jacta soberbia ni presume altiva.
América blasona, sacras deas,
Y forma en ello toda su delicia,
O de que vos lacteis sus hijos caros,
O de ser de los vuestros la nodriza.
A vos toca elegir: no es fácil caso.
¡Oh! luego que sepáis la causa digna
Por qué os emplaza mi atrevido labio,
Disputareis á América la dicha.
Toda esta esclamacion me figuraba
El ensueño mas dulce de mi vida.
Que si fugado por la ebúrnea puerta; (i)
Pero no Fobetor (2) lo presidia.
Y es que una noche la pasé en mi lecho
Entregado á tan plácida vigilia,
Cual la de leer del Cisne Americano
La hechicera dulcísima poesia.
Morfeo envidioso se acerco invisible
Poco antes que la estrella matutina
Anuncie la alva: y esparcid el beleño,
Y de la flor de Adonis la semilla. (3}
XV.
Mas no bastando diligencia tanta
Las alas bate: mata la bujía:
Cierra mis ojos: y el melifluo poema
De mi ya floja mano se desliza.
Empero, no triunfaste, dios del sueño:
Si el cuerpo duerme, vela el alma mia;
Y en las alas del éstasi mas dulce
Mírale hablando con las musas mismas.
La ilusión sigue; yo me veo en la falda
Del Pindó sacro: Las supernas hijas
Del alto Jove con acento blando
Oigo que dicen: ^^Sube hasta la cima.
No temas; sube, Anfriso, que al Parnaso
Subir merece quien virtuoso aplica
El favor de las musas á su patria;
Y esto ha honrado la serie de tu vida. '*
Yo menos suficiente que alentado,
La senda estrecha que á la cumbre guia
Piso con luengos desiguales pasos,
Ya bien hollando flores d ya espinas.
Jamás me viera de la escelsa cumbre,
A no ser por milagro de las divas,
XVL
En do su celestial castalio coro
Tienen las nueve hermanas peregrinas.
Llego: Las miro: Y prosternado apenas
Me deja absorto la visión divina
Cuya pintura el estupor me veda^
Cual imposible á mi profana lira.
Decid vos lo que vi, Piérides almas,
O til, deifico sacro, tu lo digas:
Tií que presides á la par que al cielo
Del sacro monte la mansión elísea.
Mientra, solo diré, que interrogado
Por ¿cual es el asunto que motiva
Mi osada invocación? respondo firme:
5^ El almo NAVARRETE: Sus poesías.
¿De cual de vos es hijo predilecto,
Desea saber mi patria, santas divas?
Hoy que las prensas sudan con sus obras,
Y honrarse quiere la tipografía. "
Erato dice luego: !»r»mio es el lauro,
Que NAVARRETE solo amor respira;
Y en líricas bellezas basten solo
Las amorosas flores de Clorila. " (4)
XVII.
Sorprendida caliope dice: !>r> ¿como?
MANUEL cantó de amor; pero ¿te olvidas
De que á mi influjo le premió en su alcázar
Minerva docta las heroicas rimas? '^ (5)
Entonces dice clio: ^n perdona, hermana,
Que si en la historia la epopeya finca,
Yo, yo la madre soy del almo vate,
Por ese y otros poemas que no indicas.'^
n^Son sus versos retóricos, morales,
Y madre suya soy: '' dijo polimnia.
t') Mas bien lo fuera yo si aparecieran
Sus bellos dramas: '' (6) replicó talía*
EUTERPE con TERSÍCORE dispUta
De mil composiciones esquisitas
Lo discreto, lo fluido, lo gracioso,
En el idilio y sátira festiva.
Aquí la gemebunda melpomene
Un suspiro lanzando dice: ^r> amigas.
Repasad de MANUEL los Ratos tristes:' {^)
Las flébiles dolientes Elegías: (8)
Y sí no os deshacéis en dulce llanto
Confesándome luego enternecidas
II
XVIIL
Que yo la madre soy^ el Pindó dejo,
Y á morar voy en la hgum Estigia. *'
5^ Yo me subiré al cielo, grita urania,
Do el alma de PtíANÜEL estrellas pisa,
Si en el Pindó me niegan ser su madre,
Por sus Místicos poemas^ de justicia.
¿Quien canto la Divina Previdencia: (9)
El vate que entonó la pura, limpia^
Inmaculada concepción gloriosa
(Mitológicos venia ) de MARÍA, (ic)
Podrá dejar de ser hijo mimado
De m.usa celestial? ¡Quien lo imagina!
Y puesto que yo soy musa del cielo, ♦
Silencio, hermanas, que la gloria es miá. ^
La discusión se enciende entre las m.usas:
¡Qué de imágenes hallan peregrinas
En loor de NAVARRETE! ¡Qué de encomios!
jQué digna emulación! ¡Qué noble envidia!
Sí, mi querida, ¡mi adorada patria!
Yo empeñadas miré á las Nemosinas
Contender por ser madres del que hiciera
La lengua de los dioses mas pulida.
XIX
Pero, ¿qué es lo que miro! Cuando estaban
En mas calor, de Jiípiter las bijas,
Con nueva refulgente luz hermosa
La inaccesible cumbre se ilumina.
Una nube mas alba que la nieve
Que descansaba en la frondosa cima,
Descórrese cual velo en dos mitades,
Y al rubicundo apolo patentiza.
Sentado estaba en una silla de oro,
Tachonada de estrellas diamantinas:
El sEMi-Dios MANUEL al diestro lado
Y ai opuesto la AMERICA se vían.
!>r> Hermanas, dijo el dios, Piérides, basta.
Mi Hijo es este. Su madre esta Gran india,
Deidad del septentrión. El Amor su ayo.
Vosotras, claras musas, sus nodrizas
Eó aquel nuevo mundo se levanta
Otro nuevo Parnaso, y la justicia
Manda; que un nuevo apolo en NAVARRETE
Ocupe mi lugar, y le presida.
Decidle á ese atrevido anahuacense,
Ese que, cual mi rio, se denomina
XX.
Anfriso^ (i i) que en el Pindó no hay tiranos....
Y aplaudo su patriótica osadía.
Que á su patria se vuelva, proclamando
A este su compatriota y mi delicia;
No al Cisne Americano'^ al nuevo Apolo^
Y " ya despierto, y la ilusión termina.
(^l) Finge la fábula, que los sueños de cosas (jue
resultan verdadercS salen por una puerta ds
cuerno, y ios que solo son ilusiones de la
fantasía, por »na de ir.arfiu
(a) Dios que presidia los sueños funestos y espantosos.
(3) Muerto Adonis por un jabalí, fué convertido
en amapola, cuya semilla es la adormidera.
(^) Pág. 7. tom. I.
(5) P^S« 95' ^o^^' ^*
(<5) El autor át este elogio tiene noticia de que
el sabio Navarrete hizo piezas dramáticas*
(7) Pag. I ii. hasta la ^;^n tom. 2.
(8) Pág. 78. á la 91. tom. 2.
(9) Pag. 201. á la 220. tom. id.
(10) Pág. 2 2Í, á la 249. tom. id.
(n) Anfriso, rio de Tesalia en cuyas orillas vivió
Apolo, cuando desterrado del ciclo guardaba
como pastor los ganados ds Admeto.
XXI.
MEMORIA SUCINTA
de los principales sucesos
de la vida de
Fr. Manuel Navarrete^
con algunas reflexiones
sobre sus poesías.
ESCRITA
POR UN ÍNTIMO AMIGO SUYO.
E,
L R. P. Fr. jóse MANUEL
MARTÍNEZ DE NAVARRETE,
á quien generalmente solo se llama Fr.
Manuel Navarrete^ nació ' en la Villa de
ZAM0RA5 perteneciente al Obispado de Mi-
choacan. el día 18 de Junio del año de
1768. Fueron sus padres í). Juan Ma-^
ría Martínez de Nuvarrete^ y Doña Ma-^
ría Teresa Ovhoa y Abadiano^ ambos
naturales de la misma Villa, y perso-
nas de distinguida nobleza. No fué da-
do á nuestro poeta el gozar de las ter-
XXIL
nuras de un padre amante y bondado-
so, pues la muerte se lo robó á los
cuarenta dias de haber nacido. Pasó su
infancia en el lugar de su nacimiento,
y en él se le enseño á leer y escribir^
y se le dedico al estudio de la latini-
dad, bajo la dirección de su preceptor
D, Manuel Cuevas. Los progresos que
hizo, en el conocimiento del idioma, y
las ventajas con que escedid á sus con-
discípulos, fueron, digámoslo así, los pri-
meros vislumbres con que se anuncio es-
te futuro manantial de luz.
Por cierta decadencia de fortuna
que sobrevino á la familia, paso, sien-
do todavía pequeñito, á la ciudad de Mé-
xico, en compañia de su primo el Lie.
D. José Manuel Abadiano; con el fin
de destinarse allí en el comercio: y en
efecto fué admitido en una tienda situa-
da por el portal de la Diputación. No pue-
de caber duda de los conocimientos que
adquirid en aquel ejercicio, ni de la hon-
radez con que se manejo en él, pues
en el aflo de 1787 lo comisiono su
patrón para que fuese á espender una
memoria á un paraje, que parece haber
XXIII.
sido el real de minas de Temascalte-
pec. Sentía nuestro jovencito que lo lla-
maba Dios para el estado religioso; por
lo cual, después de rendir las cuentas
del encargo que se le había confiado,
pidió licencia á su patrón para sepa-
rarse de aquel giro, y se traslado á
Valladolídj estando allí su liermano D.
Blas, quien le proporciono el viaje pa-
ra Qucrétaro, donde tomó el habito del
SERÁFICO SAN FRANCISCO cn cl convcn-
to de la provincia de Michoacan, de
los Santos Apóstoles S. Pedro y S. Pa-
blo.
Concluido el tiempo del noviciado,
hizo su profesión religiosa, y lo man-
daron sus prelados al convento de re-
colección del Pueblito, con el ol)jeto de
que en él recordase y perfeccionase la
latinidad, que habia aprendido en su ni-
ñez, como ya queda dicho. Concluido
este estudio se restituyo al convento de
Qiierétaro, á la especíativa de la filo-
sofía, que por estatuto de la religión de-
bía estudiar tres años: y en esta va-
cante fué cuando Jiizo los primeros en-
sayos de sus versos. Se dirigid, cn fin,
XXIV.
para cursarla al convento de Celara. Es-
taba aun adoptada allí, por aquellos tiem-
pos, la doctrina peripatética, y" vista con
ceño la moderna; pero nuestro joven co-
rista mostró tanto desafecto á la prime-
ra, y se aficiono tanto á la segunda,
que desertado de la aula se asoció con
un compañero suyo llamado Fr. Victo-
riano Borja, y entre ambos estudiaron
la filosofía de Altieri. Acabado este trie-
nio regresó al convento de Queretaro,
donde estudió la sagrada Teología.
Estando ya en disposición para po-
derse dedicar á los ministerios á que lo
destinara su provincia, obtuvo la cátedra
de latinidad en el convento grande, y
habiendo desempeñado este cr;rgo, se tras-
ladó al convento de Valladolid, y resi-
dió en aquella ciudad por un tiempo con-
siderable. Como ya habia recibido la sa-
grada orden del sacerdocio, quisieron em-
plearlo sus superiores con utilidad de los
fieles; por lo cual lo hicieron ir de pre-
dicador á Rioverde, y lo mismo á Si-
lao, donde filé también comisario de la
orden tercera; y en el ejercicio de estos
pulpitos permaneció algunos años. Ya en
XXV.
los líltiínos de su vida fué nombrado cu-
ra párroco de la Villa de S. Antonio
de Tula, k cual está situada en la in-
tendencia de S. Luis Potosí, y es una
de las misiones pertenecientes á Riover-
de, cuyo curato se sirve por uno de
los mismos padres misioneros de la or-
den de S. Francisco. Aquí fué donde con-
currió con el Illmó. Sor. Obispo de Mon-
terey Dr. D* Primo Feliciano Marin,
y aquí donde se capto el singular aprecio
con que lo distinguid este sabio prela-
do. Finalmente, paso al real de mi-
nas de Tlalpujahua, ccn el motivo de ha-
ber sido promovido para la guardiania de
aquel convento.
En toda esta serie de tiempos y de
ocupaciones, cultivó NAV ARRETE la
poesia, á la que siempre tuvo una par-
ticular inclinación. Desde que seguía su
carrera literaria en la ciudad de Celaya,
procuraba robar á sus quehaceres cuan-
tos ratos podia, para consagrarlos á las
musas*, y así es que entonces sali(5 a luz
manuscrita su 'primera composición en
verso heroico y patético, hecha con mo-
tivo de la muerte de su madre, á la
XXVL
cual titulo Noche triste. Esta obra fue
como una piedra que descubrid el pre-
cioso mineral de doude habia salido. En
ella se advierten aquellas esclamaciones
enérgicas, que solo pueden nacer del al-
ma cuando esta' penetrada de un acerbo
dolor: aquellos sentimientos puros, de que
tanto se bonra la especie humana: y por
ultimo, aquellos rasgos de la naturaleza
que jamás la afectación ha sabido, ni
sabrá remedar. Todavia una palabra mas
acerca de esta escelen te elegía: Ella es-
tá puesta en un estilo verdaderamente su-
bb"me: en aquel estilo que desdeña los
adoraos postizos, que no hacen mas que
poner trabas á la sencillez.
Entregado el autor en los años subse-
cuentes al estudio de la poesia, su pri-
mera escuela y dechado fué el Parnaso
Español, donde se hizo de lo que se lla-
ma gusto; el que perfeccionándose en otras
obras, especialmente en la de Melendez
Valdes, depuro su ingenio hasta elevarlo
al punto de finura y delicadeza que mues-
tran sus composiciones. A proporción que
las iba trabajaijdo estuvo á la mira de
reservarlas, y mantuvo esta precaución
XXVII.
por el tiempo de once años; en cuyo
periodo las revio, corrijid, y aumento.
Componían estas un volumen en cuar-
to cuando se crio el Diario de México
en el año de 1805. Por este conducto
se publicaron muchos de sus versos, y
el aplauso con que se recibieron fué como
h campana que llamo la atención ge-
neral. Preguntábase al Diarista por el
nombre de este autor, pues al fin de
ellos solo se leían las tres iniciales
F, M. N. y se formaba empeño en saber
¿á qué lugar de nuestro continente ha-
bia tocado la dicha de servirle de pa-
tria? Muchos y muy apreciables poetas,
que constituidos en una especie de Ar-
cadia ilustraban al Diario con sus com-
posiciones, le tributaron en ellas los mas
grandes elogios. Hicieron mas: Lo eli-
gieron por su MAYORAL, y aun pensaron
en hacer un viage hasta el lugar don-
de residia, solo por tener el gusto de
conocerlo. La sabia Universidad de Mé-
xico, esa madre fecunda de tantos hom-
bres grandes, dio también su voto, y de
un modo bastantemente decisivo, en fa-
\ox del escelso numen de nuestro NA-
XXVIII.
VARRETE; pues en un Certamen lite-
rario que celebrd en el año de 1809
asignó el primer premio destinado para
la poesia^ á un canto de este que ha-
bia sido presentado para entrar en el
crisol de la crítica, en competencia de
otros muchos. Y ¿á quien no causará ad-
miración el saber, que sus mejores com-
posiciones salieron de sus manos ^^ cuando
(para usar de las espresiones de un sa-
bio amigo suyo) (^) yacía soterra-
do en las montañas de la Villa de
Tula, desde donde, como Ovidio desde
el Ponto, remitia sus obras tan . bellas
y limadas, como si salieran de la mejor
Academia de la Europa; no de otro mo-
do que Bergier admiro' al mundo sa'bio,
y confundid al Deísmo con su precio-
sa obra, trabajada en las sen'anias y ma-
lezas de los Pirineos!"
Si notare alguno que entre los ver-
sos de nuestro autor abundan tanto los
del género erótico, queriendo deducir de
aquí consecuencias acerca del estado en
(♦) El Uc D Carlos María Bustamante en
la Ñecro'ogía dci P. Nav birrete y cju^ insertó
en el alario de"^ 9. de agosto de x8o5?«
XXIX.
.que se hallaba el corazón del poeta, re-
flexione, que muchos partos del ingenio
deben su ser únicamente á la fantasia; sin
que haya razón que baste á persuadir,
que sea fuerza tenerlos por hijos de al-
gún afecto de la voluntad. Puede tam-
bién tener presente, que al enviar NA-
VARRETE sus poesias á Fabio^ nom-
bre que da á su hermano jD. Blas^ le
dice:
9íLas mas veces instado
ü^de la amistad y el ruego,
^f) canté ao[radables metros.
M'
Así consta, y consta igualmente que
las dos traducciones de unos versos de
Galo, y la de otros de Angelo Policiano,
las hizo de orden del Rmó. P. Fr. Jo-
sé María Carranza, varón muy docto de
la provincia franciscana de Michoacan,
quien pretendió conocer de este modo
los tamaños de nuestro poeta; y habien-
do quedado muy complacido quiso aca-
bar de formarlo poniéndole en las má-
manos el arte, del que se aprovecho Fr.
XXX.
MANUEL maravillosamente; ya en la cor-
rección de sus Ratos tristes^ ya en la
formación de Oiras obras posteriores.
Es muy difícil entre sus poesías se-
ñalar las piezas que sobresalen mas por
su méritOj pues no hay duda que los
genios originales son fecundos en cual-
quiera clase de composiciones; pero es fá-
cil hacer ver, que acertó á dejarnos en
todas ellas lo mas precioso y selecto que
se puede encontrar en el ramo á que
corresponden. Por eso en el estilo ale-
gre y jocoso ya nos presenta, como en
las Flores de Clorila^ á la naturaleza en-
galanada, risueña, y festiva, rebozando
solo placeres: Ya toma sus colores de
los objetos mas triviales, y nos pinta
con la mayor viveza la alma candida
y pura de la inocente Anarda: Ya se
pone á acompañar con sus blandos acentos
los tonos concertados de la nmsica Ce-
lia: Ya sé entretiene en celebrar á la
Pollita predilecta de la hechicera Clori.
Si fijamos la consideración en sus com-
posiciones serias y magestuosas, como
son las sagradas y morales, veremos ¡coa
cuanta magestad elige ios conceptos! ¡con
XXXL
cuanto decoro los trata! ¡con cuanto res-
peto los espone! El nos lleva de la ma-
no, y nos ensena: ¡como pregonan todas
las criaturas, que vela sobre ellas una
PROVIDENCIA bienhechora! El nos llena del
mayor entusiasmo cuando toma á su
cargo el alabar el triunfo que consiguió
la gracia en la concepción inmacula-
da de MARIA. El nos hace erizar de
horror representándonos la situación la-
mentable de una alma desdichada^ que
ha sido privada para siempre de la gloria.
Y ¿jamás alguna lira ha sido pulsada con
tanta suavidad como la suya, al compás
melancólico de la triste elegía? Digán-
lo sus Ratosv aquellos Ratos que parece
que los formo la misma Melpomene, al
lado de un espectro, o en la pavorosi-
dad de ios sepulcros, rodeada de los des-
pojos de la muerte.
Muchos censores juiciosos é instrui-
dos, han sido de parecer que la poe-
sia lúgubre era el carácter mas natural
de NAVARRETE; pero á pesar de la
generalidad con que así se piensa, y del
respeto con que debo mirar las opinio-
nes de los inteligentes, me atreveré a de-
XXXII.
cir, que su verdadero carácter era, en
mi concepto, la sencillez en la poesía pas-
toril. Me fundo en que no hay una so-
la pieza de esta clase en que no se
vea bajo de esa misma sencillez una
sublimidad á la que ciertamente no lle-
garon los mas' afamados autores en sus
obras compuestas en aquel estilo. Des-
pués de haber arriesgado este juicio, que
quiero sujetar á la desision de los sa-
bios, añadiré: Que todas las poesías
de nuestro insigne Zamorano, llevan
consigo como una carta de recomendación
para que las apreciemos mas los Ame-
ricanos; por haber sido producidas en
nuestra patria, y por un paisano nuestro
que careciendo de aquellas ideas de com-
paración que se adquieren con la resi-
dencia en diversos países del mundo, y
destituido alguna vez aun de los libros
precisos, pensó por sí, y escribid por sí,
recurriendo á sus propias reflexiones, y á
una imaginación admirablemente fecunda.
Tal fué NAVÁRRETE considerado
como poeta. Si no temiera yo cansar al
lector con la dilación, me complacerla
en formar aquí un cuadro que lo re-
XXXIII.
presentara copiado con todas aquellas pren*
das que hacían tan delicioso su trato
personal; pero sacrificando este gusto en
pl:)sequio de la brevedad, lo mostraré en
una pequeña miniatura, ó por mejor de-
cir, en un ligerísimo bosquejo.
Concedió el cielo á este hombre
aquellas preciosas cualidades que cons-
tituyen á un sujeto verdaderamente
amable en una sociedad Tocóle una al-
ma verdaderamente noble, por lo que
siempre aborreció todo género de baje-
zas. Su carácter fué sumamente ingéiiuo,
y la doblez y el artificio, fi^íeron vicio^
para él absolutamente desconocidos. Sus
modales ftieron afables; sus pensamienjos
sanos; y su conversación en estremo a-
gradable. Su pobreza no le impidió ser
franco, y muchas personas le vieron eje-
cutar acciones bastante generosas. El cuida-
do con que reservó sus poesias por tan-
tos aííos; siendo así que por lo común
se nota en los poetas un flujo irresisti-
ble de espetar a todos sus produccio-
nes, bien ó mal digeridas, es un argu-
mento convincente de su moderación, y
d$ la desconfianza que tuvo de sí mis-
ui
XXXIV.
mo. El juicio que formo de ellas al re-
mitirlas á su hermano, prueba claramente
su humildad. El elogio que hizo á Car-
los IV. por haber manifestado, que le
desagradaba el tonnento. es un testimo-
nio de que fué opuesto á la violencia.
Mas entre tantas virtudes como lo ador-
naron, campeaba y se llevaba la aten-
ción su filaiitropia. No le faltaron aca-
so en el discurso de su vida graves
persecuciones; pero él amo sinceramente
á los autores de estas: Me parece que
de ellos se estaba acordando, cuando en
su 4? Rato triste^ después de asegurar
que solo por sus penas vivía en las so-
ledades. Y que no era enemigo de sus se-
mejantes, añadid con tanta mansedumbre:
Vi Y aunque entre muchos de ellos me imagino
5^ Como entre hambrientos lobos mansa oveja,
f) De nadie formo queja
^í Porque así lo dispone mi destino. ^
Si tal fué su porte respecto de e-
sos hombres, ¿cuales serian las efusiones
de su corazón, reservadas para aquellos
sujetos con quienes vivid unido por los
XXXV.
dulces lazos de una estrecha amistad? Dilo
tu por todos, ]oh sin igual tiernísimo
FiLENol (**) tu que fuiste depositario
fiel de los arcanos de su pecho, y á
quien profesó mas que á nadie un ca-
rino de que te hacias tan acredor: Di
pero nada digas, porque es bien claro
que le hubiera sido imposible el com-
poner muchas de sus obras, á no haber
estado dotado de una esquisita sensibili-
dad. Por lo que toca á sus linea mantos
esteriores fue alto de estatura; blanco; de
ojos azules; de pelo castaño y rizo; de
buena presencia; de semblante halague-
ño; y de talle naturalmente airoso.
Nadie se imagine que he formada
aquí una descripción estudiada no de lo que
él fué; sino de lo que debia haber sido;
como la que hizo Plinio de Trajano, y
Marco Tulio de su Orador. Soy sincero.
(*♦) Asi llama en su 8. Rato triste i FU
leño, nombre que dio á su muy amado amigo
R» P, F. Vicente Victoria^ franciscano de
su misma provincia, y actualmente Custodio
de Rioverde,
XXXVI.
íio pretendo engañaí al piínlfct), f Se-
guro: Qtie eñ lo que he dicho ñi 'sí^uí^-
td hay exageración.
Este insigne poeta tan favorecid(j
de las musas, este hombre tan amable
en el trato de la sociedad, termino lá
carrera de su vida hallándose de Guar-
dian en el real de minas de Tlalpuja-
hua. Poco tiempo llevaba de residir allí
cuando se sintió atacado de una retención
de orina, que lejos de ceder á los
remedios que se le aplicaron, se obsti-
nó en tales términos, que fué preciso
administrarle los santos sacramentos. Ha-
llándose en esta situación, hizo salir de
su recámara a una Señora anciana que lo
cuidaba, llamada Doña Josefa Silva^ con
pretesto de enviarla por un medicam.en-
to; y aprovechándose de aquel interva-
lo, puso fuego á sus manuscritos. ¡De
cuantas preciosidades nos privaria este
incendio! En él se sabe que perecieron
treinta Sonetos dirigidos á Anarda. Agra-
vóse la enfermedad de todo punto, y
con tal rapidez, que en el cuarto dia
es])iró NAVARRETE á las once y me-
XXXVII.
dia de la mañana. Acaeció su muerte
el dia 19 de julio del año de 1809,
á los cuarenta y un años de su edad.
Fué sepultado su cadaVer al siguiente dia
en la iglesia del mismo convento. Confieso
que me faltan espresiones coa que signi-
ficar lo amargo de mi pena ¡Lector!
si eres sensible, añade aquí una lágri-
ma á las muchas que entonces derrama-
ron sus parientes y amigos.
Los elogios de tan recomendable
varón deberian escribirse por un Salus-
tio, o un Plutarco, que ensalzaran del
modo debido el relevante mérito de un
AMERICANO cuya fama pasará, para
honor de su patria, á las mas remotas
generaciones.
ENTRETENIMIENTOS
POÉTICOS.
Qui legis^ tuam reprehendo si mea laudas om*
nia^ estultitiami si nihil^ invidiam.
OWEN.
Tu estulticia reprehendo,
lector^ si en todo me alabas;
y tu envidia, si me niegas
en parte las alabanzas.
En la remisión de estas poesías
Á FABIO.
Como en triste sepulcro
en un estante viejo,
condenados á olvido
yacian mis pobres versos:
Pero á la voz que manda
en todo lo que tengo,
fueron saliendo todos
ios miserables muertos.
1
2.T
Dame pena el mirarlos
carcomidos del tiempo^
animándome á darles
algún semblante bueno-
Ya les quito, les pongo;
y al jBn de todo advierto^
que en vano se compone
lo que de suyo es feo.
No obstante. Fahio, al modo
de anatómico diestro,
que un esqueleto forma
de carcomidos huesos:
De la misma manera
por solo tus preceptos,
hice este como Libro,
de mis mohosos versos.
Hacerte yo quema
un ramillete ameno,
del monte de las musas^
con floridos conceptos:
Pero, ¡vanas fatigas
de inútiles deseos,
3-
si Apolo no me inflama
con su divino fuego!
En juveniles años,
y alegres pasatiempos,
el amor fué mi mimen:
¿cuales serán mis versos?
Pero debo advertirte,
que de su blando plectro
no siempre me he valido
en algún propio empeño.
Las mas veces instado .
de la amistad y el ruego,
en ágenos amores
canté agradables metros.
De aquí nace la especie
de nombres tan diversos,
Filis^ Doris^ Clorila^
y otros mil sobrepuestos.
En todoSj ya supongO;,
por todos SUS aspectos ''"*
la falta del adorno, -^'''\^^
y también del ingenioJ ^^
4.
Pejro tií, bien lo sabes;
el alcázar supremo
de las ciencias no he visto
sino muy á lo lejos.
Por eso rae disfrazo
en simple zagalejo,
y en humildes cabanas
las mas veces me sueño.
Por eso a mis muchachas
por los campos las llevo,
ya tejiendo guirnaldas,
ya guardando corderos.
Por eso pero basta
de por esto y aquello:
cada cual reproduce
el carácter del genio.
Por ultimo, te encargo,
que no pongas mis versos
donde malignos momos
tal vez puedan morderlos.
Después mas que descuides
de ratones perversos^^
5-
de crueles polillas,
y otros animalejos.
Aquellos son peores,
porque aunque estos, es cierto,
que devoran las hojas;
pero el honor aquellos.
Y en este caso, estaban
mejor mis pobres versos,
como en triste sepulcro,
en un estante viejo.
6.
PRÓLOGO
INGElfnO.
Dirá quien mis versos lea
tal vez sin ningún primor;
Vayase el rudo pastor
á cantar allá á su aldea.
Mas para cuando así sea^
desde ahora mi musa acuerda
decirle, pues que discuerda
con su oido mi estilo llano:
Vaya el necio ciudadano
con su crítica á la mí —
ré — fá — sol — lá. Esto es á co*
mer con música^ que son dos
gustos á un tiempo.
7-
LAS FLORES DE CLORILJ
DEDICADAS Á FILENO.
PRÓLOGO,
¿Quaeris unde mihi toties scrihantur amores?
¿Unde meus veniat mollis in ore Uber?
Non hoc Caliope^ non hoc mihi cantal Apollo^
Ingenium nobis ipsa puella facit.
PROPER. lib. 2? eleg. i?
Traducción libre.
¿Preguntarás acaso ^
lector, si en mis acentos
tienen parte los dioses
que cuidan de los versos?
Respondo, que ninguna;
sino que el rostro bello
de una hermosa muchacha
ha templado mi ingenio.
8.
Clorila, sí, Clorila
la pastora que quiero
inflama mis versillos
con su amoroso fuego.
¿Para que son de Apolo
ins^pirantes reflejos,
si me influye mas suave
la luz de sus ojuelos?
¿Pues que si de sus labios,
de sus labios risueños
la sonrisa imagino?.
Heliconas no quiero.
Lejos de mí el Parnaso,
que ya para hacer versos,
sí, lector mió, a Clorila,
á Clorila me atengo.
ODA I?
Los versillos sabrosos
que cantaba a Clorila,
7>agala del ameno
valle de las olivas:
9-
Alegres producciones
fueron de aquellos días,
que entre gustos se pasan
cual sombras fugitivas.
Hoy á su rudo labio
mi musa campesina
los vuelvcj, acompañados
de su avena festiva.
Escucha pues. Fileno,,
en dulces cancioncillas,
amores inocentes
d3 Silvio y su Clorila.
Como en un ramillete
advierte en esta obrilla,
las mas preciosas flores
que los tiempos marchitan.
¡Ay edad halagüeña!
huyeron tus delicias,
sin dejarme otros frutos
que punzantes espinas.
Espinas^ ¡ay. Fileno!
que en la restante vida^
2
I o.
el corazón me pasan,
y el contento me quitan.
¡Ay agradables ratos,
cuando á la verde orilla
de una fuente risueña
estaba con Clorila!
¡Cuando á la fresca sombra
de robustas encinas,
cantábamos iguales
mil amorosas dichas!
¡Ay, hermosa muchacha:
la memoria afligida
esprime por los ojos
estas tristes reliquias!
Como quiera que sean
estas flores, ó espinas,
á tus aras, Fileno,
mi afecto las dedica.
Allí estarán honrando
nuestra amistad antigua,
que durará, no hay duda,
mas allá de la vida.
II.
ODA 2?
Como yo ciu^ndo canto
del pueblo me retiro
al silencioso bosque
de cedros y de pinos:
O á la orilla agradable
de los sonoros rios:
d al valle donde pacen
mis mansos corderillos:
Seguro me contemplo
de censores malignos,
que por las propias obras
juzgan ágenos dichos.
Heme de holgar ahora
con algunos versitos,
que á Clorila cantaba
allá cuando era niño.
Sus flores, d sus gracias,
que todas son lo mismo,
cantar quiero. Tu flauta
me presta, ó Cupidillo.
12.
Síj Cupidillo tierno,
miiv mole^ muy blandito
me inspira, que no me oyen
los censores malignos.
Así te ofrezcan dones .
Chipre, Amatunta, Gnido,
todo el mundo: ¿pues donde
no te hacen sacrificios?
Ni el joven floreciente,
ni el anciano marchito,
se desdeñan de darte
culto no merecido.
A los ardientes sopíos
de tu madre, yo he visto
que en tus aras se queman...
rubor rae da el decirlo.
Basta, amor: lo que importa
es, que con blando estilo
me inspires, que no me oyen
los censores malignos.
Despierta en mi memoria
los sabrosos versillos,
13-
que á Clorila cantaba
allá cuando era niño.
Mas de modo, que siendo
de mi Clorila dignos,
lo sean también de todos
los honestos oídos.
ODA 3?
Por la margen de un rio
que mansamente corre^
la zagala Clorila
cogiendo estaba flores.
Una le pido, y ella
tan inocente entonces,
á escoger de las que echa
en sus faldas me pone.
Su confianza respeto;
mas entre tanto didme
palabra de ser mia
en lícitos amores,
Paso el verano: vino
el otoño; y conformes
fueron siempre los frutos
á sus honestas flores*
Aprended, zagalejas,
y vosotros pastores,
á disfrutar placeres,
que no son los de Dione.
ODA 4?
ün grupo delicioso,
por natural milagro,
de entretegidas flores
formo el ameno prado.
Entróse allí Cupido
á descansar un rato,
de aquellas travesuras
agenas de un muchacho.
De los pequeños hombros
baja el carcax dorado,
y en el florido lecho
se entrega al sueño blando.
Como otras ocasiones
salid Clorila al campo.
í5-
á engalanar su frente
con lo mejor del mayo.
Echa mano del grupo,
dcoide dormido acaso
estaba el hijo hermoso
de Venus muy amado.
¡Quien creyera! ya fuese
por voluntad del hado,
ó por otra cualquiera
hechura del acaso:
Entre claveles rojos,
y entre jazmines albos,
no sé como^ enredóse
el diosezuelo incauto.
Las alas temblorosas
bate el rapaz cuitado,
para quedar asido
mas y mas con los lazos.
Admirada Clorila,
suspensa estuvo un rato;
pero luego entretege
al amor con los ramos.
i6.
A su frente lo lleva,
y el amor, mas ufano
que si la misma Venus
lo pusiera en sus brazos.
Desde allí á los pastores
que coge descuidados]
les dispara sus flechas,
que son ardientes rayos.
Pues yo, que á tu guií'nalda
la estoy siempre mirando,
y vengo á ser por esto
de amor el mismo blanco:
¿Como tendré este pecho,
Clorila? Con mil dardos
lo siento: sí, Clorila,
lo siento atravesado.
¡Ay! suelta al picarillo,
y á la alma Venus dalo,
que menos que en tus flores
hará en su seno daños.
¡Ay! suéltalo, Clorila,
que viejos y muchachos
i7-
se quejan en la aldea
de su fogoso estrago.
ODA 5?
Calle la fama ahora
de Chipre, y no me diga
que sus alegres huertos
ofrecen mil delicias.
El huerto compendiado
de mi bella Clorila^
contiene menos flores;
pero de mas estima.
Cuando estoy asaltado
de negra hipocondría^
me brinda mil placeres
en estas flores mismas.
Claveles en sus labios
de purpura encendida^
en sus ojuelos yedras,
rosas en sus mejillas.
i8.
¿Que dioesj Venus blanda,
del huerto de Clorila?
¿Son así d se parecen
tus chipriotas delicias?
¡Que distancia tan grande,
o' Venus, se divisa
entre una3 y otras flores,
aunque tií lo resistas!
, AquelJUs aparecen
con agudas espinas;
pero estas, aunque gratas,
son de honestas delicias.
Sí, Venus: y te juro
que á pesar de tu envidia,
no se ajarán las flores
de mi amada Clorila.
ODA 6?
Con otras zagaleja?,
un dia de verano,
^9-
por modo de paseo^
salió Giorila al campo.
Cuando dabao la Vüeka,
traían en las manos
hacecillos curiosos,
de flores matizados.
Sobre las rubias trenzas,
que el aire iba soplando,
se ostentaban las rosas
que habían entrelazado.
Dispuso la fortuna
que yo saliera al paso:
Clorila diome luego
un muy gracioso ramo.
Ramo que había sido
lisonja del olfato,
émulo de los otros,
y honor ya de mi mano.
Algunos pastorcillos
que supieron el caso,
su inocencia y mi dicha
gruñeron y ladraron.
Mas yo digo á Clorila:
¿cuando vuelves al campo
con otras zagalejas
un día de verano?
ODA 7?
Esas que los zagales
llamamos chupa-rosas,
tras tu guirnada vuelan^
Clorilaj á todas horas.
Algunos pastorcillos
émulos de mí gloría,
andan también como ellas
al olor de sus rosas.
A todos los desprecia;
porque estos y las otras,
son por rumbos opuestos
hambrientas chupa-rosas.
21,
ODA 8?
De su guirnalda mismas
y con su misma mano,
Clorila en mi sombrero
puso el mas bello ramo.
Traía acaso entonces
un hermoso durazno,
agradable primicia
del huerto que yo labro.
Díselo; y ella luego
lo echo en su seno blando,
en .señal cariñosa
de merecer su agrado.
De este modo Clorila
advierte que su mano
no cultiva la tierra
de algún estéril campo.
No faltó quien dijera,
que los lances trocamos;
pero si bien lo dijo,
no lo se, ni lo indago.
2».
Solo sé que en mi pecho
sentí un placer estraño;
pero tan dulce y vivo
que no podré esplicarlo.
Por esto á mi Clorila
le digo cada rato:
dame flores, Clorila.
y te daré duraznos.
ODA 9?
Sobre la blanda yerba
de una selva florida,
sus párpados al sueño
entregaba Clorila.
La celestial fragrancia
de su cara divina,
un enjambre de abejas
convoca á toda prisa.
Cual se pega á los labios,
y quien á las mejillas,
por dar á sus colmenas
de tan sabroso almíbar.
Clorila que despierta:
y tantas abejítas
fueron luego despojo
de sus divinas iras.
Á vista del suceso,
que á todos intimida,
en rüscicas zamponas
no hay zagal que no diga:
Que el amor liba solo
las flores de Clorila;
y para Silvio^ y no otro^
sus panales fabrica.
ODA I o?
En pos de tu guirnalda
estoy, Clorila, viendo
mil simples mariposas,
mil tiernos zagalejos.
¿Cual es mayor, discurre
por contrarios estremos,
si de aquellas lo incauto, "
ó la malicia de estos?
2 i.
Si respuesta acertada
me dieres, te prometo
mi cabrito manchado,
que aun no asom^a los cuernos.
Ajar las tiernas flores
de mi dulce zagala
quieren pastores necios
con malicio^ instancia:
Pero aunque ellos parecen
pajarracos que graznan,
cuando viles no ensucian
las flores . que intentaban.
Y05 como centinela
de sus flores amadas,
advierto que su dueño
con recato las guarda.
Y al instante cogiendo
la honda necesaria,
á los pájaros bobos
les tiro esta pediada.
25-
Aves de mal agüero^
mil veces mal os haya;
y que os sean como espinas
las flores de mi amada.
ODA 12?
Un sueño misterioso,
dulce Clorila, atiende,
me lleva por un prado
de flores muy recientes.
Hacer una guirnalda
allí se me previene,
mas ¡ay! que un áspid sale
de entre el florido albergue.
Grito, corro; y el susto
del letargo me vuelve:
y ya despierto, acaso
será bien que te ruegue:
Que no me des motivo
jamas porque me queje
de los sueños^ que pintan
entre flores serpientes.
3
20.
'ó'
Vn ramíllo de flores
lleva en su peclio blanco
la zagala que adoro,
muchacha de quince años.
Al olor que despiden
las joyuelas del mayo,
siguenla los pastores
que encuentra por el campo.
Cercanía como avej^is,
pero, vamos al caso,
todos íiuelen las flores;
mas nadie lleva el ram©^
Yo, que detras de todos
me divierto mirando,
al enjambre inespeito
este versillo canto:
Apartaos^ zagalejos^
Clorila me ha contado^
que á sus flores no llegan
in sol entes muchachos.
27
ODA 1 4?
Como nunca de hermosa
la zagala Cloriía
se presenta á mis ojos
haciendo florecitas.
Ya construye una rosa
que emula sus mejillas:
ya una blanca azucena
que su candor imita.
Ya un clavel cuyas hojaSj,
seg^un SU roja tiutaj
parece que salieron
de sus labios teñidas.
El azul de sus ojcs
en una yedra tira
Yo creo que mi zagala
se retrata á sí misma.
Así que ha comple!adD
su producción florida,
de su rubia madeja
se desata una cinta.
28.
Una guirnalda teje,
y con su mano misma
cine mi alegre frente,
por coronar mis dichas.
En la estación risueña
no sale á las campiñas
mas galán el verano
á espensas de su ninfa,
Como yo, zagalejos,
me presento á la vista
de toda la cabana,
por mi amada Clorila.
Ayudadme, pastores,
á celebrar mis dichas,
y al son de nuestras flautas
conmigo todos digan;
¡Ay zagaleja hermosal
tu Silvio te suplica^
que con tus bellas flores
otra frente no ciñas.
«9.
ODA 15?
ün niño pequeñuelo
con inocente mano
jugaba con las flores
de un delicioso prado:
Así se divertía,
y con gorgeos blandos
engañaba del tiempo
algunos tristes ratos.
Mas ¡ay! furiosos vientos
que corren desatados,
deshojando las flores
lo privan de su encanto.
Llora el niño y entonces
viendo que es un retrato
dé amor, delicia, ofensa,
todo lo que ha pasado:
Te ruego^ mi Clorila^
que de algún fiero agravio
no deshojadas sean
las flores que yo canto.
30-
ODA I 6?
Auséntase Clorila,
y en este mismo instante
que es de todas mis dichas
el triste ultimo vale:
Mi corazón, si puedo
de este modo espliceinne, '
como el campo se queda
cuando el verano sale.
A DioSy digo, Clorila:
y pues contigo parten
las flores que conmigo
no permiten quedarse:
Te pido las defiendas
del invierno cjue sahes^
no con un torpe yelo
vayan á marchitarse.
Ella me lo asegura
con aquellos modales,
que su dulce inocencia,
tiene para t^os lances.
51-
Y mientras que no vuelva»
las flores de mi amante^
estése mi cañuela
pendiente de eí^te sauce.
Y el hijuelo de Venus
que dictó estos cantares^
la mas amarga ausencia
4 llorar me acompaííe.
33-
LJ INOCENCIA.
DEDICADA
J LA ARCADIA MEXICANA. ( i )
DEDICATORIA.
¿Con qué podrá mi musa,
ARCADIA MEXICANA,
darte por tanto elogio
las mas debidas gracias?
( I ) Hallándose el autor de misionero en la villa de
S. Antonio de Tula, colonia del nuevo Santander,
en el año de 1H07, dedicó las diez siguientes Odas
á los poetas cuyas producciones saüan entonces en
los diarios de México: á quienes habla en la si-
guiente Dedicatoria, bajo de aí^ueilos nombres que
ellos daban á sus versos, E.
34.
¡Oh tií, Quebrara amable,
que epj producciones tantas
la suave esencia quinta
de las Piendes sacas:
Y tu, melifluo Mopso^
que de tu lira blanda
privaste á los que atentos
sus tonos escuchaban.
Y tu, fogoso Arezi^
á quien la edad no apaga
con sus escarchas frias
de amor la ardiente llama.
Y tu, que tras las hijas
del gran Júpiter andas.
Aplicado^ travieso
en las discretas chanzas.
Y, tu, que misterioso
en cuatro letras guardas ( 2 )
(2 ) J. M. R, C. Asi se firnaaba uno en el
diario. £.
35-
un nombre que merece
lo publique la fama.
Y tiíj Can-azul diestro,
que la discordia espantas,
al son de las cañuelas
que te dieron las gracias.
Uribe Deoquin todos
los que en el diario se hallan.,
tejiéndole á mi musa
diferentes guirnaldas:
Con ellas ha subido
á la cumbre elevada
de xipoloj y hoy se mira
entre las nueve hermanas.
Allá en felice vuelo
de vuestras grandes alas
subid ¡milagros todo$
de vuestras alabanzas!
¿Con qué podrá, pues, ella
coiTCspondéros grata,
sino con repetiros
lo mismo que os agrada?
36.
Vosotros lo habéis dicho;
y así estas Odas vayan^
que alaban la inocencia
de una simple muchacha»
Ellas son 5 en algunas
horas desocupadas,
á manera de alivio
de mi tristeza amarga.
Mi musa las entona,
y estas altas montañas
de la villa de Tula
repiten sus tonadas.
Los pastores en ellas
aprenden como se ama;
y á serles siempre íieles
se enseñan sus zagalas.
Escuchadlas, paslores
de la moderna Arcadia:
escuchadlas benignos,
y perdonad sus faltas*
37-
ODA I?
INTRODUCCIÓN.
Cantar de la inocencia
los amables candores,
será el mas propio asunto
de mi campestre albogue.
Musa, la que desdeñas
á los sublimes hombres,
que se van a las nubes
en sus grandes transportes:
Y que solo te dignas
animar los cantores,
que entonan agradables
sus humildes canciones.
Tu, que á mi ruego fácil
por estos densos bosques
me acompañas algunas
felices ocasiones:
Ahora mas que nunca
benigna me socorre,
38.
porque de la inocencia
quiero cantar loores.
Loores, que soberbios
allá en algunas cortes,
desprecian los que ciegos
su objeto no conocen.
Y tu, virtud del cielo:
alma inocencia: acorre,
vuela y dale á mi musa
tu merced y favores.
Preséntale tu imagen
bajo el rostro y colores
de la candida Anarda,
zagala de estos montes.
Y haciendo este milagro,
verás los vicios torpes
que arrastrándose huyen
y en sus cuevas se esconden.
Verás en tus altares
las mas preciosas flores
que brotan los afectos
de nuestros corazones.
Mientras que la comarca
te llama con el nombre
de la diosa que influye
en los castos amores.
Y la fama alentando
su retorcido bronce^
alegre desparrama
tus gracias por el orbe.
Esto baste, inocencia:
y que mi musa sopíe^
que ya mi albogue suenSp
y las cabanas le oyen.
ODA 2.
JjA zagaleja.
Erase en estos campos
una graciosa nifía,
que nunca vid la cara
á la negra nialicia.
4o.
Llevóla su inocencia
de acuerdo con mi dicha,
por do estaba yo en vela
de mis pobres cabritas.
En sus negros ojuelos
que el dulce halago habita;,
y en sus purpúreos lábiois
que ^ bañan de risa.
Se asoma milagrosa
la honestidad sencilla,
que si esperanza alienta,
también temor inspira.
•Amor, que de mi pecho
su blanda cuna hacía,
como yo la mirase,
despierta á toda prisa:
Y luego por el aire
batiendo sus alitas,
se va al tierno regazo
de la silvestre ninfa.
Ella teme cobarde
al verlo una ascua viva,
41.
y de su seno de ámbar
lo arranca y precipita.
Mas luego su ternura,
superior á lo esquiva,
* del suelo lo levanta,
y le hace mil caricias.
¿No te acuerdas, Anarda,
de las primeras vistas
que tuvimos? ¡Ay tiempos
de nuestra alegre vida!
Huyeron mas dejando,
sin aguar nuestras dichas,
mil motivos gloriosos
de inocentes delicias.
Porque ellos solamente
lo caduco dominan;
no la virtud, que el alma
sus bienes eterniza*
4d.
ODA 3?
LA SIMPLICIDAD^
Cuando en la dulce Anarda
cual por vidrieras veo
aquella su agradable
inocencia del pecho:
Me acuerdo lo que sabios
decian nuestros viejos
á todos sus muchachos
en pastoriles versos.
Al son de sus zamponas
cantaban^ que hubo un tiempo
en que bajo á los canxpos
una virtud del cielo.
Los hombres que al mirarla
nuda y de rostro bello,
el nombre de la amable
simplicidad le dieron.
Y que amada de todos
siempre estaba con ellos,
4
48.
en sus selvas y chozas,
en sus mesas y lechos.
Y que así como el orbe
se anima por el fuego;
así por ella todos
los humanales pechos.
PcrOj que vino un dia
obscuro, en que con ceño
doble la ^io el engaño,
de falsedad cubierto:
Que asustóse; y turbada,
dejando nuestros techos,
se fué á las soledades
de los incultos cerros,
A vivir con la humilde
yerbecita del suelo,
con inocentes aves,
y con mansos corderos.
¡Oh virtud^ que en mi Anarda
tienes como un espejoi
así como en la luna
el resplandor febeo!
44-
Tií, liberal la envías
de allá desde tan lejos,
tus mercedes y gracias,
que ella guarda en su seno:
Donde yo cariñoso
y rendido^ te ofrezco^
como en ara sagrada,
mil sacrificios tiernos.
ODA 4?
LA CORDERITA.
Una mansa cordera
tieile la dulce Anarda,
que yo la di obsequioso
de mi corta manada.
Sonoros cascabeles
le cuelga en la garganta,
y un penacho le forma
de cintas coloradas.
Erase la ovejita
en lá verde campañaj
45-
envidia de las otras,
y hechizo de su ama.
Mas ¡ay! un lobo fiero
que en la noche callada
bajo, cuando yacia
en sueño la cabana:
Del hambre que le roe
el corazón y entrañas
agitado, la embiste,
y su sangre derrama.
¿Do', Pan, estás dormido?
¿Por qué tu ronca flauta
con siete horrendas voces
á las fieras no espanta?
Y no que Anarda triste
hoy llora por tu causa^
sin admitir consuelo,
mil lágrimas amargas.
Pero tu llanto enjuga,
tiemísima zagala,
que si la oveja ha muerto
aquí tienes mi ahna.
46.
Mi alma que te quiere
con un amor sin mancha,
como otra corderita,
que te traeré mañana.
Pero, cuidado, mira
que de otros montes bajan
otros lobos, hambrientos
de otras corderas mansas.
Guárdate siempre de ellos
de los hombres te guarda,
que carnívoros buscan
á las simples muchachas.
ODA 5?
EL PREMIO.
Pídenme las zagalas
que les cante la bella
perspectiva que forma
la alegre primavera.
47-
El caso es venturoso, .
pues su favor me empeñan
Lesbia, Lidia, y Anarda,
con mil dulces promesas.
Rendime, pues, gozoso:
rendime ¿Y quien pudiera
no rendirse á la instancia
de tres muchachas tiernas?
A su influjo suave
desatóse la vena,
y espacióse mi musa
por la i3Íntada selva,
y así cantaba el como
y el cuando á nuestras tierras
se asomaba la diosa
de la estación risueña.
Y como va sembrando
sus flores por la selva,
que por cogerlas corren -^
las lindas zagalejas:
Mientras que los pastores
con blandas cañucelas
48.
mil amores las cantan
y sus gracias festejan;
Con otras muchas cosas
que llenaron la fiesta,
y que aunque no son malas^
pero que son ya viejas^
Cantaba: y luego quita
de sus doradas hebras
Lesbia un listón moradoj^
y lo faja á mi trenza»
Al dedo pequeííito
una ebiírnea fineza
saca Lidia, y al mió
lo hace entrar á fuerza.
¿Que hará entonces Anarda^
la dulce muchachuela^
que mi afecto se roba
con su simple inocencia?
¿Que hará, entonces? me mira:
y la cara cubierta
del color que le saca
la virginal modestia;
.49.
Se acerca titubeando,
y una blanca azucena
de su albo pecho arranca,
y la pone en mi diestra.
Se oye al pronto un zuzurro,
como el que las avejas
en el hueco levantan
de la obscura colmena:
Porque muchos zagales
que están por la pradera,
discurren como todos,
allá con sus cabezaSé
ünoSj discretos votan
por el premio de Lesbia,
y otros por el de Lidia
mil razones alegan.
Yo que no entro en disputas,
huí de la contienda;
pero dando al de Anarda
mi amor la preferencia:
Porque en él contemplaba
cifrada su inocencia,
so-
por la que en estos campos
mis versos la celebran.
Por elia, mas que á nadie,
le cantaré la bella
perspectiva que forma
la alegre primavera.
ODA 6?
LA TORTOLITA.
lia tortolilla tierna
que en jaulita curiosa
de mimbres delicados
tema mi pastora:
La que huérfana vino,
por suerte venturosa,
á morar en su seno,
como en nido de aromas:
La misma que á su dueño
en apacibles horas
^u inocencia divierte,
y sus delicias forma:
5í-
*^^Esfa mañana^ es cierto^
de la frágil custodia
r salióse, dando ál viento
sus alas voladoras.
Salióse cuando en lo alto
de las pajizas chozas
el alcon afilaba
sus uñas trinchadoras.
Este la sigue, y ella
revolando medrosa,
huye; y por todas partes
las auras leves corta.
Yo entonces preparab'a
mis flechas cazadoras,
con que sigo á los Ciervos,
los Pardos, y las Onzas:
Y con certera mano,
y en nombre de la diosa
de los bosques, disparo
nna jara sonora.
Silvd el aire: y al punto
en presencia de todas
5»-
las Napeas que iban
en séquito de Flora,
Bajo el ave rapante
envuelta en sangre roja^
y la tórtola simple
con vida milagrosa.
Al mirar el suceso,
estaba como absorta
Anarda, y yo • la dije
cantándola esta copla;
Anarda^ ten presente^
si sales de tu choza^
la 'malicia del mundo ^
tu inocencia^ y mi honra.
ODA 7?
•EL HIJO DE FE ÑUS.
Mirando la inocencia
de Anarda, y lo sencillas
53-
que^ se muestran las gíacias
que la hacen compañía:
La insolencia presume
temeraria sus dichas,
en el culpable goce
de fáciles caricias.
Pero, ¡cuan engañada!
pues mi celo la avisa
del mal en que tropiezan
las imprudentes niñas.
Por esto, aunque inocente,
de las flechas se libra
que amor, hijo de Venus,
le dispara encendidas.
Burlado este muchacho,
emboscábase un dia,
cual cazador que acecha
incautas liebrecillas.
Y oculto entre las ramas
de sus cautelas fia
el triunfo á que aspiraba
de la inocencia misma.
54.
Como otras ocasiones
tras sus corderas iba^
buscando frescas sombras
mi Anarda simplecilla:
Saco la cara entonces
amor, y la convida
con sabrosas ciruelas,
que allí cortado había.
Cuando ella advierte el riesgo
. de las redes que pisa,
llama á su honor, que acaso
ya en su zagal venia.
Libróse: y aquí es cuando
dobladas las rodillas,
el diosezuelo astuto
de la chipriota isla,
Mirando á todas partes,
y juntas sus manitas, •
mil puchericos forma
que á mí me hacen cosquillas.
Y llamando á los Faunos
de aquellas serranías,
55*
como testigos fieles,
su amparo les suplica.
Pero al fin de sus votos^
y plegaria infinita^
mezclada con un dulce
torrente de mentiras.
La merecida gala
al pronto se le aplica
que se da á los muchachos
por sus travesurillas.
Las ninfas de los montes
que estaban á la vista,
riendo á carcajadas
la fiesta solemnizan.
y Cupido de entonces
á mi zagala mira,
como gato escaldado
• que huye del agua fria.
5^.
ODA 8?
LA FÜENTECILLA.
En el ameno soto
do suelo entrarme á ratos¿>
á repasar memorias
de mis pueriles años:
Hay un ojito alegre
de agua pura^ manando
el humor de algún rio
que corre subterráneo.
Jamas se le avecinan
ios sedientos ganados,
porque Driadas verdes
io están siempre guardando.
Al mimen del silencio
parece consagrado;
y un no sé qué respira
de sueños y de encantos*
Alguno de estos dias
á su orilla sentado.
57-
contemplaba lo limpio
de sus cristales claros.
Su linfa transparente
mis ojos penetrando,
alcanzaba la vista
los pececillos vagos,
Y las pequeñas guijas,
que allá como en letargo
hundidas en el fondo
se advierten descansando.
Entonces á mi dueño
el símil apropiando,
por su pecho sencillo
que nada me ha ocultado,
Escribí como pude
en el tronco de un árbol,
cedro muy corpulento,
estos versillos cuatro.
Anarda^ si á este sitio
te tragere el acasOj
en esas a^uas mira
tu natural retrato.
5?-
ODA 9?
tA VENUS DE CHIPRE.
Vocinglera la fama
cuenta como Cupido,
burlado por Anarda,
ú, su madre lo dijo.
Y como allá en el bosque,
entre espesos lentiscos
fué castigado, siendo
tan tierno y tan bonito.
Y que irritada Venus
rasgando sus vestidos,
y dando al suelo muchos
de sus lucientes rizos:
Tres, cuatro y muchas veces
con llantos y con gritos,
juraba la venganza
por los lagos estigios.
Y que subiendo al carro,
y dejando los ciprios
5
59-
lares, á nuestras tierras
derecha tomo el giro.
Y que en su auxilio vienen
mil flecheros Cupidos,
como tordos que vagan
tras Ceres por los trigos.
lyias ¿que importa, si Anarda
aunque simple ha tenida
para todas sus huestes
un pecho diamantino?
El caso es como sueño;
mas en verdad yo he visto
un ejército grande
de alegres pastoreólos.
Que siguen a mi Anarda
por los valles floridos:
y esto encierra misterios,
y encantoSr y prodigios.
¿Pues qué? ¿no pudo Venus
dar allá con hechizos
la forma de zagales
á sus amores mismos?
6o.
Y ¿para qué todo csto^
tií^ la reina de Gnido,
y de Amatunta^ y Páfos^
y otros pueblos lascivos?
¿Para qué tus banderas,
tu poder y dominios,
se estienden hasta el campo
de honestos pastorcitos?
¿Para qué tanta guerra?
¿para qué tantos tiros
preparas a una joven
de un pecho el mas sencillo?
•Pero: ¿que me detengo,
pastores, en deciros
la insolencia de muchos
amores atte vides?
Una lóbrega noche
cercaron el pajizo
albergue de mi Anarda,
sus ojos ya dormidos.
Mas luego dispertando,
y dando voces, dijo:
6i.
AnfrisOy acorre^ vuela ^
tu honor se halla en peligro.
Y ellos, como ladrones
al trueno fugitivos,
con su madre se fueron
de vergüenza corridos.
Acompañadme gratos,
pastores mis amigos,
y cantemos ufanos
al son del caramillo:
\Victor\ \0h^ Víctor grande,
Anarda^ y siempre victor;
que aunque simple has triunfado
de Venus y Cupidol
ODA
I o?
CONCLUSIOy.
Todos cantan
materias
según sus
facultades.
ayudados del gusto
y primores
del arte.
62.
Y así cantan felices
los rústicos zagales,
las gracias de sus dueños,
en que atias sobresalen,
Fabio canta de Mirla 5
en cítara sonante,
las hechiceras voces
de sus dulces cantares.
Floridano, de Lisi
las figuras que sabe
diestra forínar en todos .
los campesinos bailes.
Amin, de Aleja lo albo
de su mano tornátil ,
cuando las cuerdas de oro
de su vihuela tañe.
También de su Dorila
los ojuelos vivaces
canta el sabio Fileno,
en metros agradables.
Nicandro, de Rosenda
el aliento suave
63.
de olorosos claveles,
cuando la boca abre.
Nemoroso, de Tírsa
el cuello, comparable
á la nieve, que adorna
con saltas de corales.
Todos cantan discretos
según su ingenio, y hacen
de este modo tí sus dueños
sugetos memorables.
Yo empero cuitadillo,
en humilde lenguaje
canté de Ja inocencia
los dones singulares.
Cántelos como pude,
bajo el propio semblante
de Anarda, que es el dueño
que por suerte me cabe.
Si acerté en los colores
que presentan la imagen
de la virtud, que es propia
de genios cehstiahs^
^4.
No importa que tu nombre
se quede en estos valles,
Anarda, y que el silencio
para siempre lo guarde.
Toma mi albogue humilde,
y en aquel árbol grande
que hace fresca tu choza,
que penda en adelante.
Allí estará á tus ojos,
sin que otro amor alabe,
que el que nace de un pech«
sencillo y como de ángel.
¡Oh, si el tiempo quisiera
los respetos guardarle
que hacen vivir por siempre
á la virtud laudable!
Ento'nces: él viviera,
y tu blando carácter
aunque simple, seria
ejemplo cu las edades.
¡Ay! guárdente los cielos
de enemigos falaces.
65.
y tu alba frente ciñan
laureles iomórtales. ( 3 )
( 3 ) Cuando en el año de 1807 pasaron estas diez
editas á la censura del Sr. D, José Manuel Sartorio
para que se imprimieran en nuestros diarios, comprendió
tan respetable sábÍ3 todo su parecer en esta cor-
ta, pero enérgica csclamacion: iQuien puede ne^at
su aprobatwn a estas bellezas tan dignas de sa^
lir al fúblic(j\'=.S>'.rtoYÍo^
De intento no he querido poner esta nota has-
ta el fin de ellas, porque no dudo que encantado
ya el lector con su hermosura, esclamará también:
^<'Quien te pued^ negar el tributo de Ja admiración,
ó dulcísimo NATAKRETE.^ E.
66.
LA MÚSICA
Quoniam coHvenimus ambo
Tu calamos inflare levesy e¿o ditere tíersus.
TIRGIL. EGLOG. 5*.
Id, mis versitos tiernos,
á la presencia augusta^
á las aras divinas
de Celia^ deidad dura.
Id á sus manos albas,
á sus manos ebúrneas,
gue al jazmin hacen negro,
y á la azucena obscura.
Aquellas manos sabias,
que diestramente pulsan
el órgano sonoro
de las cantoras musas.
Besadlas: ¡ayí besadlas
con sumisión profunda,
á nombre del que os manda
á tan sagrada altura.
¡Ay! venturosos hados
tengaisj y que os índuzcaa
por sus muy castos ojos
santo amor y fe pura.
ODA
Canten otros poetas
de su objeto amoroso
claveles por mejillas^
y luceros por ojos.
Mientras que en pequeñuelos
dulces versos yo entono
68.
la música suave
de la niña que adoro.
jOh! préstame, divino
VALDES9 tu laúd de oro:
el mismo que pudiera
honrar al grande Apolo.
Comunícame el tierno
aquel muy blando soplo,
que fué para tus versos
como un vital favonio.
Así tu diva Filis,
con recuerdos gloriosos,
enjugue para siempre
tus tan fúnebres lloros.
Entonces mis versillos,
con son mas delicioso,
que plácido murmullo
de pequen uelo arroyo,
Irán á los oídos
de un simulacro hermoso,
duro á mí, como blando
i musicales tonos.
69.
¡Ay, Celia! ¡ingrata Celia!
acá tomo en un trono
en el aliíia te miro^
y humillado te ladoro.
ODA 3?
En éxtasi el mas dulce
mi alegre fantasía
del célebre Parnaso
llevóme hasta la cima.
Entre mil caprichosas
cuanto agradables ninfas,
el alma me arrebatan
la Música y Poesía,
Estas dos bellas artes,
como iRiARTE decia,
yo las vi que tocaban
en una misma lira.
Y Jove, el almo padre
de tan augustas hijas,
desde su solio excelso
70.
luces les comunica,
Al paternal influjo
estrechamente unidas,
una y otra abrazada
sus gracias eternizan.
Mutuos sus sacros labios,
las rosadas mejillas
con ósculos se alternan
en fraternal caricia*
Aquí vuelvo del rapto,
Celia del alma mia,
solicitando el goce
de tu gracia benigna:
Y que los dulces versos
de mí tierna poesia
los llevara á sus tonos
tu música divina.
¡Oh, si tal sucediera!
¿cuanto mejor sería
la realidad, que el sueño
de la imaginativa?
71-
ODA 4?
¿Que quieres, amor necio,
si en pago del cariño
que á Celia ingrata tienes,
ya su rigor has visto?
¡Oh, mas que el bronce dura
sí, mas que el bronce mismo
dura, la que maltrata
á un ternezuelo niño!
Así esclamaba, cuando
en mi triste retiro,
dura Celia, contemplo
tu rigor escesivo.
Entonces, sea sueño
que me cae de improviso,
ó fantástico rapto,
ó amoroso delirio,
Vi entrarse por la puerta
de este cuarto que habito
72.
dando flébiles ayes^
un pequeño infantillo.
¿Que tienes? le pregunto:
dímelo ¿andas perdido?
¿eres huérfano acaso?
¡ay! ¡pobre muchachito!
Ya un diluvio de llanto
sus tiernos cachetitos
inundaba , moviendo
mi ánimo compasivo.
Y arrancando del alma
un blando suspirillo,
me responde; ^^papá^
papá^ yo soy tu hijo,
¡Ay! que ¿no me conoces?
Yo soy tu amor, el mismo
que en Celia rigorosa
á mamá solicito.
Porque absorto en lifts gracias
de sus músicos trinos,
elevado me tiene
con sonatas y trios.
73-
Mas ella me despacha
en busca de cariños,
y madre que me envuelva
á No puedo deciilo. ^
Sí, ya te entiendo mi alma,
le contesto: ¡angelito!
vente á mi pecho, vente
á tu cuna, á tu abrigo.
Duénnete; y la esperanza,
consuelo de afligidos,
que te mantenga calla:
ten paciencia, hijo mió.
ODA 5?
Discípula de Apolo:
cuando yo te contemplo
divertida, pulsando
el sonoro instrumento:
Cuando en raptos del alma
miro tus albos dedos.
74.
honrando del teclado
los marfiles muy tersos:
Estaba por decirte
que como en grato sueño
escucho, aunque distante,
los acordes acentos.
Tu música agradable
con un divino fuego
alienta, sí, no hay duda,
alienta mi deseo.
¡Ay, Celia, Celia hermosa!
con sus alas soberbio
sube a gozar las luces
de tu elevado cielo.
Mas ¡ay! que deslumhrado
tan loco pensamiento,
precipitado baja;
pero en amarte ciego.
Ciego en amarte sigue,
por mas que tus intentos
castigos le preparen
después de mil tropiezos.
6
_ 75-
Este es amor constante;
mas con tan dulce objeto^
las penas se hacen glorias,
favores los desprecios.
ODA 6!
JamáSj ¡oh cielo santol
la tentación tuviera
de amar niñas que juntan
á la sabias lo serias.
Mi voluntad, medrosa
en esta parte, era
virgen, y así tenia
su algo de recoleta;
Y mi amor, cauto niño,
no obstante su inocencia^
hecho voto tenia
de castidad perpetua.
Pero ¡ay! que. al contemplarte
aunque adusta, discreta.
76.
todas mis precauciones
las echaste por tierra.
Mas nada habías perdido,
si por la contingencia
tu gracia, Celia hermosa,
mi amor te mereciera»
Podías, y yo lo digo,
corresponderle tierna,
siquiera porque hasta ahora
tu 'has sido la primera.
¡Oh, Celia: Celia ingrata!
¡ay! a'mame siquiera
'porque nunca en mi vida
quise á graves ni austeras.
¡Oh, como te cantara,
y al compás de tus cuerdas
. te dijera mil dulces
mil cancioncillas tiernas!
ODA 7?
¡Oh, dichosos mil veces
músicos celebrados:
ttí. Pleyel espresivo^
tú, Háiden soberano!
¡Dichosos! SÍ5 por vuestras
obras de ingenio raro,
qvie acaso la hábil Celia
ahora está estudiando.
Esto 03 hace, no hay duda,
aun mas afortunados:
¿para qué mayor gloria?
¿para qué mejor lauro?
Yo no le trocarla
por el eterno ramo
que en su dorada frente
ostenta Apolo ufanó.
Vuestras composiciones
por virtud, d milagro,
hagan su alma mas dulce,
y su genio mas blando.
Susciten en su pecho,
en su pecho mas blanco
que la candida nieve,
y el bruñido alabastro,
78.
Aquellos sentimientos
divinos, mas que huflaanos,
que presumen de tioraos,
sin desmentir lo castos.
El mismo amor ^e ep. éla.
tiempo ha que estoy ^buscando,
por lisonja á lo menos
del gusto con que la amo.
ODA 8?
Inconsolable estaba
el niño amorj y dicen
que á su madre la diosa
así le llora triste:
59 ¡Ay, madre! no sé como,
no sé como decirte,
que Celia inexorable
no quiere recibirme.
Esta deidad me agravia,
cuando es que no me admite,
porque intereses bajos
son mis línicos fines.
79-
¿Qué dices^ madre, de eso?
" alma madre, ¿qué dice3?
pues yo ¿para qué quiero
lost dones contentibles?
Aunque muchacho, no ando
con empeños pueriles;
ni hago el trato un comercio
que me desacredite.
Yo busco los halagos
en tonos apacibles,
como niño criada
con tus tiernos melindres,
Estos son en mis pascuas
en mis pascuas felices
mi turrón de alicante^
y también mis confites.
¿Y qué cuando se llegan
mis cumple-años? me sirven^
sí, los dulces halagos.
de muy preciosos diges. ^'
Entonces Venus blanda
risueña esque le dice:
8o.
5, anda, cuitado, aprende ^
las chanzas femeniles.
y á la deidad que nombras,
y en gracias me compite,
dile: que eres muchacho
digno que te acaricien.
Que te quiera, que te ame,
que te adore, y estime,
que á su seno te lleve,
y que en él te eternice. "
ODA 9?
A ti. Fama gloriosa
de la divina Celia,
que sus gracia publicas
con cien bocas parleras:
A tí que le das todo
un cumulo de prendas,
á tí me quejo, Fama,
pues tú me haces quererla.
8i.
Si es tan tierna que admite
el símil de la cera^
cuando dócil se ablanda
á la llama febea:
¿Como dura resiste
cual diamantina piedra^
al fuego de un amante,
que ansioso la desea?
N09 Fama, cuando alabes
tanta beldad, espresa,
su ingratitud, cual mancha
de toda su belleza.
O así como la sombra
al claro sol opuesta,
d en candida mañana
como una nube negra.
Y tenga Celia ingrata
el nombre de discreta,
y de hermosa, y de sabia,
y otras mil cosas buenas:
Y sobre todas cuantas
te tmsi€a se lleva
82.
alabanss^s «ublimíés,
publífquese iftaestra;
JPero el honor mas grande
de la naturaleza,
el título de dulce^
no, Fama, no lo tenga:
Hasta qnte á mis amores
no haya dado las pruebas
que las kyes imponen
de ia correspondencia.
ODA 10.
Estas son, ¡oh sagrado, •
escelso, sabio mimen!
1«8 sílabas postr€«ras
de mis versillos dulces.
Sí, Apolo, para siempre
de ta elevada cumbre
me despido, llorando
ei Tubor que me cubre»
83.
Porque dime, ¿si Celia
como un empeño iniítil
había de leer mis versos^
por qué suave le influyes?
¿Por qué su alma dispones
con todas las virtudes
de músicos encantos,
aunque el verso no escuche?
La música, y poesia,
por tus hijas las tüve^
y en armónicos lazos
las hiciste insolubles.
¡Ea! vaya, Apolo, dile
que con su hermana junte
4 mi poesia tierna;
por mas .que la repugne.
Que es paternal precepto,
y es fuerza se ejecute,
que un pmito no se apárteu
las hijas de tu numen.
¡Oh, si tal sucediera!
yo en métricas laudes.
84.
Stt ch^e elevaría
á esos cielos azules.
Para que allí brillara
como la lira ilustre
del milagroso . Orféo,
entre las claras luces.
ODA 11^
¿Conque puedo entregarme
al consuelo? ¡dichosas
de amor las dulces flecha^
que cuentan mil victorias!
Jja mayor fué vencerte:
, sí, Celia, y mas que todas
al amor acredita
de fuerza poderosa.
Todo el amor lo vence;
y por el alma toda
se me entra y me consume
su tea abrasadora.
«5-
PerOj ¡qué dulce! ¡ay, Celia!
¡ay, Celia muy hermosa!
¿la sientes tu? pues deja,
deja abrasarte toda.
jOh, blandos cupidillos!
con alas vagorosas
volad: venid: tejednos
bellísimas coronas.
Quemad indensos suaves:
esparcid frescas rosas:
cantadnos dulces himnos
con gargantas sonoras:
Y repetid alegres
de amor la gran victoria;
si Celia con su clave ^
Fidelio con sus odas.
En la siguiente composición imitó ve^
llámente el autor á D. Juan Melen-
dez Valdes, en la Paloma de Filis. ¡Gran
privilegio de los poetas: transmitir á la
posteridad aun las mínimas cosas de sus
dueñosl E.
LA POLLITA
DE CLORL
Si el suave pajarillo
que á Lesbia fué embeleso
dio materia á catülo
para tonos funestos:
Y si VALDES divino,
inspirado de Febo,
la Paloma de Filis
canto en graciosos méttosí
Favor, d blandas musas,
hoy sea, pues os lo ruegOj
la Pollita de Clori,
asunto de mÍ3 versos*
87.
ODA 2?
En el dulce regazó
de mi Clori halagüeña
una alegre esperanza
cumpliame mil promesas:
Cuando de su morada
éntrase por la puerta
dando llorosas piadas
mía pollita tierna.
Del cascarón entonces
había salido apenaSj
porque eran sus plumillas
como de blanda seda.
Al instante mi Clori
á su falda la lleva,
ya en su seno la pone,
ya la saca y la besa*
Tente, Clori, y te guarda
de prodigar finezas,
que á mí se deben solo
tus espresiones tiernas.
88.
ODA 3?
Ya en el seno de Clorí
se arrolla su pollita,
y al calorcillo blando
se queda ya dormida.
¡Venturosa poUuela,
que te ves soconida
no bajo de unas alas
de plumas mal mullidas;
Sino en el mismo seno
de Clorij donde anidan
el amor delicado,
las gracias, las delicias!
¿Qué importa que los hados
te hiciesen peregrina,
si tu suerte otras aves
como gloriosa, envidian?
Sigue, sigue en el seno
do gozas mil caricias,
coi^ gusto 4e tu dueño,
y con envidia mia.
ODA 4*
;Qué tiernos tus oficios,
qué graciosos, qué humanos,
la huérfana pollita
debe, Clori, á tu mano!
Ya de arroz le presenta
los pequefiueíos granos,
o ya el trigo que quiebras
con tus dientitos albos.
No sé que siento, Clori.
Tu genio es ya mas blando,
que cuando yo gemia
eq busca de tu agrado.
Mí tierno amor entonces
tratabas con agravio^
no obstante que te hacia
mil dulces agasajos.
Pero, si ya rae quieres.*,...
Glori, ¿di si me engaño? —
No.— Pues á Dios memorias
de tiempos ya pasados.
7
90.
ODA 5?
De Clori la pollita
ha cresido ya un poco,
de suerte que ya puede
subírsele liíiBta el hombro.
Desde allí solicita
abrigo de algún modo^
entre las rubias hebras
de su madeja de oro.
Tal vez alarga el cuello,
y sit piquilío corvo
á besar se dirige
del labio el clavel rojo»
El aljófar menudo
de sus dientitos cortos,
pica;* y su engaño espresa
allá en su feble tono.
Vqto ya se consuela
con néctar mas sabroso
que el que á Júpiter sirven
fin su alto consistorio.
91-
ODA 6?
Cuando al hombro te subes
de mi querido dueño,
parece que platican
las dos algún secreto.
Ya llegas á su oído
el pico vocinglero,
y ella volviendo el rostro
te truena un dulce beso.
¿Le llevas por ventura
recado de algún necio?
¡Si así fuera! al instante
te torciera el pescuezo.
Y en el caso, ¿qué dice?
¿le pagará su afecto?
¿Olvidará que la amo?
Tu callas..^... yo recelo.
Dile, dile que á nadie
mire con ojos tierno^,^
92-
que su afición yo solo,
yo solo la merezco.
Dícelo: así los dioses
te libren de a Icón fiero^
y lo que es mas, gozando
delicias de su seno:
Hasta que hayas crecido,
y de tus miamos huevos
saques unas pollitas
que te sirvan, de espejo.
ODA 7?
Los luharcitos negros
que en su carita blanca
tiene mi Clori bella
con que aumenta su gracia..
Con blandos piquetillos
5u polluela le halaga,
como que solicita
comérselos incauta.
Así lo he presumido,
porque en esta mañana
93-
que Clori la tenía
* calentanda en sif falda,
¥a que Glori dormía,
la avecilla itísensata
al mas principal de. ellos
da muy recia picada.
Abre los ojos Clori,
y adolorida palpa
sobre el puntito obscuro
sangrienta pincelada.
En esta ocasión, se une
al marfil de su cara,
sobre azabache negro,
roja esmalte de grana.
Que á su mucha, inocencia
dé la polla ipil gracias;
si no, asada esta noche
yo la diera la gala,
ODA 8?
Pollita afortjunada,
. ^ji^ guando mas crescas
94-
de tí se prende un pollo
que te haga bien la rueda.
Que cuando al hombro suba}
de mi adorada prenda,
le digas^ que no le haga
traición a mis finezas.
Dile^ que si tan solo
el temof de la ofensa
es agudo cuchillo
que el pecho me atraviesa:
Cuando de un duro agravio
ia reahdad sintiera,
¿qué seri^? ¡Ay! díle, dile,
dile mil cosas de estas.
¡Ay! dícelas. pollita:
asi cuando mas Grescas
de tí se prende un pollo^
que te haga bien la rueda.
ODA 9?
jQue bello raaridage,
polluela, hacexi tus plumw
95-
realzando cada día
mas y mas tu hermosura!
Sabia naturaleza, . *
en dos colores junta
cuanto cabe de lindo
en las pollas mas chulas.
¡Qué alba se me presenta
la plumosa pechuga,
que del sol á los rajaos
como nieve relumbra!
El evano se visten
las alas puntiagudas,
y en lo deñías del cuerpo
los dos colores luchan. .
Tal vez formar pretenden
de jaspes la figura:
tal vez una llovisna^
de* pringuitas menudas.
Vete, vete á presencia
de Clori que te influya,
porque a sus ojos debes
tu hechicera hermosura.
0d«
OPA 10?
La pollita de Clori,
de catarro maligno
se ha enfermado, y no valen
remedios á su alivio.
ha plumilla erizada^
lo clavado del pico,
los soñolientos ojos
gon de su muerte indicioc
jA}! que tierna mi Clori
los médicos oficios
hace con la polluela
imán de sus cariños.
Ya con aceite la unta,
y ya la abre el piquillo,
instándola á que pase
algunos bocaditos.
Ya en su amoroso seno
le solicita abrigo:
97-
y^„.^ pero p^da valq
contra su mü nocivo»
Ya ^1 estortQr le h4 entrada,
succede el parasismo,
y su vit4 aliento
manda á los aires frioa.
Y pues la pena pasa
del pobre anímalito
^ tí^ mi Clori tierna,
¡mal haya el romadizo!
ODA II?
Sí la difunta polla
no tien^ ya remedio,
tanta copia de llanto
¿para qué das al suelo?
¿Para^quá el. llanto turbio
enipaíía unos ojuelos
tan graciosos, tan lindos,
tan sin límite bellos?
Ya se quedan sia rosa^
tus cachetitos tiernos,
9*-
como prados que arrazaft
algunos an'oyuelos.
lAy, Clori! que se eclipsan
de tu gracioso cielo
dos soles, cujas lumbres
encendieron mí pecho
Qué ¿aun lloras? ¿Nada valen
de tu Silvio los ruegos?....
Sí, Clori, otro semblante
ya se te va poniendo.
La tormenta ha pasado:
me parece que veo
del cielo con la lluvia
bañado el rostro bello.
¿Conque estas consolada?
Pues déjame, te ruego,
echar mi amante braao
sobre tu blanco cuello.
¡Qué dulzura! no cabe
en mi amoroso pecho.
Ahom te suplico
con todos mis afectos,
99-
Que no tengas mas pollas
de tan subido precio,
que cuesten á tus ojos
iágrimasj y á mi versos.
ADVERTENCIA DEL EDITOR.
Distribuyó el P. Na^^arrctc la traducíon siguiente en
cinco QDAS^ evitando así ia monotonía, que hubiera
forzosamente resultado por la uniformidad de la asonan
' cia, colocándola en una sola, la que siendo muy larga, no
hubiera podido dejar de incomodar al oído menos deli-
cado. A todaí ellas les formó su remate para que
quedasen perfectas. A fin de que estos puedan distin*
guir^e de la traiduccion^ van colocados etitre estrellas*
TRADUCCIÓN
Bfi unos versos de
BN CINCO ODAS ANACREÓNTICAS.
ODA I?
¡Oh niña! mas suave
que el tierno gazapillo,
y mas que el conejuelo.
que está recien nacido.
Mas blanda que la tela
que en Cea se ha tejido^
y mas que tenue pluma
de nuevos anzarillos,
¡Oh, niña bulliciosa,
aun mas que el gorrioncillo
cuando vuela en verano
por los ramos floridos!
A
ÍOI.
También mas juguetona
que peqüeñuelo ardillo
cuando la virgen blanda
le da en su seno abrigo;
¡Oh niña, muy mas dulce
que los panales mismos
de Hiblea, y que de azúcar
Cándidos fragmentillos!
Mas blanca que la leché,
y también mas que el lirio,
y que nieve formando
sus primeros armiños*
¡Oh niña !♦•.*.. * pero basta
de estos^ asonantillos:
vengan otros, porque esfta
me quiebran ya el oído.
Pero vengan con tragos
de generoso vino,
que los brios de Baco :.
son también de Cupido. *
102.
No puede Lieo, niña,
remedar tus cabellos,
ni aquel pastor Anfriso^
por amor jornalero.
Anfriso, que con gracia,
del uno al otro extremo,
de la frente le bajan
dorados hilos crespos.
Los que con nudos de oro^
aunque se hallan sujetos,
hacen vagar las almas' .
de cupidos traviesos.
Mil anillos se forman
que con .rocío bello,
y con olor de mirra
se llevan los afectos.
jOh, nina muy preciosa!
cuyos blandos ojuelos^
son teas, luminosas
del interior incendio.
I03.
Yo no puedo mirarlos
de cerca ni de lejos,
porque con llama oculta
no se entren en mis huesos*
No, no parecen ojos
esos Jas ojos bellos,
sino UamaSj y Uanias
de un amoroso fuego.
Las que Venus atiza
con soplo lisonjero,
y mantiene la gracia
de tu mirar risueño.
* Dame, dame otra taza;
mas gústala primero,
si quieres que me salga
tu retrato perfecto. *
ODA 3?
Tu nariz y mejillas
de estilo dulce y blando,
io4*
¿como el lirio y la rosa
Uamarélas acaso?
Tus labidcitos rojos,
de claveles formados^
¿diré que resplandecen
cual coral encarnado?
¿Diré que margaritas
son tus dientitos blancos?
Y de tu lengua dulce
¿qué seguiré pintando?
¿Qué diré del oyuelo
de tu barba, torneado^
y de tu blando cuello
como la nieve blanco?
105.
¡Oh qué brazos tan dulces!
¡oh que agradables manosJ
estas son de la aurora,
si de Juno los brazos»
Tus pies, que me parecen
los de Tetis, ¡qué pasos
tan nobles! ¡qué posturas,
ya quietos, ya danzando!
* ¡Oh! dame, dame, niña,
dame, dame otro vaso,
y que siga la fiesta
entre Venus y Baco. *
ODA 4?
¡Oh niña! ¡qué agradables!
¡qué agudos! ¡qué jocosos
8
io6.
^on tus chistes freciienteSj
con gracia y con adorno!
¡Qué dulces consonancias
las de tus versos todos,
que salen de tus labios
como ámbar oloroso!
Ni la blanda Talía,
ni el mismo sabio Apolo,
que hacen vuelvan los rios
su curso presuroso:
Que ablandan á las fieras,
y atraen peñascos broncos,
igualan á lo dulce
de tus festivos tonos.
Todas tus cosas tienen
mil hechiceros modos:
son dulces, son alegres
en su trato amoroso.
Tienen mil juguetillos
venales en un todo:
tií sola en tí reúnes
lo decente y lo hermoso.
107.
¡Oh, poderosa niña!
tu compostura abono;
mas ¡ay! para agradarme
no has menester adorno.
^ Echa vino, muchacha,
que aunque ya estoy beodo^
quiero quiero mas tragos,
quiero morir á sorbos. ^'
¿Qué dios no te me envidia?
ni ¿qué valor te basta
para dejarme ahora
beUísima muchacha?
Mas, ¿donde te me ausentag?
¿a donde huyes, ingrata^
alegrando los cielos
con tu risueña cara?
Mi placer, mi dulzura,
mi corazón, mi amada^
io8.
mas que el oro y las piedras^
y que la rica grana.
Mas ¿que digo que el oro,
que piedras, ni que grana?
También mas que mi vida,
muchachita del alma.
Haz memoria, te ruego,
haz memoria y repasa^
el amor halagüeño,
y sus cadenas blandas:
Desde la edad mas tierna
á mí y á tí nos atan
mas ¡ay! riendo Venus,
se burla de mis ansias.
* La postrer copa quiero:
¡ay! dámela, muchacha
¿Ya ni esto me concedes?
pues, vete enhoramala. ^
lí
log.
ODAS
á diversos asuntos.
ODA I?
De ' Dorofila.
Que en mediecítos nuevos
yo diera á Doroíila
diez pesos, era fuerza
de la imaginativa.
Pero ¿quien pone duda?
pues los labios de risa
no son como los serios
r
que dicen mil mentiras.
¿Conque diez pesos fueron?
¿y en medios de carita?
¡oh qué prodigo me hacen
las muchachas bonitas!
lio.
Y que ¿sin otra causa,
que por sus caras lindas?
pero vaya, si es fuerza
de la imaginativa.
¡Oh cuantas honras me hace
la bella Dorofila!
sin duda que en su obsequio
mi deseo adivina.
Pues vaya recibiendo
esta graciosa nina,
no tan solo diez pesos,
que estas son raterías:
Ciento, mil, un millón,
y la moneda misma,
mi alma, y mi vida, y toda
en medios de carita.
¡Mas ají! mi amor, no obstante
que entre chanzas se esplica^
de veras á sus aras
grato se sacrifica.
Y esto, ni yo, ni Fabio,
ni Dorofila misma
•II.
podrá decir que es fuerza
de la imaginativa.
De la misma.
Después de leer los versos
de una discreta niña 5
me acostaba pensando
¿qué le contestaría?
Batid el mimen del sueño
sus alaSj y á la cima
del parnaso arrebata
mi dócil fantasía.
Entre la sabia turba
de las canoras ninfas,
sobresale en el canto
una beldad divina.
Pregunto por su nombre;
y el genio de la risa
que inspira en aquel monte
las canciones festivas.
11^.
Abre su alegre labio,
cuyo aliento suaviza
el aire, como el ámbar
que las flores respiran.
Y en un tono brillante,
cual de una sinfonia,
me responde: es la bella,
la musa Dorofila.
Desde que en dulces ocios
esta preciosa niña
entre las nueve hermanas
su grata voz anima,
Parece que con nueva
alegre lozanía
florecen las alturas
de esta mansión benigna.
Y Apolo el mismo Apolo
de sus manos confia
su cítara de oro.
¿Quien será Dorofila?
Yo dije entonces: Vaya;
pero esas gracias mismas.
si amor no las da el temple,
no lo hará bien la niña.
Yo le canté unos versos
de amor, como por trisca,
versos que nada tienen
de la imaginativa.
Mas ella se hizo sorda:
y mientras la Taha
del blando amor no escuche,
no lo hará bien la niña,
¡Ea! vamos: tií que puedes
influirle con tu risa,
con tu risa agradable
en mi favor mil dichas:
Tu que tan bien te hermanas
de amor con las caricias,
y cantas como á düo
en acordes capillas:
Dile, que entone amores,
y que una cancioncilla
mis afectos la deban,
y lo hará bien la niña.
ti4f
: i Entonces despertando
hallé en el alma mía
un retrato muy bello
no hay duda, de ella misma..
Ojos, como unos soles,
como rosas, mejillas,
labios, como claveles:
¡qué hermosa me la pintan!
- Viva, pues, en mi pecho:
amor la haga que viva;
aunque diga que es fuerza
de ardiente fantasía.
Esto contesto ahora
que el blando amor me inspira,
después de leer los versos
de una discreta niña.
S15.
ODA 3?
El triunfo del amor,
dirigida al autor de unos versos de
nuestro diario^ que se quejaba de la ausen^
da del sueño^ causada por unos celos que
le daba Anarda.
Hiñe tibi cum magna laude triumphus eat.
En alas de la noche,
baja del alto cielo,
baja tranquilo y suave,
almo numen del sueño.
Y al lecho del amante,
que con su triste ruego
invoca tus favores,
llega con paso lento.
Llega, y unge piadoso
'SUS fatigados miembros
|i6.
del bálsamo agradable
que refrigera el cuerpo.
Preséntale á sus ojos
la imagen de su dueíío,
la imagen cariñosa
que tuvo en otro tiempo.
Haz, como en un encanto,
que brote su albo seno,
convertidos en flores^
agradables afectos
Que luego la fortuna
los vaya recogiendo,
y trenze una guirnalda
para su amante tierno.
Después, que al coronarlo
aparezca el dios ciego
en su triunfante carro,
y á sus plantas los celos:
Y que mil cupidillos,
volando* por el viento,
digan victor y alegre,
Víctor^ responda el eco.
117.
Y al punto despertando,
el corazón contento,
Anarda le realice
lo que le finja el sueño,
Ea, pues, niímen blando,
al poder de sus versos
en alas de la noche
baja del alto cielo.
ODA 4?
A Fileno.
Solo, Fileno, solo
el pastor de Dorila,
de la escuela de amores
sacó grande doctrina.
Apenas de sus ojos
se le fueron sus dichas,
fli8.
cuando lógico infiere
por sus penas las mias.
Desata el triste pecho,
y al son de una flautilla,
cual pájaro que llama
á su ausente avecita,
Entre los muchos ayes
que de su alma salían,
los montes repitieron
estas clausulas mismas.
rEsta mañana al campo
5? salid mi bella ninfa,
9^á tiempo que pudiera
59 dar á la aurora envidia.
59 Ya la noche ha llegado,
59 y aun no viene Dorila..*^.
59 anda, Dorila, corre,
59 que muero sin tu vista.
59 Dioses, si esta es la pena,
59 que cruel me martiriza,
59 ¿cual será la que siente
59 Silvio por su Clorila?
^^Clorila ha muchos tiempos
99 que dejo estas campiñas ^
99 donde Silvio la llama
99 llorando noche y dia....
99 Mas Dorila no viene:
99 dioses, traedme á Dorila:
99 y á Silvio también tráedle
99 su tan deseada ninfa.
99 Venid5 bellas muchachas^
9í muchachas tiernecitas^
99 que no sufren los que amaa
99 ausencias tan prolijas.'*
Así que hubo cantado,
alterno la voz mia:
99 viva el zagal Fileno
99 al lado de Dorila.
99 Y el numencillo tierno,
99 amor, que así le inspira,
9r>cele que no le paguen
99 ofensas por caricias •
99 Antes bien, su graciosa
5^ y hom*ada pastorcita,
f20.,
59 de atrevidos amantes
09 siempre se burle altiva.''
ODA 5?
A una inconstancia.
Suspende, fuentesilla,
tu ligera corriente,
mientras que triste lloro
mis ya perdidos bienes.
¿Cuantas veces, estando
en tus orillas verdes,
Lisi me aseguraba
su amor hasta la muerte?
Aquí su diestra mano,
mas blanca que la nieve,
en esta arena frágil
escribid muchas veces:
9í Primero ha de tornarle
99 el curso de esta fuente,
99 que el corazón de Lisi,
99 que á su Salicio quiere. "
Mas tus promesas, Lisi,
no han sido menos Ie\^es
que el papel que escogias
para firmarlas siempre.
Las letras se borraron
por los soplos mas tenues
del viento, y tus promesas
por lo que tú quisieres.
¡Ay contentos soñados
de prometidos bienes!
¡ay inconstancia propia
de fáciles mugeres.
S22.
ODA $?
A Lisi cantando.
Salid la hermosa Lisi
con las demás zagalas
á cantar dulcemente
en la nupcial cabana.
Desata el suave pecho,
y al compás de sus gracias
con angélicas voces
á todas aventaja.
Su enamorado Alejo,
que está á corta distancia,
gustoso la dirige
las siguientes palabras:
5^ Así, divina Lisi,
5^ haces de tu garganta
^un órgano viviente
w que cautiva las almas, "
ODA 7?
A Clorila^
con unas frutitas de pasta»
Estos pequeños dones
que la industria fabrica,
son frutitas pintadas
, con que juegan las niñas.
Por lo mismo á tus aras,
graciosa muchachita,
tu amante zagalejo
hoy te las sacrifica.
Recíbelas gustosa,
que aunque engañan la vista,
son lisonja del gusto
con la miel que destilan.
Llévalas á tu boca:
á tu boca de almibar,
donde su ser acaben
con no pequeña dicha.
«24^
Agua se me está haciendo
la boca, mi Clorila,
contemplando en la tuya
las pintadas frutitas.
¡Qué besitos tan moles!
¡Qué blandas mordiditas!
A la verdad, me siento
(¥>ñ la mas dulce envidia.
¡Oh si fuesen mis labios
há * pintadas frutitas!
trasformacion que pende
de solas tus caricias.
¡Ay! hazme este milagro,
que por tu boca misma
juro traerte otra ofrenda
de pintadas frutitas.
ODA 8?
A unos cabellos de Celia.
Lucientes hilos de oro,
que como hermosos rayos
fuisteis en otro tiempo
del sol en que me abraso.
Ahora por efecto
de amor atáis mis manos
como blandas cadenas,
d como dulces lazos.
Dejadme una y mil veces
cual cautivo besaros,
y adoraros rendido
dichoso amante atado.
¡Oh! quiera el alto cielo
que interminables años
duren estas prisiones,
en que alegre me hallo.
126.
¡Oh cortísima vida
para un amor tan largo!
¡ay! ámame, mi Celia,
ámame, como te amo.
ODA 9?
En celebridad de unos días.
Este don pequeñuelo
que ofrezco a tus altares
es prueba de mi afecto
y de mis cortedades.
Por ofrenda amorosa
solo puede aceptarse,
pues mas que el oro (i) aprecian
el amor las deidades.
C í ) Se alude í una bujería de oro, A.
t2f;
Recíbelo^ no tenga
amor de que quejarse^
y el gusto de tu dia
se le vuelva en pesares.
Entre tanto, los cielos
con influjos suaves
en el abril risueño
que hoy junta tus edades,
Hagan luzcan tus prendas
y gracias naturales,
pimpollos que el invierno
de la vejez no dañe:
¡Ay! guárdente los cielos:
¡ay! para mí te guarden;
si acaso te merece
tu mas rendido amante.
't«8.
ODA 10?
El día de Clara.
Dando vueltas los cielos, llego el dia
De la zagala hermosa,
A quien de Clara el nombre convenia.
¡Oh mil veces dichosa
La edad que la merece,
y que á sus blandas luces resplandece!
Salve, ninfa, y la tierra enternecida,
Que con tus plantas huellas,
Mil guirnaldas te ofrezca agradecida,
Para tus sienes bellas;
Desparramando olores
A la que es como reina de las flores-
Salve, mil veces, y el alegre coro
De voladoras avésf
Repitan con el canto mas sonoro
Mi amor y metros suaves;
Saludando á la aurora,
En la que es por sus gracias mi señora.
Salve, vuelvo á decir, y á mi deseo
Corresponde constante
En los amables lazos de himeneo.
¡Oh venturoso instante!
Llega, que tu alegría
Me hará de Clara mas glorioso el día.
tSP-
ODA 12*
A Clori en el lecho*
, — -<g:^í>.
Deja tu lecho, zagaleja mia,
Tu dulce lecho do en quietud reposa
El albo cuerpo como suave rosa^
Que embalsama la fértil pradería.
Ya que empiezan sus varias tonadillas
Las avecillas,
Y embia el cielo
Su luz al suelo,
Tu lecho deja,
Mí zagaleja,
Por venir á coger tempranas flores
Al Jado del ^gal, que es tus amores.
131.
Sus alas agradables manso el sueño
Levante de tus párpados preciosos,
Y brillen tus ojuelos luminosos
Como la luz del dia mas risueño.
Tu boca de claveles carmesies,
O de alelíes
Bosteze, dando
Aliento blando:
Así la rosa
Muy olorosa.
Abre su copa de encendida grana
Al despertar con risa en la mañana.
Tu mano me darás, que la floresta
Te aguarda ansiosa, desparciendo olores,
Y una turba de. pájaros cantores
Ofrece a tu llegada alegre fiesta.
Saldrán del rio por besar tus huellas
Náyades bellas.
Napeas hermosas.
t3».
*^-
Tirando rosas
Irán delante:
Y en el instante
Que llegues al umbral del bosque denso
Las Dríadas quemarán sagrado incienso.
Mas ¡ay, mi zagaleja! ¿por qué tardas?
¿Por qué tardas? ¡ay! dímelo. ¿No vienes?
¿Por qué causa enemiga te detienes?
¿Mi lado no te ofrezco? Pues ¿qué aguardas?
¡Ay zagaleja, como piedra, dura
A mi ternura!
Ya desespero:
Saco primero
El sol su cara,
Que me alumbrara,
Siquiera para alivio á mis enojos,
La alegre luz de tus risueños ojos.
t3>
ODA 13?
EL VERANO.
¡Oh que alegre estación la del Verano,
Que brinda flores por el verde llano!.
Se fué el invierno
áspero y triste,
sus galas viste
el campo tierno:
Los mansos vientos
soplan suaves,
cantan las aves
dulces acentos:
»34-
Las fuentecillas
vienen corriendo
salen riendo
las florecillas.
¡Tierra dichosa!
si á tí viniere
Anarda, y viere
tu pompa hermosa,
Pon en su frente
ramo vistoso,
el mas gracioso,
y floreciente.
¡Oh si viniera
al verde llano!
dulce verano,
la persuadiera
A sentarse en la alfombra de estas flores
Al lado del zagal, que es sus amores.
»35-
ODA 1 4?
EL ESTÍO.
De doradas espigas coronado
El Estío se asoma en el sembrado.
Ya se preparan
las labradoras,
haces empuñan,
1^ mieses cortan.
De la alma Ceres
que el campo adora
tiran los bueyes
grandes carrozas:
§36.
Alegre eanta
la vega toda^
salve le dice,
con voz sonora»
m
-Trojes se llenan
eras se colman,
y huyen las hambres
de nuestras chozas.
Anarda, Anarda,
bajo estas sombras
á Pan le deja
tus cabras gordas
Mientras que al baile
vamos ahora
de la cosecha:
verás que gloria.
Verás los ricos granos con que el cielo
Ha socorrido al miserable suelo.
^37
ODA 15,
EL OTOÑO.
Mira, Anarda, al Otoño, que cargado
De frutos viene á nuestro suelo amado*
Aquí, te sienta,
zagala mia,
úó alfombra te hacen
las yerbecitas.
Mira, ya vienen
las gratas ninfas,
que de Pomona
el huerto aliñan.
10
¡Cuan aseadas
j^c^ siíis canastiíla3
i "f colmadas traen
, y^ dp frutas ricas!
Uvas ¡qué gruesas!
peras ¡qué lindas!
mira ¡qué hermosas .
están las guindas!
¡Eli! ¡qué manzanas
tan encendidas!
y ¡qué naranjas
tan amarillas!
Gustemos ambos
sabrosas dichas,
que en tantos dones
el cielo envía:
Y nuestra voz se eleve al niíraeñ í?anta^
Que en el Otoño nos regala tanto.
^39^
©DA I b .
EL INFIERNO.
Llega del año la estación severaj,
Y de la tierra toda se apodera.
Nublado el cielo^
mudas las aves,
ios hielos graves,
y mustio el suelo:
Nuestro ganado
de temor lleno,
busca entre el heno
su abrigo amado.
1 4o.
¡Que poco, Anarda,
el gusto dura,
pues la amargura
tras él no tarda!
¿Do están las flores
de primavera?
¿do la ligera
edad de amores?
Nada resiste
la ley del tiempo,
ni el contratiempo
del hado triste.
¿Pues qué esperanza
ahora abrigamos,
por si llegamos
á tal mudanza?
La virtud solamente, Anarda mia,
Puede valemos en la vejez fria.
I4i.
LETRILLA*
A los amaritos de Liñ.
Pues la bella Lisi
os lleva el compás,
tiernos canarítos^
alegres cantad:
Cantad, y en su escuela
os aprovechad:
¿donde habréis fortuna
al intento igual?
Su albo pecho tiene
voz angelical,
que siempre divierte;
y cansa jamás.
Ya un himno le diga
al ciego rapaz,
ya zelos, ya ausencia
se ponga a cantar.
i42.
Ya en modulo alegre
de fiesta nupcial,
ya en fiínebre tono
que incite á llorar^
Como quiera suena
su voz celestial,
que siempre divierte;
y cansa jamás.
Cuando á la jaulilla
do alegres estáis
cautivos, se acerca,
y lección os da,
Otros pajárillos
quisieran trocar
por prisión tan dulce
toda libertad.
Y así, canarillos,
alegres cantad,
pues la bella Lisi
os lleva el compás.
143*
LETRILLA.
A Lesbia.
Idj, vercillos dulces^
á las manos albas
de la nifía Lesbia,
que gustosa os llama.
Daros cS que quiere
tonadillas blandas
en órgano ebúrneo,
tal es su garganta.
Cuando esto sucede
entonces habladla:
decidla que tenga
compasión de mi alma.
¿Y si esto la irrita?
¡buena va la danza!
¿que importa que os eche
muy enhoramala?
i44-
Si ella fuera prieta,
coja, tuerta, d manca;
pero si es bonita....
que no os pese: basta.
Tres juguetillos á Clorila.
JUGÜETÍLLO I?
Arroyuelo,
que caminas
á la aldea
de Clorila:
Corre, corre,
dila, dila,
que la adora
la alma mia.
Esté ahora
en su orilla,
tras sus I>1 ancas
corderitas,
145-
O cortando
clavellinas
con las otras^
pastorcitas,
O asomando
sus mejillas
en tus aguas
cristalinas:
Corre, corre,
dila, dila,
que la adora
la alma mia.
JUGUETILLO 2?
¡Ay Clorila!
tus ojuelos
son imanen
de mi afecto:
Son estrellas
de tu cielo.
146.
que me envían
dulce fuego:
Son antorchas
de amor tierno,
que se ceban
en mi pecho:
Son divinos
tus ojuelos:
son imanes
de mi afecto.
Si están tristes
son muy tiernos;
y si alegres
muy risueños:
Si se enojan
son severos:
si acarician
halagüeños.
Son graciosos:
son parleros:
son imanes
de mi afecto.
147-
JÜGÜETIJLI/O 3?
Mira, Clorí,
dos amantes
inocentes
tiernas aves:
En la copa
de aquel sauce
mil cariños
ya se hacen.
Con piquillos
muy suaves
ya se inclinan
á besarse.
Mas ¡ay, Clori!
que esta imagen
á los ojos
agradable.
El veneno
nos persuade
148-
con instancias
amigables.
¡Ay! huyamos
de este valle,
no su incendio
nos alcance:
Y en nosotros
sea culpable
la inocencia
de hs aves.
De esto, Clori,
no se hable,
que eres niña,
y esto baste.
A Dios, Clori,
que la tarde
ya me obliga
á . deiarte.
149-
CERTAMEN
SOBRE UN LIMÓN,
Para que eanteñ las niñas
CELIA, Y LISL
CELIA.
Dame el limón que ha sido
del dueño que amo,
los olores son suyos,
mas no los agrios.
No me lo niegues,
pues los zelos conoces
de las mugeres.
150.
I/ISI.
Alejo el zagal mió
lo dio á mis aras,
como holocausto tierno
de toda su alma:
Y no se pueden
enagenar las cosas
del que se quiere.
CELIA.
El linion fué primero
del bien que estimo, .
y aunque el uso concedo,
mas no el dominio:
Yo sola puedo
dominar en las cosas
del bien que quiero.
151.
lilSI.
Toma el limón, y advierte
que es amarillo,
color que simboliza
fatal olvido:
Cosas lio quiero
que olvidos me predigan
del dulce Alejo,
CELIA,
Dácalo, Lisi: y mira
como resalta .
entre amarillo de oro^
verde esperanza:
¡Oh, dulces prendas,
que de Fidelio dicen
tanta firmeza!
152.
LAS DOS.
Celia y Lisi tengamos
de amor por triunfo:
tií, el uso del derecho,
yo, el uso-fructo: ^
Solo amor puede
para contiendas tales
darnos sus leyes.
Varios versos boleros.
I.
No pases por los campos
• del amor, niña,
porque mas que las rosas
son las espinas: •
Espinas crueles,
que punzan en el alma
de quien bien <juiere.
153-
11.
Siento dentro del alma,
cuando te miro,
del niño mas travieso
saltos y brincos:
Amor te tengo^
y aunque lo pongo en juicio
es muy . travieso.
IIL
ün Cupídillo tengo,
que sí te miro,
al instante me llora
por ir contigo:
Su llanto enjuga,
y de tu blando pecho
hazle la cuna.
^/y^%^\.^^^
II
154-
IV.
Dorados alfileres
Celia me ha dado,
y me afianza con ellos
como con clavos:
Mi alma los sufre,
como suaves arpones,
d flechas dulces.
V.
Al ceñirte la frente
de flores varias,
los pájaros alegres
te saludaban:
No de otra suerte
que al alba cuando asoma
por el oriente.
155-
VI.
Alegranse los campos
cuando se asoma
al balcón del oriente
la blanca aurora:
Así se alegran
mis ojos cuando asomas
tu cara bella.
A^>rf%.'V^i'W
VIL
Cuando el sol con su manto
la noche cubre,
lloran tristes los campos
sus bellas luces:
Del mismo modo
lloro cuando se ausentan
tus bellos ojos.
VIIL ^
De un desden se quejaba
el amor tierno;
pero hallo en tus cariños
dulce remedio:
¡Divina mano
la de Celia! parece
que hace milagros.
^^V/V^V^VM
IX.
En el crisol ardiente
de tus enojos,
mi cariño se prueba
cual suele el oro:
Propio es de amantes
apreciar el cariño
por los quilates.
'57-
Un amante que en sueños
tiene sus gozos,
diga qile lo mantienen
consuelos bobos:
¡Triste del dueño
que me sueña en sus brazos!
¡qué verde está eso!
fVX'W^í^
XL
Cuando creiome Celia
que yo la amaba,
tuvo la fantasía
muy inflamada:
Como la novia
que sueña estar en cinta,
y no hay tal cosa.
158.
XII.
Ciertos amantes rondan
á una doncella:
me parece una rosa
llena de avejas:
Dentro de breve
la dejarán marchita,
como hacen siempre*
XIII.
A Venus se ha escapado
su hermoso niño,
y de hallazgo tres besos
ha prometido:
Aquí en mi pecho
lo hallarás, Venus: dame,
dame los besos.
'59-
XIV.
Entre chanzas me tira
amor sus flechas:
si tales son sus chanzas
reniego de ellas.
Aparta, aparta,
porque tus chanzas, niño,
son muy pesadas.
XV.
Dame flores que á Venus
se le dedican;
pero mira no tengan
ninguna espina.
Milagro fuera,
cuando siempre han estado
de espinas llenas.
1 6o.
XVI.
Cuando miro dos niñas
que se cortejan,
me parece que miro
farsa chinesca:
Donde las sombras
hacen veces de amantes
unas con otras.
XVIL
El amor me halagaba
como por trisca,
me halagaba con florea
llenas de espinas:
Y desde entonces,
herido de sus puntas^
ao quiero flores. ^
i6í.
XVIIL
Enfermdsele a Venus
de ético su hijo;
pero mientras mas mama,
mas llora el chico:
Venus entonces
le dice; mama, mi alma^
mama y no llores.
XIX.
Cierta niña rodeada
de mil cortejos,
es carne en garabato
segura de ellos:
Donde, si acaso
la huelen, no la comen
los pobres gatos.
l62.
XX.
El amor disfrazada
en tierno niño,
pidióme que en mi pecho
le diera abrigo:
Luego se torna
en una como llama
que me devora.
XXI.
Niña, tu flor esconde
de amor astuto,
mira que tras las flores
quiere los frutos:
Y con el tiempo
ni estos le satisfacen,
que es mal contento.
163.
XXIL
Al amor ya no pintan
de ojos vendados,
carcax sobre los hombros,
flecha en las manos:
Ahora lo pintan
ofreciendo á las damas
lazos y cintas.
XXIIL
La miiger me parece,
en ocasiones,
gato que en casa agena
busca ratones:
Sin otra causa
que porque á nadie gusta
lo de su casa.
i64-
CUARTETAS^
Retrato de Celia,
Por milagro del amor
que á tu beldad me sujeta,
Celia hermosa 5 ya de poeta
me he transformado en pintón
Copiaré^ pues, tu belleza
en cuanto esté de mi parte,
consultando mas que al arte
á la fiel naturaleza.
Lo apacible de la luna,
cuando sus cóncavos llena,
para tu frente serena
es cosa muy oportuna*
Con risueños arreboles,
y coa luz graciosa y clara,
165.
en el cielo de tu cara
por ojos pinto dos soles.
Pongo en tus tiernas mejillas,
de carmín tirio bafíadas,
con azucenas mezcladas
encendidas maravillas.
Tus labios como rubies
ya dibujo; aunque contemplo
que hacen mas vivo el ejemplo
los claveles carmesíes.
Tu cuello. mas la pintura
dejo aquí, por preguntarte
¿como, si puedo pintarte,
no conozco tu hermosura?
Dame respuesta: y yo fiel
en tan precioso diseño,
ejerceré, dulce dueño,
lo que le resta al pinceL
í66.
Continuación.
Sigo pintando tu hennosa
imagen, divino dueño,
por ser de tu gusto empeño
de ocupación tan gloriosa.
Ya de tu cuello reclama
al pincel tanta blancura,
que ponga en él nieve pura,
donde amor temple su llama.
El mismo amor, si reflejas,
verás que cual otro Marte,
arcos y flechas reparte
entre pestañas y cejas.
Recta la nariz sutil
defiende á tus dulces ojos
de no medidos arrojos,
cual muralla de marfil.
Tus manos, cada una de ellas,
para poder figurarla,
167.
es necesario pintarla
con cinco azucenas bellas.
Tu pecho lo he de pintar
templo, en que los corazones
ofrecen sus libaciones
de amor en el sacro altar.
Lo que me falta prometo;
esto es, la alma del retrato:
la pintaré en otro rato
que lo permita su objeto.
Ahora parece que no,
porque al dar honesto un beso
á imagen tanta, confieso
que no sé como me vid.
Conclusión.
A la imagen corporal,
que retorico el pincel
ha trasladado al papel,
se sigue la espiritual.
i68.
Con esta noble porción
tu retrato concluiré,
y de todo sacaré
motivos de adoración.
De Sil infinito tesoro
pródiga naturaleza
dio gracias á tu belleza
esmaltadas de decoro.
Memoria dio á tu beldad,
didla un claro entendimiento,
la dio un blando sentimiento
. en su tierna voluntad.
¡Oh, cuan grande es tu hermosura
con tan inmenso caudal!
¡oh precioso original,
que ha copiado mi pintura!
Bien, d mal concluido estás,
¡ó retrato! por espejo
ve á mi dueño, aunque reflejo
lo muy deforme que vas.
Mas le lleva un dulce beso,
y otro, y otro, y ciento, y mil:
169.
|ay! no me culpes de vil
por un amoroso esceso.
¿Te ofendo, mi dueño? ¿di?
¿te hago injuria? ¿te hago agravio?
¡ay! sacrilego mi labio
me saca fuera de mí.
ít;^'^'>
ROMANCE.
Carta amorosa.
Regalado Naramío
tu carta recibí, á tiempo
que en visita ayer estaba
cierto bicho algo travieso.
Comuniquéle su asunto,
con todo lo mas secreto
12
170.
de este triste coraiíonj
do cual ídolo te tengo.
Y él, como á las musas trata,
que en amorosos em}3eños
son oráculos de aman Les,
é intérpretes de cortejos.
Prometióme invocaría
á todo el coro noveno,
para responder tu carta
en estos que él llama versos:
Conque en breve instante didmc
la fortuna un gran sujeto,
un secretario versista,
6 lo que llaman tercero.
Impuesto ya en el asunto,
dice por mí, como el eco
de mi voz, cuantas cosillas
mi boca le fué diciendo;
¡Ay ausente Naramío!
¿qué importa, querido dueño,
que el destino nos separe
con mil mundos de por medio?
171.
¿Qué importa, si nuestras almas,
con vínculo el mas estrecho
unieron á par ^de amantes
sus recíprocos afectos?
En vano el terrestre globo
se opone al rayo febeo,
pues en la luna miramos
sus apacibles reflejos:
En vano pues se interpone
la ausencia, cuando contemplo
en mi memoria el retrato
del sol hermoso que quiero;
y dulcemente inflamada
con mil gloriosos recuerdos,
te estoy viendo Naramío,
acá en lo mejor del pecho.
Acá, donde arde la llama
del casto amor que te tengo;
sagrada llama que atiza
la esperanza de himeneo.
Acá, pero Naramío,
¿qué dices, mi bien? ¿qué es esto?
172.
¿á donde me lleva, á donde
me arrebata mi deseo?
Desde que el ciego destino
me trajo por un desierto
á esta ciudad de Celaya,
que vo nombro mi destierro:
Desde que no me reclino
en esos tus brazos tiernos:
desde que no te hace un blando
reclinatorio mi pecho:
Desde que tu voz no escucho,
cual la . de grato instrumento
animado al suave impulso
de algún profesor maestro:
Desde que yo no te arrollo,
cual á un albo pichonzuelo
la candida palomilla,
haciéndote mil est remos:
¡Ay! no sé como esplicarte
las congojas que te ofrezco,
los suspiros que te mando,
las lágrimas que te vierto.
173-
¡Oh! asi paso el claro día,
y cuando el nocturno velo
cubre el orbe, y los mortales
se dan al triste silencio,
Entonces crecen mis ansias,
crece entonces mi tormento,
lev'antando de mis ojos
sus blandas alas el sueño.
Tal vez entonces te miro
en un fantástico vuelo,
haciéndome mil cariaos
que te correspondo luego.
Tal vez que de mí olvidado
vas en pos de otros luceros,
y que pero luego apago
las llamaradas del celo:
Que como yo no te olvido,
por un imposible tengo
que desprecies mis caricias
por halagos de otro ducñ.o.
Se va la noche, y el alba
me levanta de mi lecho,
174.
dejando en él las reliquias
de mi llanto, que es eterno.
Esta es mi vida, entretanto
ausente estoy de mi cielo:
¡Qué distinta á la que tuve
pendiente de tu albo cuello!
¡Oh gracioso Naramío!
correspdndele su afecto
á tu Rosena infelice
¿qué mas? basta, que no hay tiempo.
A mas de que el secretario
dice, que ya suena hueco
el órgano de su musa,
y podrá cascarse presto:
Pues pulsada cada instante
la tecla de amor, primero
le habian de faltar las flautas,
que á las mugeres requiebros.
«75-
ROMANCE.
A los dias de un amizo^
Para celebrar los días
del amigo que mas quiero,
préstame tu lira, Apolo,
y díctame hermosos versos.
Vamos^ comiénzame á dar
una luz de tanto fuego;
así de Daíii3 consigas
de tus amores el premio.
Qué ¿no lo haces? pues permit^t
Júpiter que en el Panéo
para tus sienes no halles
ni siquiera un ramo seco.
De esta suerte, amigo mio^
habí© coa el dio» de Delfoi^
17^.
y al fin de todo, no valen
ni maldiciones, ni ruegos.
Sin duda que no me hallo,
para >el caso bien dispuesto:
esto es.^ con la fantasia
templada al uso del tiempo:
Que produjera mil flores,
quemando vanos inciensos,
y ofreciera en tus altares
la lisonja y fingimiento.
Mas ¿qué importa, dulce amigo,
el que Apolo me haga gestos?
¿sabes tii que yo te estimo? '.
pues á Dios, que todo está hecho.
177-
DESPEDIDA.
Me voy^ me aparto^ me ausentoi
ya te lo dice mi llanto:
te quedas^ lo siento: \ay cuantoi
]ay cuanto^ mi bien, lo sientol
GLOSA.
Me salgo fuera de mi
al reflexionar llego
el día en que el hado falW,
que me apartase de tí:
Mas si lo dispuso así,
¿por qué resistirme in'ento?
¿no hay remedio? pues aliento,
á Dios, á Dios, ahucí mia,
que ya de tu compafíia
me voy^ me aparto^ me ausento^
El amor en tal estrecho
qué hacer confuso no sabe,
y el dolor apenas calDe
en los h'mites del pecho.
Ejemplo de males, hecho
á los golpes del quebranto,
siento el ausentarme tanto
de tus luces refulgentes,
cuanto en idiomas corrientes
^a te lo dice mi llanto.
Á Dios.... mas ¡ay! ¡qué tormento!
de nuevo el miedo me asalta:
me falta el valor, me falta
para ausentanne el aliento.
CadaVer vivo me siento:
mas ¿qué mucho? no me espanto,
si dejo en tí gusto tanto,
tanto bien y tanta gloria,
que aunque vas en mi memoria,
te quedas: lo siento: ¡ay cuantol
179-
Pero til ¿que lloras? no
eclipses astros tan bello»,
que no es justo paguen ellos
lo que es fuerza sienta yo;
Mas si el amor nos unid
con su propio ligamento,
nuestro duro apartamiento
es bien sientas por tu parte,
que yo también el dejarte
\ay cuanto^ mi bien^ lo sientol
1 8o.
BÍCIMA8.
/ Fila
en el campo, ^i)
Oye, Filis, lo sonoro
de melodiosas cadencias
que en acordes competencias
trina ya el volante coro:
Cada pájaro canoro
parece que está apostando,
y su piquillo variando
va con tan grato primor,
que un órgano volador
se está en el aire escuchando.
( I. ) Ki ^'-'e llegare á ieer qsías décimas, tendrá
mucho de que reír; pero el viejo Góngora me las
agradecerá. No es malo el cocsuclo. A.
i8i.
Mira tantos nacimientos
de arfoyuelos, cuya plata
zuzurraiido se desata
por esos valles sedientos:
Con uniformes acentos,
y compases distribuidos,
van quedando suspendidos
de sus músicos rumores,
hasta que en cama de flores
se quedan como dormidos.
Mira la hermosa arboleda
de verde pompa vestida,
y como que nos convida
á pasear por su alameda:
Alegre el ánimo queda
respirando la frescura
con que brinda la espesura
de los árboles, que son,
ya un toldo, ya un pabellón
á tu divina hermosura.
l82.
Mira cuantos animales,
en cuyas pintadas pieles
se esmeraron los pinceles
y dibujos naturales:
Tras de ellos van los zagales
tañendo y cantando amores:
así tienen por mejores
su liberl:ad, su cabana,
que aquel fausto que acompaña
á las ciudades mayores.
Mira la selva vestida
de un verde que por los ojos
se entra a quitar los enojos
de la alma mas aflijida:
En ella la comalida
oveja puede encontrar
cuanto tenga que desear:
la mesa para comer,
el campo para correr,
lecho para descansar.
183.
¡Dichoso yo, que á tu lado
ando el campo y sus florestas
en las mañanas y siestas
libre de todo cuidado!
Ahora siéntate en el prado,
á la orilla de esta fuente:
aquí. Filis, mutuamente
nos haremos mil amores,
y con guirnaldas de flores
nos ceñiremos la frente.
1 84-
r DÉCIMAS.
En la destriftcion
de unos papeles amatorios.
¿De qué me sin-e, papeles,
hijos de un bastardo amor,
veros con tanto favor,
si vosotros sois crueles?
Ingratos sois, sois infieles,
heredando el ser tiranos;
mas yo haré que vuestros vanos
y falsos prometimientos
sean en menudos fragmentos
el despojo de mis manos.
i85-
Confieso fuisteis amigos
en amorosos cuidados;
mas ya del todo volteados
sois tenaces enemigos:
De mi deshonra testigos,
vergüenza me da teneros,
pues mirándome severos,
sin que el corazón resista,
me hacéis gustar por la vista
los acíbares mas fieros.
Asi, pues, os he de hacer
pedazos, porque á mis ojos
no sois mas que unos despojos
de un ingrato proceder
Mas no esto solo ha de ser:
aun mas tenéis que sufrir...»
al fuego, al fuego habéis de ir,
que pues fuego el ser os dio,
fuego ha de ser, y no yo,
el que os ha de consumir,
13
i86.
Ya ardéis, y al punto ¡que horror!
de vuestras llamas las lenguas
al padecer tantas menguas
dicen ser fuego de amor:
Cuyo escaso resplandor
como un dia viene á ser,
con que yo consigo ver
mi oscuridad disipada ,
y que en breve instante es nada
el amor de una muger.
Ceniza os contemplo ya,
y aunque tan yerta y tan fria,
mañana, d en otro dia,
tal vez resucitará:
Mas no, que el viento será
vuestra total destniccion...,.
en alas del aquilón
volad, pues, y que el os lleve
á cubriros con la nieve
de la mas cruda región.
187.
Y mientras de mi presencia
su furor os arrebata,
la memoria que os combata
con golpes de la esperiencia:
Que aun en tan frágil potencia
teneros no es permitido,
y es remedio conocido
para un amoroso daño,
que lo lleve el desengaño
al sepulcro del olvido.
1 88.
DÉCIMAS.
A una Señorita que cogió la mania
de pedir versos al autor.
¿Versos quieres? un pie está:
no tiene el segundo pero:
¡qué fluido salió el tercerol
cata una cuarteta ya.
Este es el quinto: alia va
brincando el sesto: ¿qué tal?
no salid el séptimo mal:
este es el octavo: ahora
sobre el nono vé, señora,
una décima cabal.
189.
¿Quieres otra mejor que esta?
¿y de qué saldrá mejor?
¿quiéresla, mi bien, de amort
sin tí no se hará la fiesta.
¿De zelosl pero me cuesta
muy caro este mal por tí.
Vaya de ausencia ¡ay de mí!
que me dá tantos enojos,
porque no miro tus ojos:
cata otra décima aquí.
Vaya de amor^ porque toda
el alma tó sacrifica,
cuando entre chanzas te esplica
que entre veras me acomoda.
Desde luego que la boda
no permitirá tardanzas,
si á las dulces esperanzas
<
propicia correspondieras,
haciéndose amor de veras
el amor que anda con chanzas.
1 90.
En fin, cuando el verso acabo,
hallo por modos diversos,
que es muy facíl hacer versos
de estos, de que no me alabo.
De ser tu amoroso esclavo
sin duda me alabaría:
y creo te parecería,
si no me engaño, mejor
el acento de mi amor,
que la voz de mi Talía,
DÉCIMAS.
A mi corazón.
Corazón, corazón, di
¿qué sientes, di, corazón,
que con recia pulsación
'^alirte quieres de mí?
Mas ya la causa advertí,
y creo no ser desacierto,
porque quedando yo yerto
de una pena tan tirana,
tií por irte con Rosana
salir quieres vivo ó muerto.
Razón tienes, corazou,
que supuesto ella es tu dueño,
procuras el desempeño
de tu dulce obligación:
Ve pues, dile la ocasión
tan penosa en que me ves,
y te encargo que después
á sus pies sirvas de peana,
porque es justo qnc Rosana
tal peana tenga á sus pies.
i9«.
DÉCIMA.
A Lisi
por el fuego que le salió á la boca.
Ese fuego es prueba clara,
que ya de tu amor tenemos,
¡ay Lisi! y por lo que vemos
siempre el mal sale á la cara:
Y cuando á todos declara
de tu interior la pasión,
se convence la razón,
con atención á que vale
decir, que á los lábics sale
lo que está en el corazón.
DÉCIMA. (l)
A unos ojos.
Cuando mis ojos miraron
de tu cielo los dos soles,
vieron tales arreboles
que sin vista se quedaron:
Mas por ciegos no dejaron
de seguir por sus destellos,
por lo que duélete de ellos,
que aunque te causen enojos,
son girasoles mis ojos
de tus ojos soles bellos.
( I. ) Esta produccloncllla fué el primer gorgco
de mi musa. A.
194-
péciMA»
En una ausencia^
Las lífgrímas que encerráis
¿para cuando, ojos, queréis?
Si á vuestra Filis no veis,
ojos, ¿por qué no lloráis?
Mas ya el descargo me dais
formando copiosos ríos:
lloradj pues, tantos desvios,
llorad ausencias fatales,
llorad, llorad tantos males,
llorad, llorad, ojos míos.
195- *
DÉCIMAS»
El amor Carmelita.
Empeñado en la hermosura
de Nise, el amor un día
su retrato disponía
en retorica pintura.
Mudar quiso de figura
para la vez de pintor,
y por singular favor
con su madre solicita
lo transforme en Carmelita.
¡Qué lindo que está el amor!
¿Conque á mas de niño, loco?
pues si se viera á un espejo,
sin tener trazas de viejo
él mismo se hiciera el Coco:
J96.
Cuando su capricho toco,
en discursos me desvelo,
preguntando al diosezuelo
¿que hado siniestro le apura,
á que pinte la hermosura
vistiéndose de Carmelo?
Pues qué, ¿el pintar con esmero
una belleza sin par,
es lo mismo que jugar
á las damas del tablero?
O ¿qué piensa el dios certero,
que esa tu cara divina,
miniatura peregrina
de raros modos y nuevos,
es arroz, pescado, huevos,
tí otro embrodio de cocina?
Nada vale. Se presenta
el amor en su aparato.
¡Qué lindo salió el retrato!
de su original^ afreqta.
^97*
¿Y así Nise está contenta?....
Esto es lo que mas me irrita.
Por tu cara tan bonita,
Nise, ruégale al amor,
que cuando haga de pintor
no se meta á Carmelita.
QUINTILLAS.
Duda amorosa.
Si por una cosa rara
dos corazones tuviera,
en uno Filis entrara,
en otro á Ddris pusiera,
y así á las dos contentara.
Pero si uno solo tengo
no podré darlo á ninguna,
porque luego me detengo
en que si lo doy á la una,
al rigor de la otra vengo.
Darlo á las dos es buscar,
si se examina despacio,
guerra en que siempre han de estar;
porque en un solo palacio
. dos no pueden gobernar.
Que hacer en tal confusión
no alcanzo; mas si supieraj
que no habia de haber cuestión,
sin duda á cada una diera
la mitad del corazón.
Así una vez discurria:
y amor que en mi pecho estaba,
en lo interior me decía:
que si á dos darlo pensaba,
á ninguna lo daría.
Que es ley la mas oportuna;
aunque de ua tan ciego dios,
Í99-
que se quiera á sola una;
porque aquel que quiere á dos
no quiere bien á ninguna.
Luego el corazón le di
á Ddris; y mal pagado,
al punto me arrepentí,
de que no le hubiera dado
á Filis; ¡Triste de mí!
ENDECHAS REALES.
A un canarito de Celia*
¡Ay, pobre canarito^
Que con flébiles ayes
Llamas al dulce dueño
Que te llevo la muerte inexorable!
¡Ay triste, y como llenas
De suspiros los aires
Que volverte no pueden
A nueva vida la consorte amante!
200.
jAy! como representan
Tus lúgubres cantares
El amor que perdiste,
Amor difunto que en la nada yace.
Suspende de tus quejas
Los fúnebres compaces,
Con que á llanto provocas
Al coro alegre de las dulces aves.
Parece que refieren
Los sabrosos instantes
Que en el mullido lecho
Son premio dulce de desvelo amante.
Procura ¡ay! sí, procura
De tu dueño olvidarte,
Y sea total remedia
Para tanto dolor un nuevo enlace.
Ya de la hermosa Celia,
Movida á tus pesares
La ternura, se empeña
Para que en otro amor alegre cantes.
!JOI.
Págale sus oficios.
Sus oficios tan grandes
De ternura, con quiebros
Que trinas á la aurora cuando sale#
¡Que bella pajarita
Te presenta! ¡Qué talle!
¡Qué ebúrneo su piquillo!
¡Qué pintado, y qué muelle su plumage!
Llévala al dulce nido.
Que puedo asegurarte
Que todos serán gustos,
Pues de los muertos no hace aprecio nadie.
a
202.
DOS TRADUCCIONES
DE UNOS VERSOS DE GALO.
PRIMERA. ■
Lidia bella, muchachita blanca
Mas que leche y que candido lirio;
Mas que rosa, que es alba entre rubia^
Y que indianos marfiles bruñidos.
Muchachita, desata, desata
El trenzado de esos cabellitos
Para ver en tus candidos hombros
Hilos de oro luciente esparcidos.
Sus estrellas me muestren tus ojos,
Y sus cejas en forma de arquiíos;
Y también tus mejillas me muestra,
Que se bañan con grana de Tiro.
203- .
Llega acá con tus labios corales,
! Y me da cual paloma besitos:
Una parte de mi alma te llevas:
Hasta el pecho tu boca he sentido.
¿Por qué agotas mí sangre que aun corre?
Tapa, tapa tu blanco pechito:
Ese pecho, muchachita, cubre, f
Que se enyema del néctar ungido.
Cinamomo se esparce en tu seno:
El placer se suscita contigo:
Tapa, tapa tu pecho amoroso
Que me tiene dulcemente herido.
Qué ¿no ves cuando enfermo me quejo
Mis amores? cruel eres conmigo.
Muchachita, qué ¿así me abandonas .^
Casi muerto, y á tus pies rendido?
%^
::o4.
SEGüNDAt
•^CD'^
Lidia hermosa,' mas alha
que la leche y que el lirio,
líias que la rosa que une
lo blanco y lo encendido.
Mas que el iríarñl que aprecian
los orieniales indios,
y que por diestra mano
resplandece bruñido.
Esparce, niña, esparce
tus rubios cabellitos,
y que en tus hombros vaguen
como dorados hilos.
Denme luz las estrellas
de tus ojos divinos,
y de tus cejas negras
me muestra los arquitos.
205.
Tus mejillas rosadas,
que en purpura de Tiro
recibieron lo rojo,
déjame ver, te pido.
Llega acá coa tus labios,
tus labios coralinos,
y dame cual paloma
muy sabrosos besitos.
Una parte de mi alma
te llevas; y percibo
al tiempo xfue me besas,
el corazón herido.
¿Por (¡ué, por qué me dejas
de este modo^ bien mió?
Ese pccliito esconde
de néctar comprimido.
En tu seno conducejj ,
cinamomo esparcido,
y manan de* onde quiera
los placeres contigo.
Esconde, niña, esconde,^,-^
tu nevado, pechito,
806.
porqué todo me quemo
con cuanto en este miro.
Qué ¿no ves lo que paso?
tirana eres conmigo.
¿Casi muerto me dejas,
cuando por tí suspiro?
EPIGRAMA
Del Amor arando.
Traducido del idioma griego al latino^ y di
[este al castellano.
El rapaz cujiidillo
dejando el arco de oro,
pone oportunamente
la alforja sobre el hombro*
207.
Arroja la hacha ardiente,
coge el callado corvo,
y unce los mansos bueyes
bajo del yugo tosco.
Con mala íe a la tierra
da la semilla, y pronto
dijo, alzando la vista
al estrellado polo:
Haz, d Júpiter sumo,
este campo abundoso;
si no liare que bajando
de tu luciente trono,
Lleves el yugo infame,
(otra vez como toro)
de Europa, que sin duda
es yugo el mas gravoso.
205.
PARÁFRASIS
Del mismo Epigrama.
De los candidos hombros abajaba
El dorado carcax amor un dia,
Y en su lugar ponia
La alforja que á proposito llevaba.
Ygualmente arrojaba
La abrasadora tea
Y el grosero cayado apercibia.
Y á los uncidos bueyes dilijente
Para que abran el sulco aguijonea:
Ya esparce la semilla conveniente
En el fecuiido. preparado suelo,
Y dice: (levantando al claro. cielo
Sus ojos) haz, ¡d Júpiter! que vea
Jja siembra acrecentarse en mi decoro;
200.
: Si no quieres que sea
Tu deidad convertida en manso toro:
Y te veas obligado
Por quien otra ocasión hacerlo pudo,
A llevar aquel yugo tan pesado
De Europa, con infamia de cornudo»
^^' ^Sí^&i
A Clori
con una calandrita.
Clori, Clori, restaure mi aliento
De tus ojos la dulce alegria,
Tu presencia mas suave que la alba
¡Ay, zagala! me dé nueva vida.
Humedece con lágrimas tiernas
El cadáver de esta calandrita
210.
Que del nido materno robaba
Para traer á tus aras divinas.
A tu influjo esperaba creciera.
Descubriendo la pluma amarilla,
Que con negra formara un ropage
Mas galán que la tela mas rica,
Pareciame escuchar los gorgeos.
Que á tu voz hechicera aprendía,
Cuando jaula de mimbres delgados
Defendiera de aleones su vida.
Pero en medio de imágenes gratas,
Empujando con alas blanditas
De mi mano se sale, y se sube
De un arbustos en las verdes ramillas.
Fiero can, que la sigue, la coje;
De sus fauces mis ansias la quitan,
¿Pero como, mi Clori? exhalando
Mi esperanza halagüeña en su vida.
Los zagales al son de sus flautas
Su tragedia cantando, repitan:
Avecillas que libres se pierden,
Es mejor que se logrea cautivas.
A Clori
eotí unos pichoncitos.
A estos dos ipichoncítos que en dulce
Y amoroso concurso tuvieron
Dos amantes fecundas palomas
Nuestra choza destinan los cielos.
A la escuela de amores felices
Defenderse podía que vinieron,
Si los dos con empeño tomamos
Su enseñanza en los dulces estremos.
Aprended, palomillos dichosos,
Las lecciones que dicta el afecto:
Ved en Clori inocentes halagos,
Y en su Silvio cariños honestos.
¡Ay! no quiera la diosa de Chipre
Que su carro tiréis con el tiempo,
2If.
Que aunque sois de tan candidas plumas
Quedareis maculados muy presto.
¡Cuanto^ Clori, cuanto nos amamos!
Pues atados con vínculo estrech^o^
Me parece que vienen las av^es
A tomar de nosotros ejemplo.
Alegraos, alegraos, pasíorcillas,
Y tocad los festivos panderos,
Mientras cantan alegres las aves
Al amor, que nos hace maestros..
Cloriy y Silvio
comiendo duraznos..
Mientras pacen las blancas corderas
Verde grama y tomillo oloroso,
Comeremos, zagala^ estos frutos
A la sombra que ofrecen los olmos*
¡Que durazno! parece que muerdo.. •/•
Un carrillo del dueño que adoro
De mi Cíori.... de tí, por quien vivo
Encantado en los valles y sotos.
Dame tú ese que ya has comenzado.....
Toma tú este.... ¿cual es mas sabroso?
El que' tiene, mi Clori, el almibar
Que destilan tus claveles rojos.
. Bendigamos al numen que manda
La estación del fructífero otoño,
Y los' gustos cantemos del campo,
Que no tienen los poblados todos.
ROMANCE ENDECx'lSíLABO.
A los ojos de Clori.
Grabiosas luces de la Clori mia,
Estrellas claras de esplendores tiernoSj
Albas risueñas, soles agraciados.
Ojos divinos que me veis serenos:
214.
Como las montes se estremecen cuanda
Rayos fulminan los airados cielos.
Así mi pecho, que se siente herido
Sin causa alguna, del enojo vuestro.
¿Hasta cuando esas niñas cariñosas
No me vuelven á ver como riendo?
Tomad al gusto con que me mirabais,
Risueñas niñas, en alegres tiempos.
Miradas dulces sobre el triste Silvio
Benignos esparcid, habladme tiernos,
Habladme tiernos, como siempre fuisteis:
Volved á vuestro amor, ojos parleros.
Tiernos, y alegres, y blandos, y dulces,
Divinos ojos de amoroso fuego.
Convertid vuestras iras formidables
En calma cel^tial, ojos serenos.
Así los dioses a mañana y tarde
Lücir os hagan en lugar de Venus,
Y así hs misas os compongan himnes
Que cante Silvio vuestro zagalejo.
315.
ROMANCE ENDECASÍLABO.
En la muerte
de un Lorito.
Psittacus Eois immitatrix oles ab Indis^
Occidit. Exequias ite frequenter^ aves.
Ite^ piae vólucres'^ et plangite pectora pennis\
Et rígido teñeras ungue nótate genas.
Hórrida pro moestis lanietur pluma capilüs:
Pro longá résonent carmina vestra tuba.
OVID. LIB. 2? AIVIOR. ELEG. 6?
La muerte de un gracioso pajarillo-
Llortí CATULO con dulzura tanta
Como que era el que hacia las delicias
Y el recreo todo de su Lesbia amada.
Recuerda con ternura y sentimiento
Sus gracias todas que eficaz retrata,
£l6.
Y aquellos movimientos inocentes
Con que á sn hermosa Lesbia tanto agrada.
De su hechicero seno á un lado y otro
El tierno animalito se volaba.
Cuidando siempre de volv^er gozoso
Y nunca tarde a su envidiable estancia.
Lloro también el dulce y suave ovidío
De un perico la muerte desdichada,
Manso, hermoso, locuaz y lleno todo
De encantadoras y sublimes gracias.
El fué de una inocente tortolilla
Anáigo íieL, sin que jamas notara
Ninguno en ellos la mas leve riña;
Cosa en sus semejantes bien entraña. .
El fué parco y frugal, pues solamente
Vivid de comer nueces y 'alguna agua:
Tan amoroso y tierno, que hasía,.de.esío.
Si le hablaban de amores, se olvidaba.
El en fia mereció y logro la dicha
De agradar á Corina, y su palabra
Ultima fué un funesto y triste vale
Con que su alma sensible le tiaspasa. ^
217.
¿De qué te sirvió cliine, esclama Ovidio,
La fe á tu tortolilla tan guardada?
¿De qué tu hermosa variedad de plumas,
Y la dulzura de tu graciosa habla?
¿Qué te aprovecha el don inestimable
De agradar á Corina? ¡oh suerte infausta!
¡Ay! yaces infeliz^ funesta gloria
De cuantos pueblan las regiones aéreas
Asi sigue, señora, lamentando
El genio dulce la fatal desgracia,
Y así de vuestro amado periquito
Quisiera cantar yo, y os agradara.
Pero tan incapaz me reconozco
De esto, que solo quiere mi ignorancia
Remedar la esprcsion y los acentos
De la lira mejor de las romanas.
Venid piadosas, tiernas avecillas,
A llorar sobre la urna desdichada
Del mas gracioso loro que ser pudo
Despojo triste de la horrible parca.
Romped vuestro plumaje hermoso y ricot
Herios los pechos, azotad las alas,
15
/
2l8,
Y Óiganse vuestras quejas y lamentos
En la región que esté mas apartada.
Llorad zenzontles, y canarios suaves,
Tórtolas. gorrioaciíloSj y calandrias,
Llorad la muerte del perico amable
Que se ha robado Láchesis avara.
¿Tanto importaba, muerte, á vuestros triunfos
Esta avecita que Joaquina amaba?
¿TNo tienes allá tantos que publiquen
Tu gran poder y fuerza ilimitada?
¿El rico Creso, el elocuente Tulio,
El valiente Scipion, mi hermosa Clara,
No te dan todavía bastante gloria?
?Aun no demuestran tu fiereza y saña?
Pues ¿por qué á esa ave amable é inocente
Haz hecho triste objeto de tu rabia?
¿Quisiste acaso castigar su dueño
Por la ternura fiel con que la amaba?
Pero sea lo que fuere, ya no existe,
Y dentro de muy breve será nada:
Gravemos pues por ultimo en su losa
Lo que Ovidio hm eu h del otíOj y ba,sta,
219-.
EPITAFIO.
Desde este triste leteo
que es propia imagen del suefíOj
agradarán á mi dueño
mis canciones y gorgeo:
Supuesto , pues, que aun poseo
aquella dulce armonía
y admirable melodía
del ave mas docta en canto,
y así convierta su llanto
en la mayor alegría.
LA MAÑANA.
Ya se asoma la candida mañana
Con su rostro apacible: el horizonte
Se baña de una luz resplandeciente,
Que hace brillar h cara de los cielo3#
220.
Huyen como azoradas las tinieblas
A la parte contraria. Nuestro globo.
Que estaba al parecer como suspenso
Por la pesada mano de la noche,
Sobre sus firmes ejes me parece
Que le siento rodar. En un instante
Se derrama el placer por todo el m.undo.
¡Agradable espectáculo! ¿Qué pecho
No se siente agitado, si contempla
La milagrosa luz dei almo día?
Ya comienza á volar el aire fresco,
Y á sus vitales soplos se restauran
Todos los seres que hermosean la tierra.
El ámbar de las flores ya se exhala
Y suaviza la atmosfera: las plantas
Reviven todas en el verde valle
Con el jugo sutil que les discurre
Por sus secretas delicadas venas.
Alegre la feraz naturaleza
Se levanta risueña v ao;radable:
Parece cuando empieza su ejercicio,
Que una mano invisible la despierta.
2 21.
Retumban los collados con las voces
De las cantoras inocentes aves:
Susurran las frondosas arboledas,
Y el arroyuelo brinca, y mueve un ronco
Pero alegre murmullo entre las piedras.
¡Qué horas tan saludables en el campo
Son estas de la luz madrugadora,
Que los lánguidos miembros vigorizan,
Y que malogran en mullidos lechos
Los pálidos y entecos ciudadanos!
Todo escita en el alma un placer vivo,
Que con secreto impulso la levanta
A grandes y sublimes pensamientos.
Todo lleva el carácter estampado
De su hacedor eterno. Allá á su modo
Parecen alabar todos los entes
La mano liberal que los produce.
Todo se pone en pronto movimiento:
Cada cual de los simples habitantes
Comienza su ejercicio con el dia.
Tras su manada de corderas blancas
Leda la pastorcilla se entretiene,
222.
Tejiendo una guirnalda, que matiza
De varias flores para su alba frente.
El baquero gobierna su ganado.
Que se dilata en el hermoso ejido.
El labrador robusto se dispone
Para el cultivo del terreno fértil.
Vóime al sembrado que la providencia
Con su invisible diestra me señala:
Sufriré el sol ardiente; pero alegre
Con los frutos sazones y abundantes
Que los sulcos me dan que beneficio*
Apagado el bochorno de la tarde.
Me volveré á mi choza apetecible,
Morada de la paz y de los gustos,
Donde mi esposa dulce ya me espera
Con sus brazos abiertos: mis hijitos,
Después de recibirme con mil fiestas^
Penderán de mi cuello: ciertamente
Que vendré á ser entonces como el árbol
De que cuelgan racimos los mas dulces.
¿Y he de trocar entonces mi cabana.
Aunque estrecha y humilde, por el gifandé
223.
Y soberbio palacio, donde brilla
sComo el sol en su esfera im señor rico,
Pisando alfombras con relieves de oro?
Nada menos. Tampoco este instrumento,
Este instrumento rustico y grosero.
Bienhechor, que me da lo necesario
En todas las urgencias de mi vida.
Por el cetro brillante que un monarca
Empuña con su diesira poderosa.
No cabe el gozo dentro de mi pecho;
Ni de alabar me canso en la mañana
Al padre universal de las criaturas.
Que miro en e:va luz madrugadora.
Sin dejarlo de ver en las restantes
Producciones tan gnindcs de su seno.
¡Oh cuantas! ¡cuales son! ¡y qué admirables!
Pero ninguna como el alba hermosa,
Que parece que á todos les da vida,
Embiándolcs la luz de su semblante.
¡Oh, risa de los cielos, y alcgria
De estos campos felices! Precursora
De los rayos del soK yo te saludo.
2S4.
Las frescas sombras, las campiñas verdes,
Las fuentes claras, los favonios blandos,
Las aves dulces, y las flores tiernas,
Te saludan también allá á su modo.
Su faz hermosa la naturaleza
Sacar parece del sepulcro ahora:
Todos sus entes cobran nueva vida
A tu presencia dulce y agradable.
Corren las fieras á sus cuevas hondas,
Brincan las cabras, los corderos balan,
Llaman las bacas á sus becerrillos.
Mugen los toros, y responde el eco,
Que sale de los montes retumbando.
Los pastorcillos, y las zagalejas,
Sonoros himnos canten al eterno
Autor que baña tu semblante hermoso
De tan alegre luz por la mañana.
225-
SUEÑO ALEGÓRICO.
CANTO EN OCTAVAS,
Cuando dormimos pasamos á un nuevo
mundo que algunas veces (siendo todo ideal^
y una simple representación del que habita--
mos) nos ofrece nuevas ocasiones de reflexio-
nar sólidamente nuestra alnia^ que siempre
está en ejercicio. Caracciolo en el Goza.
I. Ya que la fuerza de mi edad lozana
Con treinta años de peso se rendía,
Hallábame en la corte Mexicana
Enfermo de mortal hipocondría:
Entonces una noche mas temprana,
Y mas triste que nunca, parecia
Arrojarme del sueño á los umbrales, »
Porque viera un enigma de mis males.
12 6.
fi. Entróme en unos huertos deliciosos^
A quienes Priapo ve con blando ceño,
FrescoSj alegres, verdes, olorosos,
Y ultima prueba de su autor el sueño:
De sus bosques espesos, pero hermosos,
Al paso me salieron, ¡dulce empeño!
Dos Ninfas que me ponen en sus brazos.
Cual incauta avecilla en muchos lazos.
m. Portaba un canastillo la primera
De frutos los mas gratos y sazones:
Brindóme de ellos para que comiera
Con estilo que vence corazones:
¿Quien habrá que resista á una hechicera-
Tan dulce en sus políticas funciones?
Brindóme ¡ay cielos! y á la nueva instancia.
De sus frutos comí con abundancia.
IV. De rubio néctar una copa bella
La segunda á los labios me llegaba;
Mas el influjo de benigna estrella
Su poder y mi ruina me anunciaba:
227*
Temeroso resístome; pero ella
Como toda razón atropellaba,
Diome vino á beber, que sin disputdí
De mi vergüenza fué letal cicuta.
V. Cuando por una verde celosía
Asomase otra Ninfa á mis recreos,
Que con el fuego que en su rostro ardia
Abrasa la región de los deseos:
Sale: dame la mano ¡suerte mia!
Este sí fué el mayor de mis trofeos.
Pues la esplique mi amor, y en el instante
Se asomd la sonrisa en su semblante.
VI. Arroyos de cristales derretidos^
Y cantares de dulces ruiseñores
Suavemente embargaban los sentidos
En lecho blando de mullidas flores:
Los tiempos lamenta'banse perdidos,
Cuando á estorbar de Venus los amores
Aparécese un viejo, y dando un grito,
Llena de espanto tQdo aquel distrito.
228.
VII. Huyen las Circes, como del sembrado
Se levantan las aves al estruendo
De la piedra que la honda ha disparado:
El risueño pensil vuélvese horrendo:
Ya el anciano su brazo ha levantado
Dame un golpe^ y del éxtasi volviendo
Mis vicios lloro; pero luego canto
Lleno de gusto el desengaño santo.
IDILIO.
La Zagala en el bosque.
Frondoso bosque, cuya fresca sombra
Mis perdidos alientos restauraba,
Cuando de tierna grama en verde alfombra
Un pérfido pastor me acariciaba,
Todo el tiempo lo acaba..,.
229.
¡Ay, Silvio, Silvio, Silvio, ingrato dueño!
Puesto que ya sacudo el fatal sueño
De prolongados años
Que entretuve el amor en tus engaños,
Es fuerza que despierte,
Y que vea en adelante de otra suerte.
De este modo una bella zagaleja,
Cuando de Silvio cruel triste se queja,
Del alma abre los ojos,
Y alivia los enojos
De un amor ofendido; concluyendo
Con aquestos renglones
Que en el tronco de un árbol va escribiendo
Para alivio de incautos corazones.
Zagala, tu amor conten,
Si lo quiere algún zagal,
Pues si Silvio pagd mal
¿Quien habrá que pague bien?
ÉGLOGAS.
ADVERTENCIA
DEL EDITOR.
Compuso el autor las dos siguiente»
¿GZOGAS siendo muy joven^ cuando por lo
mismo aun no podia poseer todos aquellos co"
cocimientos que se requieren en este ramo
de la poesia: Asi lo espresó en un cuader*
no escrito de su puño^ donde dice: que na
las estraia de ese lugar, porque no escribía
para el publico; sino para los amigos pri-
vados. Sepa también el lector^ que la forma*
don de ellas fué obra de poquísimo tiempo^
232.
ÉGLOGA PRIMERA.
EL AMANTE MAS FIEL
DE LOS PASTORES.
DEDICATORIA.
A ti, con quien mi amor en algún dia
De mi albogue al compás triste cantaba,
Y tu voz sus cadencias alternaba,
Cual eco que mis ayes repetia:
A tí, que de mis penas la porfía
Por la estrecha amistad que nos ligaba,
De suerte el corazón te traspasaba.
Que la llorabas tuya, siendo mia:
A tí, Berardo, á tí justo es resuelva
Dedicar este afán, corto servicio,
Porque así á respirar contigo vuelva;
Acepta, pues, de amor el sacrificio
En versos que las ninfas de la selva
Escucharon de Mopso y de Fenicio.
233-
ÉGLOGA.
POETA, MOPSO, FENICIO.
POETA.
Ya las nocturnas aves
Del monte horrorizaban la espesura
Con sus lamentos graves,
Y el negro velo de la noche oscura
Bajando de la lóbrega montaña
Se estendia á la rustica cabana:
Cuando Fenicio herido
I Del acerbo dotor que le atormenta,
I Del mal entretejido
Alvergue pastoral triste se ausenta,
Para dar sin medida á su quebranto
El infeliz consuelo de su llanto.
i6
234.
Un cayado grosero
Sli débil contestiira susteirtaba,
Ei rostro lastimero
Sobre el cansado pecho reclinaba,
Y acia al suelo doblando su estatura.
Un espectáculo era de ternura.
En traza tan penosa
Poco á poco los pasos dirijia
A la montaña umbrosa,
Y en llegando á su espesa serranía^
De esta suerte, sentándose en un tronco^.
Desato dé su voz el eco ronco.
í'ENicro.
¡Oh noche, á mi tristeza acomodada!
' ¡Asilo de mi grande sentimiento!
A tu silencio solo revelada
La causa puede ser de mi tormento:
Diga pues mi dolor la voz cansada,
y salga de este pecho el mal que siento:
235-
Siendo testigos las montañas rudas.
Las peñas sordas, y las selvas mudas.
Que aunque siempre, serán quejas en vano.
Pues mi mal ¡ay de mí! no tiene cura;
No sé qué de consuelo el pecho humano
Siente con espresar lo que le apura:
Hable pues de mi dueño que tirano
Mi pena, mi dolor, mi mal procura:
De Ddris, sí, de Ddris tanta mengua
Que siente el corazón diga la lengua.
¿Que motivo ¡ay dolor! ingrata fiera.
Pudo dar ocasión á tal desvio,
Que ofendiendo mi amor y í'ó sincera
Sujetas á otro amante tu alvedrio?
¿Por ventura no soy el que antes era?
¿Pues como ya te enfada el amor mió?
¿Como así con tan súbita mudanza
Muere tu amor, acaba mi esperanza? .
¿A donde está el amor y la fé pura
Que en aras de tu pecho me juraste?
¿A donde retiraste mi ventura,
Y de mí tan cruelmente la apartaste?
236.
¿A donde mi regalo y mi dulzura,
Y en ellos mi alma y vida te llevaste?
¿A donde? ¿á donde, di, Doris, á donde
Tanto bien ¡ay de mí! lu mal me esconde?
¿Conque llego por fin tu atrevimiento,
Sin alma, sin razón, sin fe, sin juicio^
A quebrantar el mutuo juramento
Con que al amor hicimos sacrificio?
Mas que fiera con tal procedimiento
Te acreditas ¡ay Ddris! con Fenicio:
Mas que fiera.... sí, Doris ¿quien creyera?
¡Ay Ddris, Ddris Ddris mas que fiera!
¡Qué traición! ¡qué rigor! ¡qué alevosía.
Ofendiendo mi amor, es la que has hecho!
Pues cuando el daño menos precavía,
Porque estaba, aunque mal, muy satisfechoj
Le robaste el contento á la alma mia,
Dándole a otro pastor tu fácil pecho:
Mas allá de la negra infamia toca
Lo alevoso de tu hecho, y acción loca.
¿Quien creyera que ingrata me pagaras
Con tanta falsedadj tanta vileza.
237.
Los tiernos holocaustos que á tus aras
Ofrecía cuotidianos mi fineza?
Oa s¡ tu culpa á conocer llegaras!
Quizá mirando entonces tu bajeza,
Por no manifestar perdido el juicio.
Amaras como de antes á Fenicio.
Mas si apartado estoy de tu memoria^
Y por otro llegaste á mal quererme,
¿Cuando podré gozar mi antigua gloria?
¿Cuando podré en tus ojos complacerme?
¿Cuando podré de amor cantar victoria?
¿Cuando en tus dulces brazos podré verme?
¿Cuando podré?... ¡ay de mí! no tienen cuando
Los regalos de amor que estoy llorando.
¡Ay! que de rabia y colera rebiento,
Mirándome por otro desdeñado:
El corazón del fiero sentimiento
Parte á parte lo tengo traspasado:
Desmáyase el valor y el sufrimiento:
Y del remedio ya desesperado,
Para aplacar un tanto mis enojos.
Lloran hasta cegar mis tristes ojos.
238.
POETA.
^ Aquí quedóse mudo.
Porque el dolor el pecho le oprimía:
Y cuando ya no pudo
Con la lengua esplicarse, se valia
De los 0J0S5 que son mas elocuentes
En idiomas de lágrimas corrientes.
Del tiempo la balanza
Ya con iguales horas se movia,
Y sin tener mudanza
En sus lágrimas tristes, parecia
Que para dar alivio á sus enojos
El alma liquidaba por los ojos.
Cuando á breves instantes,
Como el cielo de nubes revistiese
Sus antorchas flamantes,
Y sus faldas el monte estremeciese
De loé horrendos truenos al amago.
Esperando en sus troncos el estrago:
239.
Como enojado el viento
Corriese por la sierra^ despojando
De su hojoso ornamento.
A las plantas con que iba tropezando:
Y quédase aquel sitio de tal modo.
Que infundiendo pavof estaba todo:
Enjugando su llanto, •
Á la rotura de una bruta peña
Retiróse entretanto
El cíelo daba de sereno scña^
Que ya^ según lo mucho que llovía^
En agua al parecer se deshacía.
Con quietud procuraba
Mitigar por entonces sus cougojaS;,
Y la noche pasaba
En el lecho fetal de ásperas hojas^
Dando alivio á sus ojos entre tanto
Que volvía de nuevo al . triste llanto.
En fin, ya el claro día
Daba para llegar pasos violentos,
Y puesto en armonía
El curso de los bravos elementos,
24o.
Se asomaba la aurora a su ventana
Alegrando la candida mafíana.
Entonces la caverna
El infeliz pastor desamparaba,
Y á tierra mas interna
Sus trabajados pies enderezaba;
Cuando Mopso saliéndole al camino,
Los pasos le estorbo de su destino.
Era este un ganadero
De distinta cabana, que habia sido
Su amado compañero
En otro tiempo, porque habian vivido,
Teniendo sus albergues inmediatos.
Probando su amistad con fieles tratos.
Después que se pagaron
Algunas' afectuosas espresiones
Que siempre acostumbraron
Los amigos en tales ocasiones,
A la sombra de un roble se acogieron,
Y principio á su plática pusieron.
s4i*
FENICIO.
¿Qné fin de tu cabana te ha sacado
Quieres decirme, amigo el mas querido?
MOPSO.
Dorisa, la zagala á quien he dado
Por justo premio el corazón rendido.
FENICIO.
Dichoso aquel amante que pagado
VivCj sin las ofensas del olvido;
No así yoj Mopso: escucha de mi historia
Mil cosas que enternecen mi memoria.
A tiempo que sus bodas celebraban
Dos amantes dichosos cierto dia,
A los campos me fui donde se hallaban
Con música espresando su alegría.
242.
Acerqueme curioso á donde estaban
Las zagalas, y aun no bien recoma
La vista desgraciada, cuando luego
Cual con la luz del sol me quedé ciego.
Era Ddris, la misma que al instante
En su mirar risueño prometia
Ternura á mi cariño titubeante
Que mi rendido pecho la ofrecia:
Entonces parecióme que de amante
Venturoso la suerte me seria;
Pues saliendo á mis labios mil arrojos,
Se asomaban afectos á sus ojos.
Dieron fin á la fiesta los pastores,
Y acompañarla ofrezco hasta su casa;
Mas temiendo del vulgo los rumores.
En admitir la oferta anduvo escrcsa:
No juzgué sus reflejas inferiores,
Como que sé lo que en el mundo pasa;
Y así me despedí tocando ufano
Albos jazmines de su blanca mano.
A .mi alvergue me fui; y aimque pudiem
Facilitar consuelos la esperanza.
i 243-
El carazon^ se abrasa, y una hoguera
En suspiros de amor afuera lanza:
La deidad de la noche en su carrera
Soñolienta pasaba con tardanza:
Pero habiendo llegado el claro dia,
I A la casa de Ddris me partia.
\ De nuevo me enardesco, y cuando intento
•Aliviar con su vista mi quebranto,
Los incendios de amor hallan fomento^
jY los deseos crecen otro tanto:
¡Freno pon^o á cualquier atrevimiento
ITemiendo un disfavor; mas entre tanto
'No dejaba el amor de hacer conquista,
Ya que no con la boca, con la vista.
Repito mis visitas obsequioso:
Y cual soldado en la campaña instruido
Ya se muestra cobarde, ya animoso,
Ya triunfante en la lid, d ya vencido:
De la misma manera cauteloso,
Me hago ya despreciado, d ya querido:
Oportuna materia para luego
A la mina de amor prenderle fuego*
244.
En este aunque amoroso, triste estado
Sujeto del honor á la cadena,
En la cárcel del pecho aprisipnad^
Lamentaba el amor su dura pena.
Diez palacios había el sol dorado,
Y la luna se vid diez veces llena,
Sin que diese por tímida la boca,
Libertad á pasión que en muerte toca.
Hasta que en fin, instable la fortuna,
O la misma desgracia cautelosa,
Dispúsome ocasión tan oportuna
Que me fuera el callar sensible cosa:
No corrió con mas fuerza fuente alguna.
Cuando rompe los diques impetuosa,
Después de largo tiempo aprisionada.
Que mi alma al espresarse apasionada.
Díjela pues, del mal que adolecia
Con vivas y eficaces espresiones:
Y á la de amor continua batería
El muro se rindió de sus razones.
Conquistado el respeto en aquel dia
Unimos nuestros tiernos corazones,
«45-
Y dándonos recípi^ocos abrazos
Fueron nudos estrechos nuestros brazos.
Vigilante el amor, nuevo cuidado
En adelante puso á su belleza:
Y era tanto mayor que en lo pasado
Cuanto hasta entonces fué mas su fineza:
Igualmente oficioso que elevajio
En empeños de toda su terneza
Mis manos la servían, cuando á sus soleí»
Eran siempre mis ojos girasoles.
Desde luego su afecto me obligaba,
Y como ya otra Ddris parecía,
El obsequio futuro anticipaba
Cuando algunos presentes la servia:
Unas veces de un modo la espresaba,
Y otras de otro el amor que la tenia:
Acciones con que suelen los amantes
Obligar a sus dueños á constantes.
Luego que por abril las blandas flores
El abundoso, campo se vestia,
A ejemplo de los mas tiernos pastores
Las guirnaldas mas bellas le tejia:
246.
Pretendían acaso mis amores
Agitados á impulsos de alegría,
Que cuando al campo su hermosura fuera
La adorara la misma primavera.
El otoño conforme se asomaba,
Y sazonados frutos ofrecia.
Las primicias njas gratas le llevaba
Que el cultivado soto producía.
Parece que mi amor solo cuidaba
De ver como á su Ddris complacía,
Pues aun en tiempos menos liberales
Mis oficios se vieron siempre iguales.
Desde luego en naciendo el corderiilo
Mas hermoso y galán por sus colores^
Purificado en aguas de tomillo
Y en otros aromáticos licores,
Coronado del mas tierno ramillo,
Y salpicado bien de nuevas flores.
A sus aras llevaba en sacrificio
Del amor y la fe de su Fenicio.,
Ocasión no faltó en que mis desvelos,
Haciéndose enemigos de las aves,
247-
Cogiesen ' de sus nidos los polluelos
Que diesen á mi Ddris cantos suaves:
Industriosos acaso mis anhelos.
Pues querían tal vez que en tonos graves
Y dulces, de la miísica del alba
También hicieran á mi Ddris salva.
Así el tiempo pasaba, y sin las guerras
De zelos se gloriaban mis amores:
Tres veces el verano en nuestras tierras
Coronado salid de nuevas flores;
Y otras tantas los montes y las sierras
Lloraron dv^l invierno los rigores;
Sin que alter¿ise el mar de mis dulzuras
Ni el aire de ligeras desventuras.
Pero vino ¡oh dolor! ¡triste memoria!
Otro tiempo en que todo se perdiera,
Tiempo en que diera fin toda mi gloria,
Tiempo en que todo mal en mí se viera:
¡Oh tiempo en que el laurel de mi victoria
Secóse sin que yo lo mereciera!
jOh tiempo! ¡tiempo, en que quedo triunfi^nte
Otro, si mas fehz^ menos amante!
248*
EntdnceSj Mopso, cuando está mas viva
La llama de mi amor, cuando mas fuerte
Agita el alma^ de mi bien me priva
Cruel influjo de mi mala suerte:
Y entonces ¡ay de mí! Ddris esquiva,
Parece que en mi ausencia ve mi muerte,
Pues violando el amor y la fe pura
Mancha con otro dueño su hermosura.
Cuando perdida advierto yo su gracia,
Y el rigor á que ingrata me condena:
Y veo de mi amor la ineficacia,
Y en otros brazos la contemplo agena.
Crece tanto el dolor de mi desgracia,
Y de su ingratitud la grave pena.
Que levanto la voz de mis querellas
Hasta herir esa bóveda de estrellas.
Sí, Mopso, cuando yo su mal recuerdo^
Cual por el monte fiera embravecida,
Las plantas trozo, los peñascos muerdo, *
Procurando acabar mi amarga vida:
Me falta la razón, el juicio pierdo:
Y enferma el ahna con mortal herida^
«49-
No sé como despojo ele mi saña
No encuentro mi sepulcro en la montaña.
1; Pluguiera al cielo que de sus enojos
(Antes que de mi Ddris las estrellas
Hubiera visto dj sus negros ojos)
Me hubiesen abrazado las centellas:
Pues ahora que contemplo los despojos
Que el amor me ofreció en sus luces bellas
Tan sin remedio en otro dueño, quedo
Quedo como esplicarte* yo no puedo.
MOPSO.
Ha^^te, Fenicio amigo 5 hazte violencia
Para romper los lazos amorosos:
A tu ajruda se mira ya la ausencia
Después de largos tiempos perezosos:
Pon tu afición en otra, y la esperiencia
¡ Efectos te hará ver maravillosos:
I Estos son contra amor seguros medios,
Y de su mal los únicos remedios.
17
250.
FENICIO/
De mi pecho confieso que debiera
Arrancar su retrato soberano;
Pero helara la alegre primavera.
Floreciera el invierno triste y cano.
Ésta níiontaña abajo se viniera.
Igualando sus cumbres con el llano,
Antes que, de mi agravio satisfecho.
Sacara su retrato de mi pecho.
Tu consejo, no hay duda, atiendo grato;
Mas quererlo llevar á buen efecto
Es imposible, IMopso, y así trato
Acabar á los yerros de mi afecto:
Bruto soy en querer a un dueño ingrato;
Aunque como hombre culpo su defecto:
Mas adorando á Ddris, no disputo
Sobre si bien soy hombre, ó bien soy bruto*
251.
MOPSO.
Fuerza será dejarte en tu locura
Cuando el tirano amor te tiene ciego:
No tienes ¡ay de tí! no tienes cura,
A mi consejo opuesto, y a mi ruego:
Mas si algo te merece mi ternura
A mi cabana ven conmigo luego:
FENICIO.
Cuanto fuere tu gusto á mi alma pide;
Menos el que de Doris cruel se olvide.
Que aunque me aviente la fortuna airada
A la región ardiente, d á la fria,
Y la esperanza llore retirada
De volverla a gozar en algún dia,
En mi memoria siempre colocada
El ídolo será de la alma mia:
Así Doris verá por mis amores
El amante mas fiel de los pastores.
25«-
POETA.
La caiTOza clorada
Del inflamado intrépido Faetonte
Rodaba acelerada
Tras de las cumbres del soberbio monte.
Sepultando sus rayos carmesíes
Entre nubes de rosas y alelíes:
Cuando los dos zagales,
Dejando del desierto la aspereza,
Sus amorosos males
Cantaban por alivio á su tristeza:
Costumbre muy antigua en los pastores
En triste soledad cantar amores.
Al alvergue llegaron
Habiéndose ocultado el febeo coche
Entre las que bajaron
Oscuras sombras de la negra noche,
Y entonces cada cual se recogia
En su pajizo lecho hasta otro dia.
»53'
ÉGLOGA SEGUNDA.
LA PASTORA MAS FIEL
DE LA CABaSa,
DEDICATORIA.
Fileno, sabio pastor,
si á tí se quejo algún dia,
como sé, la Doris mia,
de que olvidaba su amor:
Oye en mi voz su dolor;
mas sin hacer de esto juicio,
pues si del triste Fenicio
llega a tí la voz confusa,
es, porque quiere mi musa
hacerte algún sacrificio.
254.
ADVERTENCIA
DEL AUTOR.
Para poner de algún modo ínter*
valo á las tristezas de la vida^ nos pro"
pusimos tres amigos el asunto de una égloga
que espresara los sentimientos de una muger
zelosa. Yo que con bastantes motivos juzga^
ha á cierta dama^ bajo el nombre de Z)o-
risj con achaques de esta pasión^ produje la
siguiente piececilla^ que viene á ser como
una respuesta de mi égloga anterior.
255-
ÉGLOGA.
POETA, DÓRIS, FILOMENA.
POETA.
Cuando en el horizonte
Apagada la luz, la noclie daba.
Para salir del monte.
Acelerados vuelos, y entonaba
Su precursora tropa tristes ecos
Sobre rudos peñascos, troncos secos:
Ddris, la zagaleja.
Encanto de los rústicos pastores.
De su casa se aleja
Llorando de Fenicio los rigores,
Sin tener de su llanto lastimoso
Mas testigo que el bosque silencioso.
A la margen se sienta
De un aiToyuelo, miísico del prado,
Y á su compás atenta.
De congojas el pecho traspasado,
El silencio rompió, dando á los vientos
Estos de su dolor tristes acentos.
DORIS.
Aquí la vez primera
Fenicio me ofreció tiernos amores;
Y aquí la vez postrera
Ha de ser de mi vida y sus rigores:
Que este lugar destina la cruel suerte
Por teatro de mi vida, y de mi muerte.
Vosotras, flores bellas.
Que de Fenicio visteis las caricias,
Y vosotras, estrellas.
Que envidiasteis acaso mis delicias,
¿No os mueve á compasión tan cruel mudanza
Que acaba con su amor y mi esperanza?
«57-
Fenicio, ya estés ahora
Ofreciendo tu afecto en los altares
De otra incauta pastora,
O ya estés entonándole cantares,
Después de haber llevado sus ovejas;
Como quiera que estés, oye mis quejas.
Si á tan mortal olvido
Habías de condenarme, ¿por qué, fiero.
Mostrándote rendido
Me ofreciste un amor tan lisonjero?
O si es verdad que entonces me querias,
¿Donde está aquel amor que me decias?
Luego ya por ingrato
Desde hoy en adelante he de tenerte,
Pues tu engañoso trato
No me dicta juzgarte de otra suerte:
Mas ¿qué satisfacción, qué recompensa
Puede ser de mi mal y de tu of^^nsa?
Si mientras ofendida
Yo te culpo de infiel, tií en otro ejnpeño
Acabas con mi vida,
¿Coma será posible, ingrato dueño,
258.
Que de mi antigua paz la dulce calma
Vuelva á la posesión de toda 'mi alma?
No, Fenicio, no es dable
Que de mi pecho arranque los rezelos,
Con que se hace implacable
La guerra cruda de continuos zelos:
Yo me siento morir., si de mis males
No se duelen los dioses celestiales.
¡Cuanto mejor me estaba
No haber correspondido á las finezas
Con que me señalaba
Otro tiempo tu amor entre bellezas!
Quizá no echara menos la alma mia
El sosiego que tuvo en algún dia.
¡Oh tiempo venturoso
Antes que yo á Fenicio conociera!
¡Tiempo! ¡tiempo dichoso
Que me veia con cara placentera,
Cuando de aquel arroyo en las orillas
Triscaba con las otras pastorcillas!
Mas hoy aprisionado
Mi desgraciado amor se llora ciego;
259-
Y en un mar alterado
Bebiendo sin cesar olas de fuego
Naufraga la razón: ¡cuanto perjuicio
El engaño me trajo de Fenicio!
¡Oh vosotras, deidades.
Que cuidáis de estos páramos sombríos^
Y de estas soledades
Dedicados tenéis los sacros rios.
Si os mueven mi dolor y mis pesares,
Sacrificio seré a vuestros altares.
Vosotras, sí, por quienes
Tantas veces Fenicio me juraba
Sus afectuosos bienes,
Mirad que vuestro honor se menoscaba,
Si de mi triste voz las grandes quejas
No mueven á piedad vuestras orejas.
Y pues que de Fenicio
Contra vos se declaran las ofensas,
Recóbrese mi juicio,
Que el ingrato tendrá las recompensas
En celestiales iras. Entretanto
Cilme el dolor, enjugúese mi llanto.
26o.
Mas ¡ay! almas deidades,
Suspended vuestro brazo vengativo;
No mis penalidades
De su desgracia sean triste motivo;
Mas antes pague yo vuestros enojos,
Y vuelvan á llorar mis turbios ojos.
POETA.
Aquí la voz doliente
Con los tiernos suspiros se embargaba;
Pero el llanto elocuente
Que en sus mejillas rojas derramaba,
Para afear de Fenicio los agravios.
Hizo las veces de sus bellos labios.
Clamorosos gemidos
Y lastimosos ayes traspasaban.
Por el aire impelidos,
Las débiles paredes que formaban
Una cercana choza en que vivia
La amiga mas discreta que tenia.
26l.
Esta era Filomena,
Con quien había otras veces conferido
La causa de su pena,
Y la que habiendo el eco conocido
De su amiga, dejo la dulce cama,
Llevada del* acento que la llama.
Presa la hallo en los lazos
De un violento desmaj^o, por el suelo:
Tómala entre sus brazos,
Y procurando darle algún consuelo,
Después que ya del éxtasi volvia,
Así con blandas voces le decía:
FILOMENA.
¿Hasta cuando* tus ojos
Dejarán de llorar, Ddris querida.
Los injustos enojos
Con que Fenicio cruel te tiene herida?
¿Hasta cuando tendrán con tus Límentos
Lúgubres quejas los sonoros vientos?
26f.
No hay hora en que con llanto
No des de tu dolor amargas señas,
Moviendo tal quebranto.
Que parece lo sienten aun las peñas:
No hay hora en que no suene tu amargura,
Sea del dia claro, ó de la noche oscura.
Si esa corriente fuera
De modo que á Fenicio caminara,
No era mucho corriera
Llevándole las rosas de tu cara:
Esperaras tal vez su afecto entonces.
Si hay lágrimas que ablanden á los bronces.
Pero si la fortuna
Descamina tu voz, y nada medras,
Tu querella inportuna
Quedará sepultada entre estas piedras.
Mientras que en otras aras tu Fenicia
Consmna de su amor el sacrificio.
DÓRIS.
Nada menos, amiga,
Que á los oidos de un pérfido me queje,
263.
Y que ruegos le diga.
Para que vuelva á mí, cuando á otra deje:
De ninguna manera, porque haría
Su dureza mayor la queja mia.
FILOMENA.
¿Luego sin esperanza
Lamentas, maltratando tu hermosura^
De que tendrá mudanza
Tu desgraciado amor, tu desventura?
íQué poco juicio ¡ay Ddris! acreditas
En tiempo que mejor lo necesitas!
^ DÓRIS.
Sin esperanza lloro,
Es cierto, de ser ya dueño absoluto
De lo que mas adoro;
Mas cuando al suelo lágrimas tributo.
Discurro ¡ay triste! que en remedios tale»
Una parte desahogo de mis males.
264.
FILOMENA*
Llora pues, Ddris mía;
Pero treguas permite á tus querellas:
Acuérdate del dia
En que dando tu sol sus luces bellas,
Alegrabas los rústicos pastores
Como el alba á los dulces ruiseñores.
Acuérdate de cuando
Despidiéndote amor doradas flechas,
Las ibas rechazando
Y caian á tus pies luego deshechas:
Victorias que te hacian en h cabana
Honores, como á Diana en la montaña.
Y acuérdate de aquellos
Alegres tiempos, cuando en la floresta,
De ramos los mas bellos.
Pasando los ardores de la siesta,
Con coronas cantábamos y pahuas
La dulce libertad de nuestras almas.
265.
DÓRIS.
Antes con la memoria
De mi pasado bien, mi mal se aumenta^
Y perdida mi gloria,
Un infierno á los ojos se presenta.
¿Quien, Filomena amiga, quien pensara
Que mi gloria en infierno se trocara?
FILOMENA.
Si de las sugestiones
Del amor en el pecho de quien ama
No triunfan las razones;
Emprendo inútil apagar tu llama;
Pero ya es hora de buscar sosiego
En nuestras dulces camas.
DÓRIS.
Vamos luego.
18
V66.
POETA.
Con amorosas quejas,
AI juntarse la noche con el día,
Las tristes zagalejas.
Por temor de la luz que la alba envía.
Se despidieron dándose un abrazo,
Poniendo para verse corto pJazo.
267.
ÉGLOGA TERCERA.
Despídese Silvio de Clori.
SILVIO, POETA.
POETA.
Viendo Silvio que Clori se ausentaba
En fuerza de los hados rigurosos,
Al pecho la estrechaba,
Y con suspiros tiernos y amorosos
Su dolor de esta suerte la espresaba,
SILVIO.
¿Te vas? ¡ay Clori! ¿conque la fortuna
Rompe los fuertes lazos
268.
De lina estrecha amistad mas que otra alguna?
¿Conque dejas por ultimo mis brazos?
¿Los dulces brazos de tu Silvio dejas?
¿Dejas mi corazón que por la beca
Repitiéndote está sus blandas quejas?
¿Te has transformado acaso en dura roca,
Que dejas á tu Silvio en triste calma
Sin su Clori? ¿sin tí? ¿sin toda su alma?
Mas ¡av! que si la estrella
De mis brazos te arranca, ¿por qué lloro
I\Iotivo3 que no das, mi Clori bella?
La estrella me arrebata el bien que adoro.
A DioB, Clori,.... ¿te vas? sí, que la suerte
Con tu ausencia procura
Procura ¡ay! sí, procura darme muerte.
Privándome de toda mi dulcía.
Y puesto que la fuerza
La incontrastable fuerza del destino
No hay brazo que la tuerza,
Anda, mi Clori, empieza tu camino»
Mas no. Clori, te aguarda:
¿Olvidará* de Silvio la ternura;
269.
Si acaso para verte el tiempo tarda?
¿Olvidarás que ha sido tu hermosura.
Tantas dichosas veces adorada,
Ea lo mejor de su alma colocada?
No lo permitas, Clori, ¡ay! ten presentes
Del corazón m is fiel tantos amores.
Que á prueba de otros muchos pretendientes.
Envidiosos pastores,
Me hicieron dueño al fin de tus favores.
Sí, Clori: que aunque ausentes
Estemos, y en las tierras mas distantes.
Yo te prometo, por aquella gloria
Que me causo el triunfar de tus amantes.
El que siempre estarás en mi memoria
En mi memoria, siempre agradecida
Al honesto recato
De tu amoroso trato;
Y muy reconocida
A la sagrada fe comprometida
Con juramentos tantos,
Que por los dioses santos
Hicimos, cuando en mas dichoso dia
270.
Yo me nombre por tuyo^ y tií por mia.
¿Lloras, mi Clori? no, no tus ojuelos,
Corriendo en tus mejillas,
Como dos arroyuelos,
Se arrebaten las tiernas florecillas.
¡Ay! véncete á mi ruego:
No eclipses de tu cielo peregrino
En cada niña un sol de blando fuego:
No llores, Ciori, sigue tu camino.
POETA.
Con estas espresiones de ternura
Silvio de su zagala se despide.
Quien con llanto esplicaba su amargura,
Que á su labio de rosa hablar impide:
Danse el postrer abrazo;
Y desunido el amoroso lazo,
Los últimos á dioses se dijeron
Con ayes tan del alma prorrumpidos,
Que las Driadas y Faunos se movieron,
Y en ecos repetidos
Desde sus hondas cuevas respr^ndieron.
ÉGLOGA CUARTA.
Llora Silüio la ausencia de Clori.
SILVIO, POETA.
POETA.
Como suele el amante pajarillo,
Para aliviar su corazón doliente.
Quejarse sobre 'algún verde arbolillo
A su consorte ausente:
El triste Silvio sin su Clori amada
Llora su desventura,
Y en el silencio de la noche oscura
De este modo su pena fué espresada.
272.
SILVIO.
La cara troco el mundo:
Y así como en la noche oscura y triste,
Un estrafío silencio el mas profundo
Respira el campo desque tu te fuiste.
Ya no alegra la luz que la alba embia,
Ni las aves canoras
Su voz desatan ya con alegría.
Tristes corren las fuentes mas sonoras,
Y aun las flores ya niegan su fragancia.
Con razón la distancia.
Que nos separa causa mis desvelos.
¡Oh si te viese ahora,
Bellísima pastora!
¡Ay! tráigante los cielos,
Que muero por la luz de tus ojuelos.
No me cabe el dolor dentro del pecho,
Serranilla graciosa,
Cuando pongo los ojos en el techo
273-
De tu mandra (i) dichosaí
Ya no se ve blanquear, como solía,
Con tantas palomitas melindrosas:
Que como echaron menos tu presencia,
Quizá á buscar se fueron su alegria.
Si estuviesen, aun creo que llorosas
Al triste Silvio hicieran compañia.
Date prisa á volver, zagala mia.
¡Ay! tráigante los cielos,
Que muero por la luz de tus ojuelos.
Tus mansas inocentes corderitas
Ni se alegran, ni buscan por el prado
Como de antes las nuevas yerbecitas.
¡Pobrecillo ¡ay! sin tí de tu ganado!
Y cuando llega la hora
Que del redil las saque su pastora,
La llaman con tristísimos balidos:
A faii grande dolor les acom]:ai1a
Coii ecos repetidos
( I. ) Mandra^ albergue pascoral. A.
274-
La lóbrega mañana.
Y desde aquel instante el mas penoso,
En que se vio la pastoril cabana
Sin tu rostro precioso,
Una noche sombria
Parece que se estiende por toda ella,
Aun cuando el sol está en el medio día.
¡Ay serranilla bellaj
¿Si volverá á este campo su alegría.
Que con ansias espera la alma mía?
¡Av! tráigante los cielos,
Que muero por la luz de tus ojuelos.
Admite, corason, algún sosiego,
Y aguarda con el tiempo la venida
Da tu Clori querida.
Que enjugará este llanto en que me anego.
Acaba de llegar, alegre día,
Y tendrás, no hay que hacer, en mi pastora
Blejor regazo que en la blanda aurora.
¡Ay, zagaleja mia!
TCuaiito tus ojos tardan
En alegrar los mios que te aguardan!
275-
¡Ay! tráigante los cielos,
Que muero por la l\íz de tm ojuelos^.
Poeta.
Calló el pastor amante,
Y la pesada noche tenebrosa
Lo retira á su mandra silenciosa
Sin que el dolor lo deje un solo instante.
376.
ÉGLOGA QUINTA.
Celebra Silvio la vuelta de Clori.
SILVIO, POETA,
POETA.
Ya de los montes el invierno cano
Retirado se habia,
Cuando Silvio volvia
A ver de Clori el rostro soberano.
De su torneada mano.
Que á la boca llevaba muchas veces
Con gratas sencilleceSj
Cariñoso la toma:
Sobre la verde yerba de una loma
La sienta, y á su lado
277-
La requiebra, cual suele en el techadd
Simple palomo á candida paloma*
SILVIO.
Bellísima serrana.
Prodigio celestial, todo bien mió,
Grata a mis ojos mas que en la mañana
Á las sedientas flores el ropo:
Pasó la noche oscura,
Que lloraba con lágrimas eternas:
El suave resplandor, las luces tiernas
De tu blanda hermosura
Disipa mi tristeza:
Igual es tu belleza
A la que tiene la rosada aurora.
Cuando, rompiendo los nocturnos velos.
Alegra los espacios de los cielos,
Y las coronas de los montes dora.
Pájaros dulces, que en pajizas camas
Gratas consortes requebráis contentos,
278.
Salid alegres á las verdes rajBas:
Desatad vuestros músicos aqeitíos,
Y esparcid en los vientos
Vuestra sonora plácida armonía,
Pues ha llegado la 7/agala mia.
Salid ya del establo, corderillos^
Que en el campo os espera
Producción olorosa de tomillos,
Que con Clori os envió la primavera.
Subid al monte, bajad á la ribera:
Dad saltos de alegría,
Pues ha llegado la zagala mia.
Amantes zaga'ejas,
Que en el fértil sembrado de amapolas
Soléis cantar á solas
De un mal pagado amor las tiernas quejas.
Vuestros amargos lloros
Conviértanse hoy en cánticos sonoros
De alegre melodía,
Pues ha llegado la zagala mia.
Templad los agradables caramillos,
Porque en lo mas sabroso de la siesta,
«79-
Miísicos pastorcillos,
Haremos nuestro baile en la floresta
A la usanza de simple serranía,
Pues ha llegado la zagala mía.
POETA.
A seguir iba Silvio; pero viendo
La carroza del sol, que iba subiendo,
Se retira á su albergue en compañia
De Clori, y observando los pastores
Sus festivos empeños,
Se dispusieron todos á porfía,
Para alcanzar favores
De sus hermosos dueños:
Y á la siesta en el campo se juntaron,
Y la vuelta de Clori celebraron.
28o.
SONETOS.
28í.
SONETO I.
Influjo del amor^ imitando el artificio del
primer soneto de Don Tomás de Iriarte.
Célebres calles de la corte indiana,
Grandes plazas, soberbios edificios,
Templos de milagrosos frontispicios.
Elevados torreones de arte ufana*
Altos palacios de la gloria humana,
Fuentes de primorosos artificios,
Chapiteles, pirámides, hospicios,
Que arguyen la grandeza americana:
¡Oh México! sin duda yo gozara
Del gusto que me brinda tu grande/a,
Si cauüa superior no lo estorbara.
De tu suelo me arranca con presteza
El suave influjo de la dulce cara
De una agraciada rústica bdkza.
19
sSa*
SONETO IL
Recuerdos tristes.
Cuando tu blarca frente yo cefíia
De yedra azul, y de encarnada rosa,
Cuando en el íértil prado, y selva umbrosa
Mil cariños muy dulces te decia:
Cuando de agreste flauta me servia
Para cantar tu cara milagrosa,
Cuando en nuestra cabana venturosa
Me nombraba por tuyo, y tú por mia:
Cuando.... mas no, no quieras, Clori amada,
Que refiera mas gustos, pues no intento
Que gima la memoria lastimada:
Iba á decirte, que en aquel momento
Que recuerdo la vida ya pasada,
Ne sé como no muero de tormento.
é83.
SONETO III.
A Clorila en tres meses de ausencia.
Tres casas visito, Clorila hermosa,
El sol dorado desde el triste dia
Que á mis ojos robaron su alegria
Con privarlos de ver tu luz preciosa.
Desde entonces ¡ay triste! no hallo cosa
Que no sea de dolor al alma mia,
y los males parece que á porfía
Me disponen la vida mas penosa.
Mas si del)en hallar correspondencia,
Cuando los tiempos entren en bonanza,
Los males rigurosos de la ausencia.
Consuélame, Clorila, la esperanza
De que tu dulce y celestial presencia
Sanará mis dolencias sin tardanza.
284.
SONETO IV,
El deseo.
Con alas vuelo de íiimortal deseo
Al campo de mi grata pastorcilla:
Flores ln hallo cojieiido acia la orilla
De una ñieníe que es todo su recreo:
En su falda las echa; yo la veo
Cortar de verde sauce una ramilla,
Y con nardo, violeta, y maravilla.
Una guirnalda trenza con aseo.
Cuando en sus hebras de oro la ponia,
Los pájaros cantaron dulcemente,
Juagando que era la alba que salia:
Esto cantaba Silvio estando ausente,
Y ansioso de la alegre compañía
De Clorilaj á quien ama tiernamente*
285.
SONETO V.
jS/ sueño en el dia de Clori.
Estando ausente de mi Clori amada,
Y llegado que fué su alegre dia.
Púsome en su sabrosa compañía
Dormido, la visión mas regalada.
En mi amoroso pecho reclinada,
Los requiebros mas dulces le decia:
Eila con blanda voz me respondía
En su labio de rosa embalsamada.
1
Parecíame mirarla con los ojos:
Mas tocado de envidia el dios Morfeo,
Tuvo zelos, no hay dudí, y diome enojos:
. Y d^l csíasi, Qorij en que te veo^
Vuelvo ¡ay triste! llaranda los despojos
Con que el sueño engañaba á mi deseo.
286.
SONETO VI.
El ruego amoroso.
Acaba de llegar, zagala mía,
Al delicioso campo, do te espera
El blando resplandor, la luz primera
Del muy risueño, del reciente dia.
¡Si llegases ahora! ¡qué alegría
*Por todo el ancho valle se esparciera!
Con frescas rosas la alma primavera
Tus sienes al instante ceñiría.
Cantárate de amor requiebros suaves,
Con cántico mas dulce que á la aurora
El coro alegre de las dulces aves....
Qué ¿no llegas, bellísima pastora?
Acaba de aliviar las penas graves
Del triste Silvio que tu ausencia llora.
SONETO VIL
Resolución del amor.
En el funesto potro de una cama,
Que el impulso del mal labro violento:
A las sangrientas manos del tormento,
O la muerte, 6 la vida un triste llama:
Los que escuchan las voces con que esclama,
A delirio atribuyen su lamento;
Mas yo que á semejanza suya siento,
Tengo por bien el mal que ansioso clama.
Pues aunque el fin mortal le atemoriza.
No logrando descanso, mira cierto
Que en su dolor la muerte se eterniza:
Así mi corazón del fin incierto.
Cuando enfermo de amor triste agoniza,
De una vez quiere ser, d vivo, d muerto.
288.
SONETO VIIL
La separación de Clorila.
Luego que de la noche el negro velo
Por la espaciosa selva se ha esíendido,
Parece que de luto se han vestido
Las bellas flores del ameno suelo.
Callan las aves, y con tardo vuelo
Cada cual se retira al dulce nido:
¡Qué silencio en el valle se ha esparcido!
Todo suscita un triste desconsuelo.
Solo del Buho se oye el ronco acento.
De la Lechuza el eco quebrantado,
Y el medroso ladrar del Can hambriento.
Queda el mundo en tristeza sepultado,
Como mi corazón, en el momento
Que se aparta Clorila de mi lado.
tSg.
SONETO IX.
La triste ausencia.
Su manto recogió la noche oscura
Que cobijaha al mundo tristemente,
Y abriéndose las puertas del oriente
Se asoma á su balcón la aurora pura.
De la fresca arboleda en la espesura
Los zéfiros susurran blandamente:
Desata el arroyuelo su corriente,
y por márgenes verdes se apresura:
Sus fragancias respiran flores suaves,
Y llenando los vientos de armonía
Requiebros trinan las parleras aves:
Todo el mundo se llena de alcgria:
Menos yo^ que en mis penas siempre graves,
Ausente estoy de la zagala mia.
5go.
SONETO X.
A la vuelta d$ Clori*
Ya vuelve la deseada primavera
En alas de los blandos zefirillos
Y el coro de los dulces pajarillo3
Con su voz la saluda lisonjera.
Del abundoso rio la ribera
Atrae con el olor de sus tomillos
A los simples y mansos corderillos
Que fatigan del monte la ladera.
Su zampona el pastor ya templa ufano
Para cantar amores con terneza
A su zagala por el verde llano.
Se alegra la común naturaleza
Cuando vuelve la ninfa del verano,
Como yo cuando vuelve tu belleza.
agí.
SONETO XL
A Clori en el campo*
A dd quiera que vuelve el rostro hermoso^
El rostro celestial la Clori mia,
Esparce con sus ojos la alegría:
Tal es de alegre su mirar gracioso.
Un caos parecíame tenebroso
El campo, cuando á verme aun no salía;
Mas después que asomo su claro día,
Me parece un oriente luminoso.
¡Ay! mírame, zagala; y tus ojuelos,
Con cuyas blandas luces resplandeces.
No los cubra la ausencia con sus velos:
jAy! mírame otra vez, y otras mil veces,
Que el sol no es tan alegre por los cielos.
Como tií por los campos me pareces.
392.
SONETO XII.
Las trampas de la cautela.
Con siis pintadas alas rasga el viento
De libertad gozando un pajarillo,
Y cantando desde un verde arbolillo
Participa á los prados su contento:
Pero apenas desata el dulce acento,
1 el agradable son de su piquillo,
Cuando el mas cauteloso pastorcillo
Mil redes le dispone aquel momento.
A cautiverio duro reducido,
Melancólico, triste, y pesaroso.
En lá2[rimas su canto ha convertido:
¡Ah paj arillo incauto! riguroso
Es tu estado infeliz, porque has caido
Como yo, en la red del cauteloso.
293-
SONETO XIII.
De agradecimiento.
'"No necesitas, no, niña preciosa,
De tu garbo, donaire y gentileza:
Para ser estimada con presteza,
Eres á mas de linda, muy graciosa.
Estando en la ciudad mas populosa,
Cual viajante, cfae yerra en la maleza,
Mereció mi carino tu terneza:
¿Puede darse entre dichas mayor cosa?
Mil gracias te repito cada dia,
En la noche, en la tarde, en la mañana,
Recorriendo tu amor y gallardia:
Y a pesar de la ausencia mas tirana,
Un altar te levanto en la alma mia.
Donde adoro tu imagen soberana.
294*
SONETO XIV.
De la hermosura.
Mira esa rosa, Lisi, en la mañana
Con las perlas del alba enriquecida,
Y en trono de esmeraldas, tan erguida
Que parece del campo soberana.
No tarda, aunque la miras tan ufana,
En verse por los vientos sacudida,
Y advertirás entonces convertida
En mustia palidez su hermosa grana.
No de otra suerte, Lisi, tu belleza,
Cual si de eterna fuese su esperanza,
Te adorna de gallarda gentileza;
Pero vendrá la muerte sin tardanza,
Y marchito el verdor de su entereza,
Del trono la hará caer de la privanza.
^95-
SONETO XV.
De la juventud.
¿No ves ese clavel ya deshojado,
Por la crueldad del cierzo enfurecido:
Tan muerto, que parece euLernecido
Las exequias le canta triste el prado?
Pues ayer se ostento tan encarnado^
Tan fragante, tan verde, tan lucido,
Que entre el vistoso ejército florido,
Por galán de la selva fué estimado.
Así será tu muerte lastimosa,
Y no tarde tampoco; aunque reflejo.
Que presumes de una alma muy fogosa,
¡Pronostico fatal! mas te aconsejo,
En premio del retrato de la rosa,
Que este clavel te pongas por espejo.
296.
SONETO XVI.
Clori á Lisu
¿Para qué, bella Lisi, el triste caso
De la parca fatal tu musa entona,
Si con lúgubres metros me ocasiona
Recuerdos de mí mona en el ocaso?
No llores, Lisi; mas si el llanto acaso
De justicia se debe á su persona,
Lloremos ambas mi difunta niona^
Llevándola con versos al parnaso.
Mientras vivid ¡memoria lastimera!
Nos halagaba, acaso agradecida.
Si no á nosotras, al durazno d pera:
Y al hacernos su eterna despedida.
Nos recordó en su escena postrimera,
Lo que somos ¡ay Lisi! en esta vida.
297-
SONETO XVII.
Contra el amor común.
Tienes una alma, Gil, tan afectuosa,
Que con el ciego dios hace pareja,
Ni hace gesto á la moza, ni á la vieja,
Quiere tanto á la fea, como á Ta hermosa.
¡Dichosa ella mil veces! sí, dichosa,
Que entre buenas y malas se festeja,
Conforme con el uso de la abeja,
Que no hace entre las flores otra cosa,
Pero cuidado, Gil, que si examina»
Tus vuelos á los suyos inferiores,
Acíjiso temerás funestas ruinas:
Que en el campo común de los aínore^
Como también hay flores con espinas,
Puedes llorar picado entre las flores.
2Q
298.
SONETO XVIIL
Á Fileno.
Cuando por una estrella venturosa
Juntado el cielo santo nos habia>
Viviainos en acorde cornpañia
En esa para mí ciudad dichosa;
Mas después que la suerte rigurosa
A esta corte de México me envia,
Ya parece que pierde su armonia
Nuestra amistad sagrada y deliciosa.
Debieras ser^ Fileno, mas amante,
Y con franco papel estar conmigo,
Como yo estoy contigo, aunque distante.
¿Te ofendo, mi Fileno, en lo que digo?
Pues prometo la enmienda en el instante
Que escribas con mas ganas á tu amigo.
índice
'í' DE LAS poesías CONTENIDAS
j.» EN ESTE TOMO.
traducción de una sentencia de pag.
Owen
En la remisión de estas poesias á C««i.
Fabio .<..^
Prólogo ingenuo 6.
LAS FLORES DE CLO RILA.
prólogo.. 7
Oda primera 8
Oda segunda 1 1
Oda tercera 13
Oda cuarta 14
)da quinta 17
ida sesta.... 18
Oda séptima 20.
Oda octava • si.
Oda nona 2 2,
Oda décima 23.
Oda undécima ! 2 4«
Oda duodécirqa.—.. 25.
Oda décimatercia 26.
Oda décimacuarta.. 27.
Oda décimaquinta 29.
Oda décimasesta ,. 30,
LA INOCENCIA 4
Dedicatoria.... • 33.
Oda primera. Introducción 37.
Oda segunda. La zagaleja r*v 39*
Oda tercera. La simplicidad rvAMfhcj ^^*
Oda cuarta. La corderita .•..••••-•.! 44»
Oda quinta. El premio 46*
Oda sesta. La tortolita 50.
Oda séptima. El hijo de Venus.. 52^
Oda octava# La fuentecilla.....^.........y 56,
IIL
Oda nona. La Venus de Chipre 58.
Oda décima. Conclusión 61.
LA MÚSICA DE CELIA.
Oda primera » 66
Oda segunda. 67
Oda tercera 69
Oda cuarta 71
Oda quinta.... 4. 73
Oda sesta 75
Oda séptima 76
Oda octava 78
Oda nona * ' 80
Oda décima 82
Oda undécima ;* 84
LA POLLITA DE CLORL
Oda primera 86.
Oda segunda 87.
Oda tercera , 88.
' IV.
Oda cuarta 89
Oda quinta 90
Oda sesta 91
Oda séptima 92
Oda octava 93
Oda nona 94
Oda décima 96
Oda midécima 97
TRADUCCIÓN DE UNOS VERSOS
DE ANGELO POLICIANO.
Oda primera 100.
Oda segunda 102.
Oda tercera 1 03.
Oda cuarta 105.
Oda quinta loy*
ODJS A DIVERSOS ASUNTOS.
Oda primera. De Dorofila 109.
Oda segunda. De la misma iix*
V- '
Oda tercera. El triunfo del amor 115*
Oda cuarta. J Fileno iiy*
Oda quinta. A una inconstancia 120.
Oda scsta. A List cantando 122.
Oda séptima. A Cíenla^ con unas f ra-
titas de pas4a 123.
Oda octava. A unos cabellos de Celia.. 125.
Oda nona. En celebridad de unos días, 126.
Oda décima. El di a de Clara 128.
Oda duodécima. /í Clori en el helio... 130*
Oda décimatercia. El Verano 133.
Oda décimacuarta. El Estío 135.
Oda décimaquinta. El Otoño 136.
Oda déciniascsta. El Invierno 139.
Letrilla. A los canariios de Lisi i4i-
Letrilla. A Lesbia i43»
TRES JUQÜETILLOS A CLORILA.
Juguetillo primero i44-
Juguctillo segundo , i45*
Juguetillo tercero 147.
Certamen sobre un limón i4g.
Varios versos boleros 152*
Cuartetas. Retrato de Celia 164.
Romance. Carta amorosa 169.
Romance. A los dias de un amigo.... 175.
Despedida 177.
Décimas. A Filis en el campo 180.
Décimas. En la destrucción de unos
papeles amatorios i84. 1
Décimas. A una Señorita que cogió la
mania de pedir versos al autor 188.
Décimas. Ai mi corazón 190.
Décima. AÍ Lisi por el fuego que le
salió á la boca 192.
Décima. A unos ojos ic^.
Décima. En una ausencia ^9^* v
Décimas. El amor Carmelita .*..... 195.
Quintillas. Duda amorosa 197.
Endechas reales. A un canarito de Ce-
lia 199.
TIL
DOS TRADUCCIONES DE UNOS VERSOS
DE GALO.
Primera ♦.... 202,
Segunda 104.
Epigrama. Del Amor arando. Tradu-^
cido del idioma griego al latino^ y
de este al castellano 206,
Paráfrasis del mismo Epigrama 208.
A Clori con una calandrita 200.
A Clori con unos pichoncitos 211.
Clori ^ y Silvio comiendo duraznos 212.
Romance endecasílabo. A los ojos de
Clori 213.
Romance endecasílabo. En la muerte
de un Lorito 215.
La mañana 219.
Sumo alegórico. Canto en Octavas 225.
Idilio. L(i Zagala en el bosque 228.
VIIL
ÉGLOGAS.
Égloga primera. El amante mas fiel
de los pastores 303,
Égloga segunda. La pastora mas fiel de
la cabana 253.
Égloga tercera. Despídese Silvio de Cío-
ri 267.
Égloga cuarta. Llora Silvio la ausen-
cia de Clori 271.
Égloga quinta. Celebra Silvio la vueU
ta de Clori 276.
SONETOS.
Soneto primero. Influjo del amor^ imi-
tando el artificio del primer soneto
de Don Tomás de Iriarte 281^
Soneto segundo. Recuerdos tristes 282.
Soneto tercero. A Clorila en tres meses
de ausencia 583.
Soneto cuarto. Bl deseo '284.
IX.
Soneto quinto. El sueño en el dia de
Clori 285.
Soneto sesto. El ruego amoroso 286.
Soneto séptimo. Resolución del amor... 287.
Soneto octavo. La separación de Cío-
rila 288»
Soneto nono. La triste ausencia 289.
Soneto décimo. A la vuelta de Clori... 290.
Soneto undécimo. A Clori en el cam-
po • 291.
Soneto duodécimo. Las trampas de la
cautela 292.
Soneto decimotercio. De agradecimiento. 2c^^.
Soneto decimocuarto. De la hermosura. 294.
Soneto decimoquinto. De la juventud. 294.
Soneto décimosesto; Clori á Lisi 296.
Soneto decimoséptimo. Contra el amor
común 297.
Soneto décimooctavo. A Fileno 298.
FIN DELf TOMO PRIMERO.
ERRATAS
DE ESTE TOMO.
Pd^. Lín. Dice. Debe decir.
tK/Sávis/%/\tf%/^^ ^/%/%*%/%^^\/y^t
33 i^ daban á se daban en
203 8 ungido... urgido.
2Í0TA.
En la fdg, /jo. debiéndose poner Oda ija se
puso Oda /2^ por lo cual, esta y las cuatro que
siguen, Icanse con un número menos del que re-
presentan.
I
I
i
\y\%^(ép%\^ V, 1
I
jr^
:*:
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T>
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1í : :